Las nuevas rutas para salir de Cuba


Featured Video Play Icon

A un año de cancelada la política que aceptaba a los cubanos en Estados Unidos, los migrantes inventan rutas para salir de la isla.

Vea también:

Hasta hace un año el itinerario de los migrantes cubanos parecía un río extenso y caudaloso pero el 12 de enero de 2017 un acuerdo fragmentó aquella corriente en cien arroyos: Barack Obama acordó con Raúl Castro cancelar el criterio de humedad que regulaba la entrada cubana a Estados Unidos. No más pies secos ni mojados.

En 2016, con la intuición del final, más de cuarenta mil cubanos mostraron sus pies secos en la frontera de México. Al año siguiente, tras la nueva política migratoria, se redujeron a quince mil.

El final de la denominada “política de pies secos, pies mojados”, establecida en 1995 por Bill Clinton, engendró la noción de pies enfangados. Los cubanos van por derroteros increíbles.

A Chile se llega por Guyana

“Se montaron en la camioneta unas siete personas llenas de polvo”, dice una doctora en Pedagogía de unos treinta años que no quiere publicar su nombre en una carta a la que accedió Tremenda Nota. Le escribió a un amigo que se quedó en Santa Clara: “una mujer me dijo: ¿eres cubana? Y solo asentí con la cabeza y miré para el otro lado. Ese fue el momento justo en que comprendí que aquello era tráfico de personas.” Eso le sucedió en Lethem, en la frontera entre Guyana y Brasil. Georgetown, la capital guyanesa, es la última puerta para los cubanos en Sudamérica, el único aeropuerto continental que los admite sin reclamar visa.

“Todo el tiempo pensé ‘ahora nos matan, tendremos que correr, estás loca’” continúa la pedagoga en la carta. Dice que siempre le interesó Uruguay, un país caro pero con calidad de vida. Que quería un sitio donde hablaran español para retomar su carrera de profesora. Cruzó la selva guyanesa porque el consulado uruguayo le negó una visa de turista en La Habana.

Amaury Santos, un veinteañero desempleado, bailarín folclórico, usó la ruta de Georgetown para irse a Concepción, Chile, a la a casa de una amiga: “Lo más difícil del camino fueron las montañas de Bolivia” recuerda. Amaury ya consiguió empleo en un restaurante.

Los cubanos se han esparcido por todas partes. En el diario El País de Uruguay, estudiaron el fenómeno: cuatro de cada diez cubanos que consiguieron la residencia en los últimos dos años en el país charrúa, son profesionales. No se quedan solo en Montevideo, pueblos como Santa Rosa, con menos de cuatro mil habitantes, acogieron unos 220 cubanos durante 2017.

En Chile se han producido disturbios en la localidad de Tarapacá, en la frontera con Bolivia. Desde febrero de 2017, con el fin de “pies secos pies mojados”, solicitaron el ingreso más de 350 viajeros procedentes de Cuba. El 13 de octubre último 74 migrantes cubanos intentaron entrar sin visa y se toparon con los carabineros.

A Amsterdam se llega por Moscú

Dos cubanos de Camajuaní y Yaguajay, José Miguel y Ana Estela, beben chocolate y fuman marihuana a ratos, si un amigo convida, en un coffee shop de Amsterdam. Tienen menos de 30. Viven en Dronten, un campamento de refugiados.

En febrero de 2017 muchos cubanos llegaron a Holanda. Ese mes hubo seis solicitantes de asilo. Para noviembre, 57. José Miguel y Ana Estela aseguran que muchos son gays, lesbianas, transgéneros. Ninguno, ninguna, quiere hablar con la prensa. Comparten la prudencia y el itinerario: la ida es un pasaje a Moscú, el principal destino europeo que no demanda visa a los cubanos, luego sigue bajar en Holanda y pedir asilo en el aeropuerto de Schiphol, en Amsterdam.

“No queremos represalias contra nuestras familias”, se excusa José Miguel para no decir su nombre. Con un abrigo de mujer, el gorro y los puños de astracán, José Miguel apura un trago de chocolate antes de explicar por qué tanta gente LGBTI sale de Cuba para Moscú y desembarcan en Amsterdam: “Se ha corrido el rumor por La Habana que los holandeses apoyan a los homosexuales. Y hasta en provincias nos hemos enterado”.

“Se exagera un poco en la entrevista para pedir asilo”, explica Ana Estela, “pero en estos casos, mientes si hace falta. La clave es aprenderte bien lo que cuentas, para repetirlo siempre”.

Casi ninguno consigue demostrar persecución en Cuba por orientación sexual o identidad de género. Las discriminaciones estructurales ejercidas en Cuba contra las minorías sexuales carecen del dramatismo que podría conquistar a las autoridades holandesas.

José Miguel y Ana Estela saben que les negarán el asilo. Un par de semanas después de la charla en el coffee shop dejaron Dronten y se marcharon a España. Viven ilegales en la costa del Mediterráneo, van de Valencia a Murcia.

Aleida González Hernández, una morena de cincuenta años, viajó engañada a Moscú, “estafada” dice ella, y supo que tenía alguna oportunidad en Amsterdam por casualidad, ahí mismo, en un corredor del aeropuerto de Schiphol. Se la ve debilitada, frágil. Le vendieron que Holanda era un lugar ideal para ser lesbiana.

“En Rusia no hay oportunidad de legalizarse ni de trabajar y es mentira que uno pueda llegar a Estados Unidos desde allí”. Mevrouw González, como la llamaban en Holanda (Mevrouw significa “Señora” en holandés), volvió a Cuba “cansada de estar muda y sola” en el campamento de refugiados de Heerhugowaard.

Para migrar a Europa, los cubanos más solventes no tienen que irse a Rusia. Prefieren entrar desde el principio al espacio Schengen y escoger dónde quedarse. Hay un modo de hacerlo: comprar un paquete turístico, un viaje en crucero por Italia que oferta la empresa estatal Havanatur desde 2014.

Así lo hizo Roberto García Gordillo, vecino de Aleida: “era mi sueño de toda la vida, pero tuve problemas con mi novio, me quedé solo en Italia y pasé mucho trabajo”. Migrar con el pretexto de un tour por Italia incluye la ventaja de una visa Schengen, gestionada con la embajada italiana por las empresas a cargo del paquete.

En una casa de Pueblo Nuevo, un barrio de Sagua la Grande, Mevrouw González confiesa que su itinerario hacia Amsterdam transcurrió a la inversa: “pedí asilo al regreso, decepcionada de Rusia y de los cubanos allí”.

Estaba Aleida en Heerhugowaard, sin echar de menos Moscú, mientras Hanoi Llorca y Yenifer Graverán pasaban meses en el aeropuerto de Sheremétievo. Ahí vivían, varados desde noviembre de 2016. Ahí vivieron, entre la terminal y un refugio, hasta octubre de 2017. Esta saga agotó todos los extremos que viven los cubanos en Rusia, donde solo disponen de un mes de estancia.

“Mis orichas caminaron conmigo medio mundo”, evoca Mevrouw González, practicante de la santería cubana, hija de Obatalá. “Iban en una bolsa, como al garete, y recogieron tierra de Moscú, de Amsterdam, de los campamentos de refugiados. Ahora son más fuertes. Tanto, que me trajeron a La Habana”.

Con sus propios pies, falta decir, ni secos ni mojados. Pies enfangados.

Tags:

Maykel González Vivero

Maykel González Vivero

Periodista y activista LGBTI. Tuvo un blog mientras se lo permitieron y se llamaba El Nictálope, porque siempre ha presumido de ver bien, como algún animal de la noche. Echa de menos la radio y el insomnio que le favorecía antes para escribir. Ahora escribe cuando puede, donde puede colaborando con varios medios cubanos y extranjeros.

Haz un comentario