El género neutro: cómo y cuándo usarlo


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A mí no me gusta el llamado lenguaje inclusivo. Y uso las palabras deliberadamente: no me gusta. Es una cuestión personal, no de «estar o no de acuerdo». A nadie le corresponde estar o no de acuerdo con la manera en que otros se sirvan del lenguaje. Y eso incluye a la Real Academia Española (RAE), que se ha opuesto, en los términos más tajantes, al uso del lenguaje inclusivo, con la autoridad que le viene… pues de sí misma. Y de la Corona, claro.

Ahora bien, además de los señores de la RAE, otros lingüistas se han pronunciado sobre el lenguaje inclusivo, ya sea para defenderlo o, más a menudo, para atacarlo. Yo no voy a hacer ninguna de las dos cosas. Mi objetivo es otro.

Como he visto que en su esfuerzo por normalizar el lenguaje inclusivo muchos de sus usuarios lo han estado desplegando de forma caótica, y como recientemente me he lanzado en una misión civilizadora de educar al gran público en el funcionamiento del lenguaje humano desde mi posición de lingüista —y no, como hacen otros, de enseñarle a la gente a «expresarse correctamente»—, voy a abordar el tema del lenguaje inclusivo desde la misma óptica.  

Mi objetivo es, entonces, explicar qué es el género en las lenguas y cómo puede funcionar un género neutro en el español como forma de lenguaje inclusivo. Mi aspiración es que este texto sirva para ordenar el caos y proponer una norma coherente.

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Qué es el género gramatical y cómo funciona

El género gramatical —que ese es su nombre completo— es una categoría que existe en muchas lenguas humanas. ¿Para qué? Bueno, porque es una forma de organización del léxico: las palabras, específicamente los sustantivos, se agrupan en clases según su género gramatical.

Género no significa sexo y el género gramatical tiene muy poco o nada que ver con las diferencias socioculturales motivadas por el sexo de las personas. Género significa ‘tipo o clase de cosas’, como en género musical o género literario

El español es bastante pobre en lo que respecta al género: solamente dos, masculino y femenino, o tres si contamos el género neutro de algunos pronombres como eso o aquello. Otras lenguas tienen muchos más. Ahora pienso en el kiwunjo, una lengua hablada en Tanzania, que tiene dieciséis géneros gramaticales y ninguno es femenino o masculino; tiene géneros como ‘animado’ o ‘inanimado’, ‘humano’, ‘herramienta’, ‘objeto alargado’, ‘objetos que vienen en grupos’… Otras lenguas como el inglés no tienen género gramatical.

Hay dos cosas que pasan en una lengua que, como el español, tiene género gramatical. La primera es lo que llamamos la flexión: las palabras reciben una marca al final para reflejar el género al que pertenecen. Así, tenemos en español mesa, maestro, libro, ventana.

Muchas palabras como mesa, libro y ventana tienen un género gramatical, pero solo uno, es decir, son invariables. No se les puede cambiar el final sin destruir la palabra. A libro puedo ponerle una a y eso me da libra, que es otra palabra, no el femenino de libro. Pero muchas otras son variables, admiten ambos géneros, como maestro y maestra.

El segundo aspecto a valorar en una lengua con género es la concordancia. Las palabras que acompañan al sustantivo concuerdan con él en género, es decir, toman el mismo género. Por eso decimos un libro bueno y la linda casa, y no *una libro buena ni *el lindo casa. La concordancia afecta tanto a los adjetivos (bueno y lindo), como a los determinantes (un, el, una, la, muchos, algunas, todos…).

Parece entonces que estamos condenados, al menos en español, a «encerrar» las cosas y a las personas en uno u otro género. Para más inri, el género por defecto y el que hace función de neutro en la mayoría de los casos es el masculino. Es lo que se llama género no marcado. En cambio, el femenino es el género marcado en español; esto significa que es el más específico o «atípico». Gato es cualquiera, gata solo la hembra.

El movimiento feminista y no-cis ha interpretado esto como un reflejo del patriarcado que hace del español una lengua machista. Debatible, pero nos vamos del tema. El objetivo del lenguaje inclusivo sería precisamente desmontar este machismo lingüístico quitándole al género masculino su papel generalizador, y visibilizar realidades genéricas que no caben en la oposición binaria masculino/femenino. Una intención noble donde las haya.

Es necesario aclarar que el lenguaje inclusivo no puede ser la desaparición del género gramatical. Eso es un cambio más que sustancial en una lengua, y no está en manos de nadie efectuarlo a propósito. En honor a la verdad, el género gramatical crea más problemas de los que resuelve, pero hay una razón por la cual no ha desaparecido: la lengua y los hablantes somos sumamente conservadores.

Nos guste o no, todos los sustantivos en español tienen un género. Hay quien trata de ser inclusivo escribiendo x o @ donde iría la vocal del género (niñ@s, amigxs). Esto está muy bien para la escritura, pero nadie me ha dicho nunca cómo se supone que se lea ni cómo lo uso cuando estoy hablando. Imagino que será niños y/o niñas o amigos y/o amigas, pero ya sabemos el efecto que provoca el uso a ultranza de esta duplicación de las palabras.

El lenguaje inclusivo debe introducir o revitalizar un nuevo género gramatical: el género neutro, que según la tendencia imperante se marca con la e. Yo habría preferido la i, pero repito, es una cuestión de gusto.

¿Qué sería este género neutro? Pues se presenta como una opción no binaria para cuando no se puede o no se quiere especificar un género masculino o femenino, o para hacer referencia a personas cuya identidad de género no se puede describir en términos de masculino o femenino.

Hay una idea importante que todo lingüista aprende en primer año: la lengua es un sistema. Esto significa que sus partes están interconectadas y que no se puede afectar una sin afectar otras. Para el género gramatical, esto significa que es necesario atender a la flexión (la terminación de los sustantivos), pero también a la concordancia (las otras palabras que vienen con el sustantivo).

Cómo y cuándo usar el género neutro

He decidido presentar esta parte como una serie de preguntas, que guían el razonamiento para decidir si se usa o no el género neutro en una situación determinada. Esto aparece resumido en un «cómodo» diagrama que pueden encontrar al final.

Es evidente que el género neutro se aplica solo a las palabras variables, es decir, a esas que admiten el cambio de género sin que se destruyan. Tendremos así maestra, maestro y maestre, pero no mesa, *meso y *mese (ni libro, *libra y *libre).

El género neutro es entonces lo que podríamos llamar un género gramatical ad hoc, facticio, eventual; un género gramatical cuya función es resolver problemas específicos de la comunicación y no organizar el léxico como los otros. Dicho de otro modo, no hay palabras (de momento) cuyo género gramatical «nativo» sea el neutro, a excepción, quizás, de algunos pronombres como algo, alguien o quien.

Visto lo anterior, ahora sí podemos empezar…

Pregunta 1: ¿La palabra variable en cuestión refiere a un humano o no?

Si no refiere a un humano, como mesa o libro, va en femenino o masculino, según corresponda. Si refiere a un humano, pasamos a la siguiente pregunta.

Pregunta 2: ¿Se trata de un individuo o de un grupo de humanos?

Si se trata de un grupo de humanos, pasamos directamente a la pregunta 5. Si es un individuo:

Pregunta 3: ¿Se trata de un individuo específico, conocido ya por los hablantes, o de un individuo abstracto o desconocido?

Si se trata de un individuo abstracto o desconocido (un maestro debe ser honrado), puede usarse el género neutro.

Si se trata de un individuo específico (la jefa de mi papá, el maestro de mi hija), pasamos a la siguiente pregunta.

Pregunta 4: ¿Se trata de un individuo que se identifica como de género binario o no binario?

Si se identifica como de género binario, femenino o masculino según corresponda.

Si se identifica como de género no binario, puede usarse el género neutro.

Si no sabemos cómo se identifica, da igual. Ya nos rectificarán.

Pregunta 5: Si, en lugar de un individuo, se trata de un grupo de humanos, ¿el sustantivo es singular o plural?

Si es un sustantivo grupal singular (como gente, claustro, multitud), femenino o masculino según corresponda. Suelen ser invariables.

Si es un sustantivo en plural (los niños, las niñas), pasamos a la siguiente pregunta.

Pregunta 6: ¿Se refiere a un grupo específico cuya composición de género se conoce?

Si se trata de un grupo de género binario homogéneo (todos hombres o todas mujeres), femenino o masculino según corresponda.

Si se trata de un grupo mixto o de personas de género no binario, puede usarse el género neutro.

Pregunta 7: ¿Se trata de un grupo abstracto o cuya composición de género se desconoce (los niños nacen para ser felices)? 

Puede usarse el neutro.

género neutro

En resumen, el género neutro puede usarse para individuos de género no binario, o para individuos y grupos en plural a los que se hace referencia en abstracto, o cuya composición genérica es mixta o se desconoce.

Hay que insistir en la concordancia. En español, la concordancia en género y número del adjetivo y/o determinante con el sustantivo no es opcional, ni siquiera en los casos en que el sustantivo es invariable, como estudiante

Así que, amigue lectore, si vas a usar el género neutro, úsalo para las tres palabras: hay muches niñes buenes, les verdaderes maestres; y no solo para el sustantivo. Coherencia es la palabra de orden. 

La concordancia en género neutro también se puede aplicar para los pronombres indefinidos, como alguien o algún, y decir algunes no están contentes con la decisión o si alguien está dispueste, que lo diga.

En ocasiones, no se trata de un sustantivo, sino de adjetivos que aparecen «solos», como cuando decimos ella es cubana o ellos son felices. El proceso es el mismo.

Aquí surge la cuestión de los pronombres personales. No sé cómo pretende resolverse eso. Ahora mismo, se me ocurren elles y nosotres, pero ignoro cómo funcionaría para el singular. El inglés, por ejemplo, resuelve con el they singular (criticadísimo también, como si no se usara, al menos, desde el siglo XIV), pero el español no tiene eso. Ya puestos, podrían inventar un pronombre nuevo.

Otro problema surge con los pronombres de objeto directo, como en yo lo. Si somos coherentes, hay que decir también yo lo vi / la vi / le vi por la calle

Sin duda, habrá otros casos particulares que quedarán a discreción del hablante, pero creo que esta guía resuelve las cuestiones de uso general.

No quisiera concluir sin mencionar las diferencias que he notado en el uso de esta forma de lenguaje inclusivo, en lo que respecta a su finalidad. Aunque es innegable que muchas personas lo usan para ser verdaderamente inclusivas, otras se sirven de él como tarjeta de presentación, como distintivo para proclamar: «¡Miren qué inclusivo soy!», para identificarse como miembro del grupo. Puede que sea cinismo de mi parte, pero es la impresión que me he llevado en algunas ocasiones.

Aunque el lenguaje tiene indiscutiblemente una función identitaria —la forma de hablar nos identifica como pertenecientes a determinado grupo—, es triste que esta función sobrepase o neutralice el propósito humano del lenguaje inclusivo y que el «vedetismo» lingüístico envenene el proyecto de justicia social del cual el lenguaje inclusivo es solamente una parte, ni siquiera la más importante.

Termino como empecé. No me gusta el lenguaje inclusivo, no me gusta el género neutro, no me gusta la e. Pero quienes los usan están tratando de lograr algo que sí me interesa ver. Así que les ayudo.

* Lingüista y profesor de lingüística general en la Universidad de La Habana.Productor del pódcast «Para Darle a la Lengua» y autor del blog homónimo

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Comments (4)

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    Negracubana

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    Gracias por el texto. Muy instructivo

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    Maikel Arista-Salado

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    A mi no me gusta le llamade lenguaaje inclusive. Y uso les palabres deliberadamente: no me gusta. Es une cuestión personal, no de “estar o no de acuerdo”. A nadie le corresponde estar o no de acuerdo con le manere en que otres se sirven del lenguaje. Y eso incluye a le Real Academie Espanole (RAE), que se ha opuesto, en les termines mas tajantes, a l’use de l’enguaje inclusive, con l’autoridad que le viene… pues de si misme. Y de le Corone, clare.

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    Luis Luque

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    El autor cede a la subjetividad lo que corresponde a lo objetivo. Para él, si a alguien externamente identificable con un género, se apela según este y no según aquel al que pretende pertenecer, él no se lía: “ya nos rectificarán”. O sea, que el acto comunicacional queda a merced de lo subjetivo y puede sufrir cuantas interrupciones y “correcciones” haya que hacer para contentar a uno de los interlocutores, pasando por encima de la realidad. Demasiado concesivo. Innecesariamente concesivo, diría.

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