Zapata ya va en tacones, ¿y Martí cuándo?


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Protesta para defender al "Zapata Gay". Foto: Claudia Padrón
Colectivo LGBTI+ defendiendo la obra de Fabián Cháirez en el Palacio de Bellas Artes. Foto: Claudia Padrón.

Este sábado continuaba cerrado el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México. No abría desde el martes anterior, cuando miembros de la comunidad LGBTI+ fueron agredidos por campesinos de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) dentro del museo. Esa semana los zapatistas decidieron bloquear las inmediaciones del local para exigir el retiro de un retrato que osó feminizar a un líder emblemático de un país machista. «Que lo quemen», gritaban los manifestantes.

El artista mexicano Fabián Cháirez se atrevió a pintar a Emiliano Zapata con los glúteos arqueados sobre un caballo blanco que tiene el pene erecto. Las únicas prendas que viste el líder son un sombrero de charro de color rosa y unos tacones negros. A finales de 2019, el Palacio de Bellas Artes se atrevió a exponerlo y seleccionar el cuadro como portada de la muestra.

Este atrevimiento generó tal estallido de homofobia en el país que ha ocupado muchos titulares de prensa durante las últimas semanas. A pesar de estos conflictos, no es la primera vez que se expone el cuerpo desnudo de Zapata. El cuadro ya había sido exhibido con anterioridad en la galería José María Velasco, ubicada en un barrio marginal que promueve la diversidad sexual. De hecho, el retrato también ha sido reproducido a gran escala como mural en un bar gay de la ciudad. Hasta ahora se había tolerado cuestionar el nacionalismo y las masculinidades hegemónicas que puede representar Zapata, pero solo a oscuras y en espacios pequeños, sin salir del clóset.

«Si Zapata viviera, con las jotas anduviera».

Esta es la primera vez que la obra se muestra en un sitio verdaderamente visible, ubicado en el mismo corazón de la ciudad. Pareciera que cuando se sitúa este discurso en el centro del escenario y se entera demasiada gente, ya no es aceptable. Entonces es cuando un chico gay termina tirado en el suelo con el rostro ensangrentado mientras un zapatista lo patea. Unos minutos antes a otro chico le habían gritado «sidoso» y «aberración».

Desde el martes 10 de diciembre, luego del enfrentamiento, un grupo de personas con sexualidades disidentes permanecieron en la entrada de Bellas Artes para respaldar la exposición y disputar el derecho de usar la imagen de Zapata en su condición de símbolo de resistencia social. Con faldas amplias, pestañas largas y abundante maquillaje, en sus manos sujetan un cartel donde se lee: «Si Zapata viviera, con las jotas anduviera».

Colectivo LGBTI protesta en defensa de la imagen de Zapata en Bellas Artes.

A su alrededor algunos les lanzan ofensas, otros les toman fotos mientras esperan la apertura de la exposición. Son aproximadamente las 3:00 p.m. y el museo abre después de casi tres días de disturbios

Adentro, en las salas Nacional y Diego Rivera, permanece la muestra que tanta controversia ha generado. Son más de 140 piezas entre pinturas, arte-objeto, dibujos, videoarte, obra mural documentos, fotografías, grabados, instalaciones e indumentaria. Pero la atención no ha sido acaparada por las propuestas de Rivera, Orozco o Siqueiros, sino por la de Cháirez, un cuadro de pequeño formato, ubicado en una esquina, detrás de una pared. Allí está parado todo el tiempo un guardia del museo.

La obra está en el sitio menos visible de la exposición, pero nadie llega por azar. Todos quieren ver al Zapata desnudo y con una banda multicolor encima que se ha convertido en la principal atracción de la muestra.

La propuesta del curador representa la evolución de la imagen del líder, traspasada a ratos por la hipermasculinización del caudillo, pero también por la feminidad. A veces es un soldado de piel morena y bigote espeso que casi siempre posa armado. En otras obras se suaviza la virilidad y se le muestra con delantal blanco y escoba en mano al centro del anuncio publicitario de un jabón para lavar.

Zapata es aquí la clave para representar un nacionalismo con fuertes bases masculinas y de defensa a la tierra, pero también aparece como el ícono de otras luchas como las emprendidas por indígenas, migrantes, campesinos y hasta mujeres que participaron en las gestas. La fotografía de Amelio Robles, por ejemplo, integra a la exposición la historia de un general transgénero que nació mujer pero vivió como hombre dentro de las filas del zapatismo.

El atrevimiento de desvestir a un héroe, desnudarlo y pintarlo en poses femeninas desató toda la homofobia de una nación que continúa percibiendo la homosexualidad como una ofensa o un defecto. Antes que Zapata fuese expuesto así en Bellas Artes, el pintor chileno Juan Dávila había mostrado un Bolívar travesti con caderas anchas y senos al descubierto. La obra de Dávila fue tachada de obscena y blasfema y llegó a provocar conflictos políticos y diplomáticos. Los gobiernos de Venezuela, Colombia y Ecuador manifestaron su desagrado. Incluso la bandera de Chile fue quemada en Caracas.

Meterse con los héroes y cuestionar su heterosexualidad o masculinidad inmaculadas suele provocar demasiadas alarmas como sucedió con Bolívar y ahora con Zapata, pero pensemos que pasaría en Cuba si un día amaneciese en el museo de Arte Cubano, o en el barrio de San Isidro, un Martí desnudo, a caballo y en tacones.

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Claudia Padrón Cueto

Claudia Padrón Cueto

Nació en Pinar del Río en los años 90 pero ha eligido para vivir La Habana y su caos. Es incapaz de llegar a algún lugar sin perderse antes. Rompe con un par de estereotipos de lo que se espera de una persona cubana: nunca ha bebido café y no le gusta la salsa. Es periodista porque no ha sabido, ni querido, ser indiferente a las demás personas. Y porque cree que aún queda demasiado por mostrar. Tiene la romántica idea de quedarse para contar su país.

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