Verde Gil, un activista LGBTIQ+: «Hay una invisibilidad muy fuerte con la comunidad trans masculina»


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Verde Gil (Foto: Nelson Álvarez Mairata)

Verde Gil es un hombre trans de 23 años que hace alrededor de un año decidió unirse al activismo LGBTIQ+. Estudia Comunicación Social en la Universidad Central de Las Villas, en la provincia de Villa Clara.

Verde también es conocido por ser comunista, en una época en la que el anticomunismo parece más difundido que nunca entre los cubanos.

«Empecé enfocándome en la comunidad trans, porque vi que hay una invisibilidad muy fuerte con la comunidad trans masculina. Y quise hacer una micro campaña en las redes sociales visibilizando a la comunidad trans, tanto femenina como masculina en Cuba», cuenta Verde sobre sus inicios en el activismo LGBTIQ+.

Con esta campaña, el joven comunicador quiso destacar «los puntos en común que tenemos todos los seres humanos: los sueños, los obstáculos, los gustos, las aficiones».

«Sobre todo, para tratar de sensibilizar para que las personas no nos vean más como bichos raros o cosas que son difíciles de comprender», dice.

Para la propia comunidad LGBTIQ+, los hombres trans siguen siendo una de las identidades más invisibles.

«Es un problema que no solamente es de Cuba», explica Verde. «He visto muchos productos latinoamericanos que obvian esa parte, pero hay poca visibilidad en Cuba y eso obstaculiza mucho el hecho de que uno no encuentra mucha información y es difícil conectar con personas con experiencias similares y orientarse».

El activista cree que las redes de apoyo son bastante «endebles» en Cuba.

«Definitivamente invisibilizar a la comunidad trans masculina tiene un basamento sexista, porque también es una cuestión sexista hacia lo ideológico», dice.

«Nacimos biológicamente como mujeres. Y siento que es uno de los prejuicios que se están fusionando para que se nos vea un poco más incomprendidos y rechazables que la comunidad trans femenina», reflexiona.

El Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) ha impulsado el activismo trans durante las últimas décadas. Muchas mujeres trabajan en la red Transcuba, que no excluye a los hombres. No obstante, ellos son minoría allí.

Hay un grupo de hombres trans que fue conocido como Alma Azul y ahora se llama Alma Fénix, pero Verde cree que «no está muy concretado realmente».

Como activista y comunicador, se comprometió rápidamente con las acciones de Les StickerTeadores, un grupo que inundó la isla con pegatinas y carteles en defensa de los derechos LGBTIQ+.

Esta iniciativa fue la respuesta del activismo independiente ante la campaña de varias iglesias cristianas contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, y sobre todo contra el programa de educación sexual integral que aprobó en febrero de 2021 el Ministerio de Educación.  

«Me involucré con Robertiko y los chicos de Les StickerTeadores. Fue una experiencia muy buena. Trabajamos en base a diseño que a mi me interesa muchísimo, teníamos muchas lluvias de ideas, buscábamos líneas de mensaje diversificadas y era muy gustoso», recuerda Verde.  

«Durante la cuarentena era una manera de conectar con gente que les interesa las mismas causas y se desempeñan en áreas similares como es el caso del diseño y la comunicación», añade.   

Verde también tiene críticas para el activismo.

«A veces pienso que los activistas son un poco sectarios», dice. «En el activismo se crean pugnas infértiles de quién es más activista. No solo pasa en la comunidad LGBTIQ+, sucede con cualquier colectivo que tenga objetos sociales similares».

«La causa se debe superponer sobre eso», defiende. «Si una institución les facilita productos e infografía, ustedes la utilizan porque es una cuestión de fomentar la educación».

«Desde una visión anticapitalista creo que debemos cuidar no caer en un activismo corporativista. Usar grupos sociales para sacarle un fin lucrativo», advierte.

(Video: Nelson Álvarez Mairata)

A diferencia de otros activistas, Verde apuesta con trabajar con las instituciones oficiales y también con el activismo que se hace fuera de ellas.

«En una reunión con la Unión de Jóvenes Comunistas yo proponía que a donde se tiene que ir a la escuela de los militares y los policías, porque hay una herencia transfóbica y homofóbica desde ese sector», comenta.

«Cuando tú le dices a un policía que te trancaron por ser maricón, ese tipo se tiene que sensibilizar. Y puede que más nunca en su vida choque con una pegatina. Tenemos que llegar al centro de la problemática y no esperar a que la institución lo haga».

En los últimos meses, la comunidad LGBTIQ+ ha estado muy atenta al Código de las Familias. Ese anteproyecto de ley, que ha tenido 23 versiones, debe legalizar finalmente las uniones entre parejas del mismo sexo o género, pero ese ni siquiera es su única novedad. Muchos conceptos sobre las relaciones familiares quedarán renovados.   

«El Código de las familias es un paso de avance. Quizás llegó un poco tarde para algunos, pero es un paso en desarrollo de la visión de lo que debiera ser la familia, la pareja. Pone el afecto por encima de las variables de una relación», opina Verde.  

«También es una cuestión de que no se quede en la etapa muerta, que se instrumentalice. Puede estar muy bien escrito, pero si después no se hace, entonces no existe», alerta el comunicador.

El Código de las Familias, lamentablemente, no se refiere en ningún punto a las personas trans y no binarias.

«Hace falta una Ley Integral de Género para socializar las identidades», dice Verde y se extiende: «Socializar lo que conocemos como masculinidades y feminidades. Lograr establecer un punto de partida en la concepción de lo que es el género como un conducto social. Algo que no es homogéneo. Y que las personas no se vean subyugadas a un canon. Que esté explícito en la ley es una postura política de definición con respecto a ese conjunto de ideas sobre la identidad».

La Ley Integral de Género es la principal demanda del activismo trans. Hasta ahora ni siquiera hay un borrador.

«Creo que la comunidad trans necesita esa ley para protegerse de violencias», sigue Verde.

«La ley ataría herramientas para el cambio legal del nombre. Si caigo preso garantizar en qué tipo de prisión me van a meter. Si voy a una prisión de hombre soy muy vulnerable, pero la prisión de mujeres está en contradicción con mi identidad de género», reflexiona.

«¿A qué baño público ir? Hoy mismo me pasó. No supe a qué baño entrar porque aquí hay personas que saben y otras que no», cuenta el activista. «Hay que poner en mano de la palestra esos debates y siempre contando con la comunidad».

Nelson Álvarez Mairata

Nelson Álvarez Mairata

Reportero

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