Un precio para el disenso en Cuba


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Omara Ruiz Urquiola, en su casa, tras su despido de la nómina docente fija del Instituto Superior de Diseño de La Habana (ISDI)/ Foto: Abraham Jiménez Enoa.

«Mi temor es solo por mis estudiantes; que se manifiesten en contra de mi expulsión puede ser peligroso. En este país son capaces de cualquier cosa», confiesa la profesora Omara Ruiz Urquila, recientemente despedida de su puesto de trabajo en el Instituto Superior de Diseño de La Habana, al periodista Abraham Jiménez Enoa (El Estornudo).

Omara Ruiz Urquiola no puede concentrarse. Si toma en sus manos un libro, pasa la vista por encima de las palabras y llega al final de cada oración, de cada párrafo, sin quedarse con nada. Si enciende el televisor, no atina a enlazar imagen y sonido en su cabeza. Tampoco tiene ganas de organizar la casa después de la visita de sus amigos. Se siente atolondrada. A cada rato, se quita las chancletas, sube a la cama, se sienta con los pies cruzados y juega cartas consigo misma para encontrar mesura. 

Omara tiene 46 años y hasta el pasado 29 de julio fue profesora de las asignaturas de Historia del Diseño y Cultura Cubana en el Instituto Superior de Diseño de La Habana (ISDI). Ese día las máximas autoridades de la institución decidieron rescindirle su contrato como parte de la plantilla fija docente.

«No he hecho nada para perder mis méritos profesionales y mi estatus docente. Detrás de esta decisión, ilegal y violatoria, se esconde una persecución política hacia mi familia y hacia mí», asegura la profesora.  

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En Cuba corre el verano. El curso escolar 2018-2019 llegó a su fin hace varias semanas. Profesores y alumnos de todas las enseñanzas están de vacaciones. El ISDI no es la excepción. Aulas y pasillos están vacíos; las pizarras en blanco. El acostumbrado ajetreo juvenil en esa esquina de la calle Belascoaín, Centro Habana, no regresará hasta que asome septiembre.

La profesora Omara, hace un par de semanas, hizo planes para ir a la playa, pero no llegó a concretar la idea. Cuenta que una llamada telefónica lo impidió.

El 25 de julio sonó el aparato en su casa y, cuando levantó el auricular, le extrañó escuchar la voz de su jefa de departamento: «El próximo 29 de julio tienes una reunión extraordinaria». Justo ese día tenía previsto irse con sus amigos al mar. Como su jefa no supo precisarle los detalles del encuentro, decidió entonces llamar a la decana Milvia Pérez Pérez para que le explicara.

«Nosotros no sabemos nada sobre esa reunión; es una indicación de la dirección de la Universidad de La Habana, incluso, nosotros también íbamos a la playa y tuvimos que posponer», respondió Pérez Pérez. En la conversación telefónica, el plural de la decana no era por gusto, se refería además a su esposo, Sergio Peña Martínez, rector del ISDI. Omara optó por cancelar su plan.

A las 10:00 a.m. del 29 de julio, Omara estaba sentada en un salón de reuniones del Instituto. A su alrededor no encontró muchos rostros conocidos. De los diez profesores presentes —habían sido convocados quince—, ella era la única que imparte alguna especialidad asociada al Diseño; los demás eran de asignaturas como Preparación Militar, Educación Física o Inglés.

Presidían la reunión la decana y el rector, los mismos que —según Omara— habían dicho no saber el motivo del llamado y habían asegurado que el encuentro los trascendía.

Los alumnos que comienzan en septiembre sus estudios en el ISDI se graduarán en cuatro y no en cinco años, como sucedía hasta este año. El Ministerio de Educación instauró un reajuste en la Enseñanza Superior que incluye el recorte de un curso de estudios en varias carreras universitarias. Tras la modificación ministerial, el ISDI presenta un excedente de profesores y todos los docentes convocados a la reunión, según el rector, formaban parte de la lista de descartables.

Aquella cita intempestiva era, sencillamente, para notificar a los enlistados que perderían sus puestos laborales de plantilla fija y que serían contratados por horas a partir de septiembre. Omara tiene frescas las declaraciones del lunes en la mañana.

«A todos ustedes, les daremos una carta de recomendación para que, si quieren, así puedan buscarse un nuevo centro. En el caso de los profesores de Inglés, por la necesidad que tiene la Universidad de La Habana, serán redistribuidos por otras facultades», dijo Peña.  

«Mientras él hablaba, sentí que todos sus argumentos, todas sus justificaciones, iban dirigidos a mí», dice Omara. Ella pidió entonces la palabra. Se levantó de su asiento: «Me siento como pez fuera del agua, no sé qué hago aquí», soltó.

Omara Ruiz Urquiola se graduó de Licenciatura en Historia del Arte en 1996, pero casi toda su carrera profesional la ha dedicado al estudio del Diseño. En el Instituto Superior de Arte (ISA) sus logros le valieron para que la designaran jefa del Departamento de Diseño Escénico de la carrera de Arte Teatral. De esa academia se marchó en 2009 y ese mismo año comenzó en el ISDI, donde el curso pasado alcanzó su evaluación como Profesora Auxiliar de la enseñanza de nivel superior.

En 2011, los alumnos del Instituto le otorgaron —junto a otra académica— el premio «Tiza de oro» al profesor más integral del año. El certificado dice: «Por gozar de reconocimiento y prestigio entre los estudiantes, por la calidad de su docencia, su preparación profesional y papel en la formación y superación de las jóvenes generaciones».  

Reconocimiento Tiza de Oro 2011, otorgado por sus estudiantes a Omara Ruiz Urquiola/ Foto: Cortesía de la entrevistada.

Cuando Omara hubo planteado su inconformidad por estar en aquella lista, el rector Peña respondió que la selección de los presentes no era casual, que estaba respaldada en informes redactados por cada jefe de departamento. En ese instante la reunión se volvió un dual meet entre ellos; los demás, relata Omara, parecieron no existir durante algunos minutos.

Omara hace un recuento de ese intercambio…

El informe del rector tenía tres puntos que, según él, habían llevado a la dirección del Instituto a tomar la decisión de incluir en la lista de prescindibles a la profesora Omara.

Peña afirmó, en primer lugar, que Omara Ruiz Urquiola, con el nuevo plan de estudios, solo estaría en el aula unas pocas horas, y que el curso pasado solo estuvo 32 horas. Omara respondió: «Tengo 42 horas de clases de Historia del Diseño, 64 horas de Cultura Cubana y 12 horas, como mínimo, entre las dos asesorías de tesis que llevo para el próximo curso».

El rector no replicó y prosiguió con el segundo punto: «No participaste en el congreso Forma», un evento internacional que organiza el ISDI cada dos años. La profesora repuso: «Sí participé, lo que usted no me vio. Mi ponencia está publicada. Lo que sucedió fue que yo no acudí al Palacio de las Convenciones a defenderla porque estaba enferma con zika».

Entonces Peña sacó el tercer y último argumento en contra de Omara: «¿No es cierto que usted no está inscrita en ninguna línea de investigación en el Instituto, que no está en los planes y por lo tanto no acude a las reuniones donde se debaten los temas a indagar?» Irritada, pero sin perder la compostura, Omara dijo: «Nunca me han tomado en cuenta para el programa de Doctorado; no conozco la razón de ello, ni si quiera me han citado. No obstante, sí pertenezco a una línea de investigación, la que usted dirige».

Luego de rechazar cada uno de los argumentos que la enjuiciaban, Omara declaró: «Me retiro de este lugar; esto es una falta de respeto. A partir de ahora toda comunicación conmigo será a través de un abogado».

Omara Ruiz Urquiola en FORMA 2015 (Foto: Cortesía de la entrevistada)

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Tras conocerse el despido de Omara Ruiz Urquiola de la nómina fija del ISDI, las redes sociales se activaron en modo denuncia; asimismo, buena parte de los medios independientes que cubren el tema Cuba enfocaron en el caso. Tal fue el revuelo que este jueves el ISDI hizo pública una declaración titulada «Las mentiras de Omara».

El texto enumera seis puntos en los que, según la institución, la profesora ha mentido a la prensa. Y enfatiza: «Miente con intencionalidad. Ninguna de estas 6 mentiras puede ser resultado de un problema de percepción o interpretación, todas fueron muy evidentes y muy claras, por lo tanto, no pasan de ser mentiras muy mal intencionadas».

La posición del ISDI es que ni a Omara Ruiz Urquiola ni a ninguno de los profesores convocados para la reunión, se les «despidió, expulsó, cesó, dejó excedente, dejó disponible, ni ningún sinónimo de ruptura de vínculo laboral definitivo». La declaración, además, reta a la opinión pública: «Ojalá a alguien se le ocurra pedirle a Omara que presente una sola prueba de lo que está diciendo, no más declaraciones, una sola prueba».

El Estornudo tuvo acceso a la opinión de una fuente cercana a los hechos que, si bien en este punto no emplea los términos de expulsión o despido definitivo, considera que el plan de la directiva consistiría en deshacerse, poco a poco, de la profesora Omara. En tal sentido, el primer paso sería trasladarla a la modalidad de «contrato». Dicha fuente no está dispuesta a revelar su identidad. 

«Yo fui despedida, no expulsada», aclara Omara tras la publicación del comunicado del ISDI. «Se ha manejado el término expulsión porque para todo el mundo está claro que me dieron una patada. Legalmente fui separada de mi puesto de trabajo porque, según ellos, no cumplí con los parámetros administrativos para seguir en ese lugar».

En el ámbito laboral hay además una diferencia conceptual entre los términos «despido» y «expulsión». El primero se refiere a rescindir o cesar el contrato de algún trabajador de plantilla fija. El segundo es una medida disciplinaria que se tramita a través de un proceso donde se convoca al órgano de justicia laboral.

Omara Ruiz Urquiola en el aula (Foto: Cortesía de la entrevistada)

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Un día después de la reunión en el ISDI, Omara Ruiz Urquiola me recibe en su casa. Tiene el rostro ajado por el cansancio; se nota que las últimas horas le han pasado factura. Intenta mostrarse impasible.  

«El informe es un absurdo, una mentira, es perfectamente desmontable. Llevaban un tiempo ya queriendo salir de mí, buscando resquicios y oportunidades para sacarme de mi puesto laboral. Todo lo han montado a partir de las presiones que ejerce la Seguridad del Estado sobre la dirección de la Universidad de La Habana, ellos son los que han fabricado los motivos para este despido», dice Omara, sentada en un sillón en la terraza de su casa.

La profesora alega estar sufriendo una persecución política que no comenzó hace poco.

A Omara, en 2005, le diagnosticaron un cáncer hereditario avanzado en uno de sus senos. A pesar de las operaciones a que debió someterse entonces, incluida una doble mastectomía, e implantes, nunca se ausentó —asegura— de su puesto laboral ni presentó ningún certificado médico. A raíz de su enfermedad, comenzó en 2016 una suerte de calvario familiar que aún sigue generando capítulos.

De acuerdo con Omara, una y otra vez ha habido problemas con su tratamiento en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR). En ocasiones, malos procedimientos de los doctores, negligencias; también falta de medicamentos para llevar a cabo la inmunoterapia. Ello ha provocado que la profesora denuncie el Sistema de Salud Pública cubano.

Hace tres años, Omara y los pacientes del INOR se quedaron durante dos meses sin medicamentos. Esas vidas estaban en riesgo. El Estado no tenía respuesta; no se planteó una salida expedita. Por ello, Ariel Ruiz Urquiola, Doctor en Ciencias Biológicas y hermano de Omara, tomó la decisión de plantarse delante del hospital y declararse en huelga de hambre y sed hasta que no le brindaran los medicamentos a su hermana.

Cuentan los hermanos que el Trastuzumab, medicamento en falta, apareció gracias al revuelo mediático que generó la huelga de hambre y sed del biólogo. Pero antes, el Doctor en Ciencias fue golpeado y encerrado en un calabazo por la Seguridad del Estado. Ese pasaje y sus denuncias de violaciones ambientales en Cuba provocaron que Ariel Ruiz Urquiola fuera expulsado del Centro de Investigaciones Marinas de la propia Universidad de La Habana.  

Omara Ruiz Urquiola (Foto: Cortesía de la entrevistada)

Tiempo después la familia Ruiz Urquiola se instaló en la Sierra del Infierno, en la Sierra de los Órganos, provincia de Pinar del Río. Hicieron prosperar una finca agroecológica, pero no tardó en llegar hasta allí la persecución, pues el biólogo se había dedicado a denunciar también la tala indiscriminada de árboles en la zona, la caza de especies en peligro de extinción y el vertido de sustancias tóxicas en las aguas del Valle de Viñales, desmanes en los que colaboraban autoridades locales.

En mayo de 2018, Ariel Ruiz Urquiola fue condenado a un año de cárcel por «desacato a la autoridad» tras discutir con miembros del Ministerio del Interior y llamarlos «guardias rurales», término con el cual se conocían las tropas represivas del campo antes del triunfo de la Revolución cubana en 1959. En julio de 2018, el biólogo quedó en libertad tras otra huelga de hambre y sed que se extendió por 16 días.

Omara fue la principal activista en favor de la libertad de su hermano.

El Doctor en Ciencias Biológicas —quien también fue arrestado violentamente en mayo último durante una marcha independiente en La Habana por los derechos de la comunidad LGBTI—, declaró a través de Facebook sobre el despido de su hermana:

“Lo que sí sé es que sus estudiantes y sus compañeros del claustro la consideraban una extraordinaria profesora, que fue la Tiza de Oro del Instituto, que padeciendo de una enfermedad mortal acrecentada por el gobierno cubano no dejó a sus estudiantes sin clases ni a sus compañeros con carga ajena, que hizo cuanto programa de estudio relacionado con la Historia del diseño y materias relacionadas, que convirtió una asignatura detestable por (sic) los estudiantes en la esperada cada semana: Semiótica». 

Omara Ruiz Urquiola con sus alumnos (Foto: Cortesía de la entrevistada)

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Al salir indignada de la reunión, Omara Ruiz Urquiola escribió en su cuenta en Facebook: «Me despidieron». Luego de eso su teléfono celular perdió la cobertura; no podía llamar ni siquiera a su madre, o a sus amigos, para contarle lo acontecido. Los datos móviles de Internet tampoco funcionaban. Su versión es que la Seguridad del Estado no quería que hablara con nadie.    

Hace unos cinco meses la profesora Omara comenzó a oler lo que se avecinaba. Hubo una alerta de Deborah Maura, la jefa de departamento. Ernesto Fernández, vicedirector docente del ISDI, había empezado a pedir con insistencia los planes de trabajo de Omara. Solo los de ella. Pero la dirección del Instituto no había hecho llegar las afectaciones generales del semestre a las distintas cátedras y por ello los docentes, incluida Omara Ruiz Urquiola, no podían formular sus planes de trabajo. Estaban a la espera de esa exigencia básica para su conformación.     

Para Omara era evidente que iban por ella. La auditaron pero tuvieron que buscar otra estrategia. Refiere la profesora que también la decana Milvia Pérez se presentó ante Deborah Maura. Le espetó: «Hay que ponerle un profesor en el aula en cada una de sus clases para saber qué es lo que les dice a los alumnos». «No lo voy a hacer porque eso viola el reglamento académico; ella es una profesora auxiliar y le he visitado ya sus clases y todas son satisfactorias», respondió la jefa de departamento.  

Algunos días más tarde, Deborah Maura recibió otra visita. La Seguridad del Estado tocó a la puerta de la cátedra. Los oficiales querían saber cómo era la profesora, cómo pensaba; querían conocer sus movimientos, la gente con la que se vinculaba, su relación con los estudiantes. «No sé qué hace Omara de la puerta para afuera del Instituto, pero de la puerta para adentro no tengo quejas de ella; es un ejemplo», contestó.

Diez años lleva la profesora Omara impartiendo clases en el ISDI. Ese tiempo le ha valido, dice, para percatarse de que allí «lo último que importa es el proceso docente». Sostiene que en el Instituto «han echado por tierra el sistema académico dejando fuera de las aulas a los profesores y diseñadores más prestigiosos del país. Otorgan la prioridad al aspecto político sobre la docencia».

Omara dice estar extenuada. «Ha sido implacable; es una guerra sin cuartel, una persecución en la sombra. Lo más fácil para mí sería irme y no apelar, no echar la batalla, pero cuando escucho todas las llamadas y leo todos los mensajes de mis alumnos, eso me da la fuerza que necesito», dice.

Evelyn Corvea fue alumna de la profesora y ha hecho pública su inconformidad: «La expulsión del ISDI de la profesora Omara Ruiz Urquiola promueve la mediocridad y la falta de criterio en el diseño cubano. Se nos condena a la incultura. ¿Acaso con ello se pretende mutilar nuestra libertad?»

Por su parte, Alejandro Rosales, Premio ONDi (Oficina Nacional de Diseño) 2010, ha escrito en redes sociales: «Como docente y diseñador industrial considero aberrante el prescindir de tanto conocimiento y entrega en la formación del diseño en Cuba. Hasta hoy lo que he aprendido con Omara, PROFESORA NATA, me ha servido y orientado en todas las latitudes que piso, pero sobre todo en Cuba: los elementos definitorios del espacio interior cubano, de los patios cubanos. La historia de la industrialización azucarera, el taburete, Clara Porset, Córdoba, Porro, Walter Betancourt, Quintana, Thelma Ascanio…»

A Omara se le quiebra la voz cuando dice que «es demasiado el atropello» contra su familia. Los Ruiz Urquiola no se declaran opositores políticos manifiestos, aunque, apunta la mayor de los hermanos, «sí hemos practicado el disenso; no comulgamos con este gobierno». Según Omara, lo ocurrido esta semana «era cuestión de tiempo». Asegura que no teme a lo que pueda venir ahora. «Mi temor es solo por mis estudiantes; que se manifiesten en contra de mi expulsión puede ser peligroso. En este país son capaces de cualquier cosa», dice.

 

Del editor: Esta nota apareció originalmente en la web de la revista cubana El Estornudo, el 2 de agosto de 2019. 

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Comments (1)

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    Máximo

    |

    Buen escrito! Es lastima que se hayan cebado con mi hija tan arbitrariamente y contra toda lógica,pero tambien es claro que estos infelices ejecutores ,como el rectorcito y la puta de su mujer, tuvieron,para sobrevivir, que cumplir la orden de el DSE O Gestapo cubana. Esto,es afirmativo por cualquier vía. Esta respuesta que dan estos infelices, indica que están ladrando; señal que avanzamos. Lo bueno es,lo malo que se está poniendo aquello . Recuerdo ,a modo de refrescar la mente, en una ocasión ,me dijo Colomé ,General de cuerpo de ejercito ,a raiz de las tristemente celebres causa 1 y 2 donde de manera clara se cometió un crimen político y cito;”ing. Hay que cerrar cualquier grieta porqué si no ,No sobreviviremos”. Estas frases y otras muchas de estos que han embarcado a Cuba ,denota ,no ya desarrollar el país ,si no sobrevivir a toda costa ,manteniendo el nivel de vida que todos ellos detentan a costa del cubano de a pie. No obstante,considero que con el actual presidente de EEUU ,Donald Trump y su equipo,no le “arriendo la ganancia” a raul ,canelo y su “timbirichi” Es mas, si Trump sale reelecto ,aquello ,ineluctablemente se irá al remismísimo carajo y entonces,al decir de Martí, llegará la hora de los hornos y solo se verá su luz(parafraseo). La luz ,en nuestro caso,será aplicar la rendición de cuentas a todos aquellos,que hasta el último momento “anduvieron en el fango”. Eso me reconforta A través de estos compatriotas,te mando un fuerte beso de amor filial y decirte que estoy contigo psra lo que sea

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