Tania Bruguera, el neoliberalismo en Cuba y el «anticomunismo» del 27N


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(Ilustraciones: Polari)

Cada vez se afianza más la idea de que las reformas económicas aplicadas en Cuba el pasado el 1 de enero de 2021, bajo el ambiguo nombre de «Tarea Ordenamiento», fueron sencillamente un paquetazo neoliberal.

Polemizar la precisión de esta hipótesis sería limitarse a un debate economicista de tono académico. Por el contrario, el empleo del término «neoliberalismo» para descalificar la «Tarea Ordenamiento» es lo que vuelve atractivo el discurso político de quienes emplean el adjetivo «neoliberal» y terminan oponiéndose al Partido Comunista de Cuba, pero desde la izquierda.  

Cabe preguntarse, ¿cuál es esta izquierda que señala de neoliberales, y por tanto acusa de traición, a las reformas económicas decididas por un partido comunista?

Como mismo el blog semioficialista La Tizza respaldó acríticamente la «Tarea Ordenamiento» por su compromiso con la burocracia, por regla política el «filotrotskista» blog Comunistas debió ser el abanderado en la descalificación de las medidas, asumiéndolas como un paquetazo neoliberal. Sin embargo, a pesar de que Comunistas fue uno de los medios de la izquierda no oficial más crítico con las reformas económicas del régimen, nunca empleó en sus editoriales, ni en los artículos de sus colaboradores, el término «neoliberal».

Entre quienes, desde la izquierda alternativa, sí señalaron con fuerza que la «Tarea Ordenamiento» no pasaba de las típicas reformas neoliberales, estuvieron el economista Miguel Hayes, los rostros más visibles de la revista La Joven Cuba (LJC) y la artista Tania Bruguera, coordinadora del Instituto de Artivismo Hannah Arendt (Instar). 

No asombra que el polémico Miguel Hayes o la profesora y editora Alina Bárbara López, de La Joven Cuba, emplearan estos términos. Ambos son reconocidas figuras del disenso socialista. Para muchos, sin embargo, la posición de la Bruguera resultó novedosa.

La propaganda oficial ha atacado con tanta fuerza a Tania Bruguera y a la plataforma de oposición cultural 27N, que buena parte de la sociedad los ubica en el campo de la derecha. Al mismo tiempo, la prensa derechista, que oportunistamente simplifica toda la oposición en un solo cuerpo político, ha construido un público intoxicado con noticias anticastristas al que resulta imposible encontrar en la izquierda a Tania Bruguera. A estos dos grupos se le une un tercer sector social que consume indiscriminadamente ambas propagandas y por tanto es incapaz de construirse una idea real de los hechos.  

Súmense las crecientes represalias de las autoridades contra los miembros visibles del 27N, incluida Tania Bruguera. Este continuo hostigamiento ha provocado que las publicaciones en redes sociales de los activistas del 27N se concentren en un discurso reactivo a la represión. De tal forma, el acoso policial no solo hostiga a sus víctimas, sino que también dificulta una percepción real de las propuestas de Tania Bruguera y el 27N.

Por último, es preciso tener en cuenta que, en el imaginario de las grandes mayorías, existe un consenso social en el que ser «revolucionario» es apoyar al gobierno cubano. De tal forma, para millones de personas en Cuba cuando el Estado ataca políticamente a una persona, medio de prensa u organización, estos se convierten inmediatamente en «contrarrevolucionarios». Es decir, derechistas.

La camarada Tania Bruguera

Contrario al «descubrimiento» que hizo recientemente el bloguero Miguel Hayes del término neoliberalismo, ya en 2015 Tania Bruguera declaraba públicamente: «yo siento que el gobierno [cubano] se vende como un gobierno de izquierda, pero está haciendo leyes neoliberales».

Para mayor asombro del público intoxicado por la propaganda oficial y la propaganda de la derecha, sería bueno recordar que esas declaraciones las ofreció Tania Bruguera a un periódico trotskista.

Justo el primero de enero de 2021, la coordinadora de Instar abrió el año publicando en Facebook que «el aniversario de La Revolución se celebrará con la entrada en vigor de La Revolución Neoliberal cubana. Esto se manifiesta en las nuevas medidas económicas a ponerse en vigencia ese día.  Empecemos a llamar las cosas por su nombre donde dice Socialismo sustitúyanlo por Neoliberalismo».

Dos semanas después, Tania Bruguera publicaba en Hypermedia Magazine un artículo donde sentenció: «parte de la crisis por la que está atravesando La Revolución™ viene de sustituir la ideología por la economía. El gobierno está intentando, con mucho énfasis, despolitizarlo todo. Pronto el Estado cubano funcionará como una empresa privada: los ciudadanos serán tratados como consumidores, o como empleados sin derechos. Ya están convirtiendo al ciudadano en capital; el paso siguiente es poner la libertad de mercado por encima de las libertades individuales, desmantelando cualquier forma de autonomía social. (…). Todas estas cosas son características del neoliberalismo».

Estamos aquí ante un claro discurso de izquierdas. Contrario al clásico señalamiento lanzado por la oposición derechista donde se ataca a la politización oficialista, en el artículo de Hypermedia, Bruguera se detiene en el desmonte ideológico y la legitimación del libre mercado: dos políticas que ha ido desarrollando la nomenklatura cubana desde los inicios de las reformas estilo China.

Precisamente la despolitización, la represión y el enaltecimiento del libre mercado son ejes fundamentales del Partido Comunista de China, el ejemplo que Raúl Castro ha tenido a la vista. Cuando Deng Xiaoping comenzó a desmontar el socialismo maoísta, lo primero que hizo fue reducir al mínimo la presencia del marxismo-leninismo, quedando relegada la hoz y el martillo a la bandera del Partido y la imagen de Mao a los billetes.

Por si fuera poco, cuando las reformas liberales cobraron una fuerza indetenible fue tras los sucesos de la Plaza de Tiananmén, donde cientos de manifestantes terminaron represaliados por el ejército chino. Todavía hoy se desconoce la cifra de fallecidos, como también se ignora que buena parte de quienes se concentraron en aquellos días 1989 eran jóvenes socialistas, opuestos al desmonte ideológico encabezado por Deng y sus seguidores.

Silenciar que la mayoría de los represaliados fueron socialistas, es algo que oculta tanto el Partido Comunista de China como la oposición liberal. El gobierno chino lanza este manto de silencio porque los jóvenes de Tiananmén serían el mejor ejemplo para demostrar que el Partido abandonó la construcción del socialismo. A su vez, la oposición liberal también lo calla porque se quebraría su monopolio sobre el reclamo de los derechos civiles: la clase trabajadora china encontraría un referente socialista y democrático con el cual enfrentar el neoliberalismo de Estado.

Algo similar sucede hoy con Tania Bruguera. Tanto la propaganda del oficialismo como la prensa derechista intentan invisibilizar el discurso de izquierda amplia que articula la artista cubana.

El gobierno cubano construye la imagen de una artista «contrarrevolucionaria», mientras que la prensa derechista apuesta por el modelo de la disidente cuyo discurso se limita a denunciar sus detenciones y las de sus correligionarios. De esa manera, en el imaginario colectivo de las mayorías, desaparece el discurso de izquierdas que coherentemente lanza hace años Tania Bruguera y se consolida una activista de derechas.

El mito anticomunista del 27N

Una vez «descubierto» el discurso real de Tania Bruguera, no solo se derrumba el mito de la artista cubana como figura política proimperialista. También se desploma otra falsedad construida tanto por el oficialismo como por parte de la prensa derechista: el supuesto anticomunismo del 27N.

Siendo Tania Bruguera una de las principales figuras del 27N queda claro que esta plataforma no es un grupo anticomunista. Por el contrario, partiendo de que la Bruguera es una de sus principales representantes, el 27N sería un espacio donde la izquierda se asume como un principio positivo y el neoliberalismo como negativo.

De ser esta plataforma cultural un grupo anticomunista, el discurso de izquierda amplia presentado por Bruguera no tendría cabida en el 27N. El anticomunismo implica intolerancia y el antitotalitarismo implica inclusión. La inclusividad política es uno de los ejes fundamentales del 27N.

En su reciente manifiesto, el 27N no se presenta como un «movimiento político», «sino cívico», del cual «puede formar parte cualquier ciudadano cubano, independientemente de su ideología». Sin embargo, sería ingenuo olvidar que en todo grupo con pretensiones, y en este caso también acciones políticas, tarde o temprano una ideología termina hegemonizando el consenso.

Retomo entonces una pregunta abierta que recientemente hiciera al 27N el intelectual socialista cubano Frank García Hernández: «¿Qué sucedería si se constituyera en su interior [del 27N] una corriente socialista, y si hasta el mismo 27N cobrara un carácter socialista?» Si naciera esa tendencia al interior de la plataforma, o simplemente, si el ideal socialista tuviera una abierta presencia en el 27N, ¿se permitiría?

Frank asegura que «estaríamos presenciando un escenario único en Cuba. Un grupo de más de 300 intelectuales y artistas diciendo: “también queremos construir el socialismo, pero tenemos unas cuantas y serias diferencias con el socialismo planteado por la dirección del país”».

Esto no limitaría la pluralidad política del 27N. En el amplio ideario socialista caben desde el primer ministro sueco Olof Palme, pasando por el senador demócrata estadounidense Bernie Sanders, hasta el marxismo radical de Rosa Luxemburgo o la figura ausente del VIII Congreso del PCC, Ernesto Che Guevara.

Si el 27N se reivindicara como socialista, en su sentido más amplio y no necesariamente marxista, el gobierno cubano tendría delante una crisis política inesperada. La intelectualidad de izquierda crítica vería en el ya legitimado 27N su más cercana representación. La clase trabajadora, por primera vez, tendría un programa político de oposición socialista, respaldado por cientos de intelectuales y artistas.

A pesar del actual descontento popular, el ideal socialista está profundamente legitimado y arraigado en el pueblo cubano. Mientras un grupo político, plataforma o «movimiento cívico» no ofrezca a las mayorías una alternativa socialista, las oposiciones, cultas o no, seguirán pasando una tras otra, paralelas a los intereses de la clase trabajadora. La censura solo impide el trabajo de la intelectualidad y la creación artística, pero no paraliza la economía de la familia obrera. El 27N tiene la palabra.

Olimpo Fonseca

Olimpo Fonseca

Un comunista

Comments (5)

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    Andrea

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    Sobre ese tema, y desde hace mucho tiempo, quien fue mi profesor, el economista Miguel Alejandro Hayes es quien más claramente ha abordado el tema. Cuando se hable de arte, bien por la Bruguera, pero si de economía se trata, nada como un economista que ha publicado textos tan claros sobre esos temas. Zapatero a su zapatos, decía mi abuela.

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    Un joven de izquierda

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    La izquierda cubana debería volver a dirigirse a quienes se debe: a los desfavorecidos por el sistema (sea cual sea el sistema). Hasta el momento el debate socialista por una Cuba nueva es más intelectual que popular, y al menos en mi experiencia, el monopolio ideológico que mantiene el Estado sobre lo que es socialista y que no, mantiene peligrosamente en el imaginario colectivo al socialismo como ese proyecto fallido instaurado (por geopolítica de la URSS, más que nada) en Europa del Este del siglo XX. Si los socialistas no volvemos a ganar al pueblo, podemos perderlo irremediablemente.

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    Lola

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    que texto más malo jajaja

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