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La Diosa de Cuba, la primera que habló

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Dianelys Alfonso, La Diosa de Cuba. (Ilustración: Rafael Alejandro García)
Dianelys Alfonso, La Diosa de Cuba. (Ilustración: Rafael Alejandro García)

La denuncia por «amenazas» de la cantante Dianelys Alfonso contra el músico José Luis Cortés, El Tosco, y sus declaraciones sobre los abusos y la violencia machista que sufrió, han impulsado en redes sociales la etiqueta #YoSíTeCreo contra la violencia de género y el acoso hacia las mujeres.

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En yeso, una Santa Bárbara gigante y un San Lázaro aún mayor anuncian que en esta casa en el centro de Lawton la periferia de La Habana si algo hay, es fe. No la fe que, según Dianelys Alfonso llevó al músico José Luis Cortés a abandonarla en un matorral de Italia porque «eso era lo que le exigían los muertos». 

Dice la cantante, conocida como La Diosa de Cuba, que la suya es una fe distinta: «la verdad en este mundo nunca ha cedido ante la mentira». Y ella, con la verdad, deberá convencer a un juez, demostrar que no es una difamadora que busca fama, sino una mujer que ha padecido los maltratos (físicos, psicológicos, sexuales) de un hombre poderoso en el ámbito artístico. 

A ese hombre lo conoció un día a comienzos del siglo. Ella estaba parando un taxi en Santa Marta, cerca del polo turístico de Varadero, donde trabajaba como cantante.

Él le preguntó, por el camino, qué hacía con su vida y ella respondió que cantaba en el cabaret La Cueva del Pirata. 

«Mi carrera yo salí a hacerla solita. Empecé a estudiar en la Escuela Vocacional de Arte (EVA) Juan Pablo Duarte, de Güira de Melena. Ahí realicé mis estudios fundamentales: danza, piano elemental, solfeo. Cogí un instrumento, la flauta, y la dejé después porque me interesaba el canto», debió haberle dicho.

Ya fuera por curiosidad profesional o personal, él entró esa noche al cabaret donde Dianelys se presentaba. «La directora del espectáculo me dijo “mira, aquí está José Luis Cortés que vino a verte”. Pero yo estaba tan perdida en cuanto a los artistas de la televisión que no sabía quién era. Él se acercó y me dijo “te vas conmigo para NG La Banda”. Estuvimos como un año buscando una sustituta para mí en La Cueva… Mientras tanto, nos veíamos para supuestos ensayos, pero todavía yo no era cantante de NG La Banda. Ahí comenzamos una relación de pareja y él empezó a llevarme a viajar.  

»Durante ese año José Luis se comportó muy bien, logró atraparme para que me sintiera cómoda y llegué a idolatrarlo como músico. Era una adoración muy grande lo que yo sentía por él. Nunca hizo, en esa etapa, nada para dañarme. Ni un pellizco».

Hasta que un día, Mónica Mesa, una de las cantantes de NG La Banda, se quedó ronca. Cortes le dijo que era la única que conocía bien el espectáculo y debía sustituirla. 

«Tuvimos una conversación en la que me dijo que “donde se come no se caga” y que íbamos a dejar la relación. A mí me venía bien porque no tenía una vida de pareja tranquila, no era una relación normal, sino que él venía una noche a dormir conmigo y se metía tres días desaparecido con otras mujeres». 

Eran tiempos en que Dianelys vivía alquilada en una casa por la esquina de las calles Infanta y Zanja, en La Habana. Allí se veían, él se quedaba a pasar la noche. 

Ella vio «una buena oportunidad» para su carrera y entendió que unirse a la banda eso era «lo mejor». «Lo decidí así y le dije “perfecto, cuánto me vas a pagar, porque no pienses que no me vas a pagar”». 

El primer cambio sería el de dirección: «cuando llegué oficialmente a la banda empecé a vivir en la misma cuadra de él, también alquilada. Porque él necesitaba tenerme controlada, ¡impresionante!

»Empecé a viajar como cantante de NG La Banda, también empezó mi calvario porque mientras yo lo veía con mil mujeres y tenía que aceptarlo, cuando él me veía con alguien me iba arriba a piñazos. La primera vez no, solo me botó de la banda por dos días, luego de haberme visto con mi nuevo novio, un coreógrafo y bailarín. Me botó y al segundo día me llamó como si nada y me dijo “qué tú haces que no estás aquí en el ensayo, tú, perra, tienes que estar aquí, arranca paʼcá”. Y yo, a pesar de que me había botado, regresé».

Luego, los golpes. 

Sucedió por primera vez en Europa, recuerda Dianelys. «Estaba tratando de meter un disco en la cartera y no cabía y ahí fue la primera galleta que él me dio. Pero una no piensa que vaya a seguir sucediendo».

La Diosa ha tenido que repetir esta historia incontables veces durante el último mes, desde que confesara en una entrevista con el periodista de farándula Alex Otaola que José Luis Cortés, El Tosco, Premio Nacional de Música 2017, la golpeaba y la obligaba a mantener relaciones sexuales con él. 

«Y me pregunto ahora: ¿era mejor haberme callado? Porque esto me puede generar más problemas. ¿Tenía que haberme callado y haberme quedado con los golpes? Eso es criminal. Es criminal que yo llegue ahora a este pensamiento».

Ahora retoma la historia en su propia casa, en el barrio habanero de Lawton. Las paredes de la sala están cubiertas por retratos de su hija. También hay una gigantografía donde aparecen Dianelys y su actual esposo en plena ceremonia nupcial. Han pasado casi dos décadas desde que José Luis Cortés la tuviera en su banda, que se anuncia como «la que manda». 

En junio de 2019, Dianelys denunció a El Tosco por «amenazas». Poco antes El Tosco la había denunciado a ella por «difamación». 

«Ahora mismo estamos en el proceso penal. José Luis Cortés me denunció por difamación y yo a él por amenazas porque, [después de aparecer en la entrevista con Alex Otaola], me envió un mensaje que decía: “atente a las consecuencias”. Al día siguiente yo fui a la policía a hacer la denuncia por el mensaje de amenaza y allí [los oficiales] me dijeron que no procedía porque yo había sido denunciada por difamación». 

Esa primera negativa no detuvo a Dianelys: enseguida se fue al municipio Playa, esperando que allá aceptaran la denuncia. «Ahí me volvieron a negar la denuncia porque me decían que “atente a las consecuencias” no es grave –confiesa–; para ellos una amenaza es “te voy a romper la cabeza”, “te voy a matar”. Ante esa situación fui a ver a una fiscal. Ella habló con los policías, les dijo que tenían que aceptar la denuncia y por eso él tiene ahora una denuncia por “amenazas”».

«Ni yo sabía por qué [denunciar] ahora. Ni yo –confiesa Dianelys–. Me puse a investigar, a mirar en Youtube para tratar de entender y me di cuenta de que no soy la única. La mayoría de las víctimas terminan hablando mucho tiempo después, incluso cuando muere el agresor».

Sentada en la sala de su casa, dando vuelta a los hechos en su cabeza, Dianelys no entiende cómo es posible que José Luis Cortés la denunciara por difamación. «Él tiene un ego y un orgullo tan grandes que no le permiten disculparse, decir: “Dianelys, es verdad que te hice daño”. Con eso para mí era suficiente. En el programa de Otaola dije que no lo denunciaría, mi idea era sanar, no hacerle daño a él», sentencia la cantante.

Sin embargo, La Diosa sostiene que tampoco se podía quedar callada. «A Otaola le había llegado esa información y, claro, me cogió desprevenida. No fue una provocación, él simplemente me preguntó y yo hubiera podido decirle que no, pero no podía seguir tapando a ese hombre.

»Y me pregunto ahora: ¿era mejor haberme callado? Porque esto me puede generar más problemas. ¿Tenía que haberme callado y haberme quedado con los golpes? Eso es criminal. Es criminal que yo llegue ahora a este pensamiento».

***

«Él aquí en Cuba una que otra vez me daba golpes fuertes: un moretón en un ojo, una galleta, pero los golpes gordos eran en las giras. Yo les tenía miedo a las giras porque sabía que él me entraba a palos. Al estar solo, me cogía de maniquí de sexo. Para mí las giras eran desastrosas, yo no tenía paz».

Cuando la agresividad llegó a su clímax El Tosco casi rompe una jarra de cristal en su cabeza, dice Dianelys ella también alcanzó el clímax del miedo. Así que trazó un plan para «escapar» de José Luis Cortés: esperó el momento de la siguiente gira y se quedó en Milano, Italia. «No me quedé luego de haber hecho todos los conciertos y de haber recogido el dinero, sino que me quedé llegando a Milano en el 2006. Yo estaba desesperada». 

Habían sido cuatro años con José Luis Cortés, desde el 2002 hasta el 2006. Sin embargo, de alguna manera, El Tosco se mantenía presente. En Milano y, después, en Niza. «Allá estuve casada con un italiano y tuve un niño que nació en Francia. Pasé cinco años sin documentos, trancada, y al cabo de cinco años empecé a trabajar. Pero eran lugares para borrachos y yo ahí me deprimía muchísimo. Por otra parte, mi relación con el papá de mi niño no era la mejor. Me daba por escaparme, salir corriendo, llorando… Me daban ataques de pánico. Sentía que no merecía vivir».

En esa etapa ahora lo comprende estaban aflorando las consecuencias de la violencia de género que padeció durante su paso por NG La Banda. Pero sin ayuda especializada no podía saberlo. Creyó que un cambio de aires le vendría bien. Casualmente, su país natal había abierto las puertas a sus excomulgados: «y regresé a Cuba hace cinco años. Decidí repatriarme, comenzar mi carrera de nuevo».  

Rebautizada como La Diosa, no le iría bien, no podría desprenderse del «fantasma» de José Luis Cortés.

Casi todos los días, Dianelys se ve a sí misma en las pantallas cubanas, con veinte años menos, como protagonista de un mensaje de bien público que dura menos de un minuto. Es un spot sobre las drogas, que lleva mucho tiempo en la televisión. Cuando lo filmaron, Dianelys todavía era «La Rusa», como la llamaban en el gremio musical debido a un mal chiste de José Luis Cortés: le decía «Lechiski» en una especie de juego con su apariencia y su sexualidad, de modo despectivo. Llegó a llamarla así, dice ella, hasta en televisión. 

***

«Yo nací en San José de las Lajas en una familia bien sencilla. Soy única hija, mis padres, sobre todo mi papá, fue muy recto conmigo. A veces pienso que no se le debería repetir tanto a una persona –en especial a un niño o niña– que sea agradecida. Por culpa de eso confundí agradecimiento con sumisión y fui una muchacha aguantona».

Dianelys está sentada a la mesa con el esposo y el hijo. Mientras almuerzan, no discuten sobre comida: nadie dice si el pollo sabe bien, nadie menciona la subida de los precios en el mercado. 

Lo que sí discuten es un tema familiar: las notas del hijo y la recogida del diploma de fin de curso. Como el niño no lo ha recogido aún, Dianelys lo regaña; le advierte que si no recoge el diploma no montará bicicleta ni recibirá regalos. 

El niño, de 11 años, es francés por nacimiento y tiene una hermana pequeña que todavía no cumple cinco. Ninguno sospecha, por supuesto, la denuncia ha hecho su madre. 

«Ni yo sabía por qué [denunciar] ahora. Ni yo –confiesa Dianelys un rato después–. Me puse a investigar, a mirar en Youtube para tratar de entender y me di cuenta de que no soy la única. La mayoría de las víctimas terminan hablando mucho tiempo después, incluso cuando muere el agresor. Yo no sabía siquiera por qué ahora, solo sentía el valor de denunciar. Y si hubiera ido a la policía me hubieran dicho: “Ay, mija, pero si eso pasó hace 20 años”. 

»Hoy no soy una persona dócil, soy muy dura de carácter, y es triste porque a fin de cuentas, antes de los golpes de él, cuando yo era una chiquilla, era más feliz. Ahora todo lo veo negro y mis relaciones de pareja son muy difíciles. Ya no hay manera de humillarme, de abusarme, pero hubiese querido no conocer jamás en la vida a José Luis Cortés». 

 

Nota del editor: José Luis Cortés, popularmente conocido como El Tosco, fue contactado por la autora durante la redacción de esta entrevista, pero su representante respondió que «el Maestro» no estaba interesado en hablar con la prensa sobre este tema, por considerarlo «extra musical».

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