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Mariela Castro declara que el trabajo forzado para homosexuales en Cuba ha sido «sobredimensionado»

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Homosexuales en Cuba. Edmundo García y Mariela Castro
A la izquierda Edmundo García, a la derecha Mariela Castro. Imagen de You Tube.

La diputada Mariela Castro Espín, conocida por su activismo en favor de la comunidad LGBTI de Cuba desde su cargo de directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), realizó polémicas declaraciones en una entrevista publicada en el canal de YouTube del influencer cubano Edmundo García.

Castro Espín, que también es sobrina de Fidel Castro, restó importancia a las políticas homofóbicas implementadas por la revolución cubana que alcanzaron su nivel máximo en la década de 1960, cuando miles de personas LGBTI fueron internadas en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (Umap), que han sido descritas por los sobrevivientes como campos de trabajo forzado. 

«Yo vi [que] en el proceso evolutivo de Fidel como líder, cada vez que hablaba de este tema, su manera de abordarlo ya iba evolucionando y es lo que yo aprecio», comentó la diputada. 

En declaraciones al periódico mexicano La Jornada realizadas en 2010, el máximo líder de la revolución cubana reconoció su responsabilidad en la fundación y gestión de las Umap.

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Mariela Castro dijo ahora que esos campos de trabajo son un asunto «muy sobredimensionado y muy distorsionado» y los comparó con las «escuelas al campo», una de las políticas educacionales más duraderas y polémicas de la revolución cubana que obligaba a todos los estudiantes del país a trabajar en la agricultura cada año a tiempo completo alrededor de un mes. 

«Nosotros íbamos a la escuela al campo, ¿tú no ibas a la escuela al campo? ¿Ir a la escuela al campo era un campo de concentración?», preguntó Castro Espín al entrevistador. 

La diputada atribuyó al Ministerio del Interior (Minint) una responsabilidad mayor que la del ejército en las violencias reportadas por quienes fueron internados en las Umap. 

«Yo creo que la manera de recoger a las personas fue terrible, eso fue un trabajo que se hacía desde el Ministerio del Interior, realmente no era compatible con lo que había decidido las Fuerzas Armadas», dijo. 

El ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Far) en esa época era Raúl Castro Ruz, padre de la diputada y sucesor de Fidel como líder de la revolución cubana hasta la fecha. 

«En las Umap había directivos, directores de las Umap, que no eran homofóbicos y que trataron bien a su gente y que fueron comprensivos, y otros que eran unos animalones», admitió Mariela Castro.

La funcionaria reconoció haber realizado investigaciones personales sobre los abusos denunciados en la Umap que nunca ha hecho públicas, aunque en 2011 había prometido una indagación formal sobre las violaciones de derechos humanos denunciadas por algunas de las víctimas. 

Castro Espín dijo que su posición sobre el tema ha sido «no estar escudriñando en la basura con malas intenciones». 

«Si nos ponemos a buscar información con buenas intenciones es para decir justamente: ‘esto ha pasado y esto no debe volver a pasar’», puntualizó. 

No obstante, la diputada justificó el internamiento forzoso. 

«Tú no querías ir, pero había que ir, era necesario apoyar, había mucha gente que estaba totalmente distanciada de los problemas del país y no quería poner su granito de arena y eran momentos muy difíciles, que se estaba jugando, de vida o muerte, la revolución y la supervivencia de la soberanía de nuestra nación», dijo. 

«Ah, que no me gusta que se haya hecho, no me gusta, me hubiese gustado que se hicieran de otra manera las cosas, pero fueron así», enfatizó. 

Esta es la segunda polémica que provoca Mariela Castro Espín esta semana. En la inauguración en línea de la XIII Jornada contra la Homofobia y la Transfobia calificó de «garrapatillas» y «baratijas» al activismo independiente, que vinculó  con posturas políticas afines al gobierno estadounidense. 

En mayo de 2019 Cenesex canceló, a petición del gobierno, un desfile LGBTI que la propia Castro Espín había promovido durante una década. En respuesta, la comunidad realizó una marcha independiente que reunió a cientos de personas y fue objeto de violencia policial. La diputada descalificó entonces esa iniciativa con argumentos semejantes. 

En la entrevista de este viernes con Edmundo García, la funcionaria también se refirió al debate que tuvo lugar en 2018 cuando el proyecto de Constitución consultado con la ciudadanía establecía el matrimonio igualitario en un artículo que finalmente fue suprimido

Mariela comentó que la recogida de información en los debates públicos no dejó ver «la realidad de lo que está pasando», porque no registró estadísticas sobre las personas que «sí estaban de acuerdo» con el matrimonio igualitario. 

«Yo veía que la gran mayoría de la gente estaba de acuerdo con el artículo 68», dijo.

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Las «garrapatillas» de Mariela Castro

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Mariela Castro
Mariela Castro.

Mariela Castro Espín provocó otra polémica este martes cuando inauguró en línea, para respetar el aislamiento, la jornada anual contra la homofobia y la transfobia que organiza desde 2008 el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

Durante la transmisión que hizo en compañía del abogado Manuel Vázquez Seijido y del periodista Francisco Rodríguez Cruz, la diputada, funcionaria y activista LGBTI aprovechó para calificar de «baratijas» y de «garrapatillas» a quienes hacen activismo fuera de las instituciones estatales en Cuba. 

En la tradición de la revolución cubana, quien habla sin amparo oficial es descalificado por prejuicio y a la primera. Para el anticastrismo militante, desde la orilla de enfrente, cualquiera que hable desde las instituciones también queda descalificado. 

Para no seguir ese juego al ocuparme de Mariela Castro y por mostrarla como merece, hay que decir que ha impulsado los derechos LGBTI en todas las instancias donde pudo influir y que ha peleado por ellos en el parlamento cubano, tan cerrado a cualquier debate. El prestigio que tiene entre las organizaciones internacionales que promueven esta agenda, se lo ha ganado. 

Los servicios de asesoramiento jurídico, educativo y de salud ofrecidos por Cenesex favorecen decisivamente la aspiración de igualdad de la comunidad gay, lesbiana y trans en un país que ha tenido políticas más homofóbicas y transfóbicas que otras naciones occidentales, en particular después de la revolución cubana. 

Para la comunidad LGBTI, el trabajo de esa institución y los espacios de discusión que ha propiciado fueron una revolución. Desde lejos y con otras perspectivas se les ha calificado de «pinkwashing». Aquí, en la vida cotidiana, Mariela ha sido percibida, por ese liderazgo carismático que ejerce en tono de mujer «pajarera», como un hada madrina todopoderosa.  

El nombre de Mariela es un talismán para los maricones arrestados en un sitio de encuentro o para las trans rechazadas a la hora de pedir empleo. Es una «jefa» que inspira una devoción, a su escala, como la que la mayoría del pueblo cubano dedicaba a Fidel Castro. 

Esa especie de culto no es saludable para el funcionamiento de las instituciones, pero está naturalizado en Cuba y la gente lo justifica, de seguro por falta de otras experiencias de participación política. No sé cómo se ve ella misma ni si critica, aunque sea a ratos, cuando más revolucionaria se pone, ese modelo.  

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Donde Cenesex y Mariela Castro no aportaron nada al activismo LGBTI fue en materia de horizontalidad, transparencia y coherencia, algunas de las condiciones que el movimiento, cada vez más crecido y ambicioso, exige. 

Que una persona heterosexual y cisgénero, no pájara, no tuerca, no travesti, sea la activista más conocida y autorizada del país, revela la incoherencia sobre la que se levanta el activismo oficial. 

Mariela Castro también acostumbra a presentarse como una heredera acrítica de un proyecto social que excluyó la disidencia sexual. Cuando ha tenido que tomar partido, como pasó en 2018 cuando los políticos cubanos suprimieron el artículo sobre el matrimonio igualitario y acordaron someterlo a consulta dentro de dos años, se alineó con la posición oficial y pidió a sus seguidores que se traicionaran por seguir leales al sistema y que la imitaran. 

Hay un momento que sella la suerte de Mariela Castro como activista y deja intacta a la funcionaria. Ese dilema en el que vivió por años quedó resuelto el 11 de mayo de 2019, el día que centenares de personas LGBTI y sus aliadas marcharon por La Habana para protestar por la cancelación de una de las iniciativas callejeras que la propia Mariela promovió durante una década. 

Tuvo que hablar en la televisión y le salió voz de funcionaria. Dijo entonces, con la activista ya negada y sin aportar evidencias, que la marcha independiente no fue legítima, que la pagaron los enemigos del gobierno y que no merece figurar, a diferencia de lo que piensan quienes la calificaron como «el Stonewall cubano», en la memoria LGBTI de la isla y del mundo. 

Su actitud ante el 11 de mayo, la única que podía tener una funcionaria, liquidó el prestigio de Mariela como activista. Las imágenes violentas que están en la memoria de todos fueron la respuesta del gobierno para la ciudadanía LGBTI.   

Algunas de las «garrapatillas» aludidas ayer tuvieron que exiliarse después del 11 de mayo. Otras siguen en Cuba y se esfuerzan por trabajar con independencia a pesar de los límites legales que les impone el propio gobierno cuando les impide asociarse legalmente y gestionar fondos, como hace Cenesex. 

La metáfora de las «garrapatillas» recuerda otras frases polémicas de Mariela con ese mismo sabor popular y es muy precisa en este caso. Los activistas fuera de control son bichos que pican. La diputada, intoxicada como está de activismos desobedientes, quiere usar un insecticida. El 11 de mayo terminó con arrestos. La plaga se trata con spray. 

Ayer Mariela atribuyó falta de «cultura política» al activismo LGBTI independiente, pero debe leerse solo como falta de adhesión al proyecto social autoritario del Partido Comunista de Cuba. Entre esos activistas hay liberales y simpatizantes de las sanciones estadounidenses, pero también anarquistas, comunistas libertarios y anticapitalistas.

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Mariela da la respuesta tradicional que tenía la clase política en Cuba para la oposición conservadora como si no tuviera otra que dar y se hubiera quedado sin palabras adecuadas para los «elvispreslianos» que decía Fidel. 

¿Qué tiene que decir Mariela Castro a quienes desaprobamos la injerencia estadounidense en los asuntos de Cuba y además rechazamos el estilo autoritario del gobierno cubano?

Esta respuesta anacrónica, esta incomprensión, como si fueran pocas sus anteriores pifias y metáforas insultantes, le sale más cara que el silencio ante las «baratijas» que ya marcharon por La Habana, contra la tradición, sin la Casa Blanca y sin la Plaza de la Revolución. 

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Los «sin techo» infectados en La Habana vivían en hacinamiento, sugieren informes publicados desde el año pasado

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Una persona sin casa, sin techo, en Cuba.

Este fin de semana se reveló un nuevo caso de transmisión local ocurrido en un centro para recluir indigentes en el Cotorro, a las afueras de La Habana, que vino a cambiar el pronóstico de la epidemia del nuevo coronavirus en Cuba, como sucedió hace pocas semanas con el evento reportado en un asilo de ancianos de la ciudad de Santa Clara.

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