Sobre la gordofobia y otros complejos impuestos: No dejarse «afectar» no es sinónimo de libertad


2,596 Vistas
(Ilustraciones: Polari)

Yo no soy gorda. Aunque nací con 10 libras y 4 onzas de peso, desde los 3 años soy flaca. Muy flaca. Mi madre cree que fue mal de ojo. Una compañera de trabajo suya un día mientras me veía almorzar deseó que su hija tuviera tan buen apetito como yo. Según mi mamá, a partir de ese momento me puse melindrosa para comer y empecé a bajar de peso. No sé lo que es vivir en un cuerpo gordo.

Mis experiencias se basan obviamente en la delgadez: en la primaria y secundaria, las típicas bromas con mi flaquencia, las comparaciones con un palo o con un güin, el mito de la poca fuerza física, etc. En los camilitos tenía dieta doble porque llegué con bajo peso. Decían que yo era más uniforme y botas que persona. Cuando comencé mi vida sexual, llegaron las observaciones y especulaciones cizañeras de mi madre, vecinas y amigas. Me pedían que me hiciera un chequeo general, «de todo». «Todo» se refería a incluir un análisis de serología.

Cuando cumplí un año en reemplazo hormonal, mi endocrinóloga se alarmó. Las hormonas suelen aumentarnos de peso, pero mi cuerpo, en ese sentido, no se enteró. Entonces me indicó pruebas para descartar problemas de tiroides o VIH. Nada de eso. Pero algo tenía que ser. Algo. Porque no puede ser que una persona sea flaca y ya. Tanto si eres delgada o gorda debes tener alguna enfermedad.

Sin embargo, lo que experimentamos las personas delgadas no tiene comparación con el acoso, el rechazo y el estigma que hay con las personas gordas. A lo largo de nuestra vida hemos conocido a más de una persona que ha sido víctima de gordofobia y lo mucho que le ha costado superar, si es que ha podido, el malestar que le genera. No solo las modas, ni siquiera los servicios de transporte, el espacio urbano y la arquitectura están diseñados para personas gordas. Ahora, además, tienen que lidiar con los ofendidos y ofendidas con que se les incluya en los espacios donde nunca han estado representadas.

He de aclarar que tengo mis reservas con la inclusión como estrategia política de los activismos. No me genera mucha conformidad. De hecho, me inquieta bastante. Exigir la inclusión de personas pertenecientes a grupos históricamente marginalizados en la propia sociedad que les excluye y al poder que las marginaliza, cada día me convence menos. Se convierte en un juego en el que el amo sigue teniendo las herramientas y nosotros las usamos bajo sus reglas y en sus espacios de poder.

Yo no quiero que me incluyan en una sociedad que es cis-hetero-patriarcal y racista, porque yo lo que deseo es que esa sociedad desaparezca. Y la mera inclusión no es garantía de nada. Inclusión sin radicalidad, que no es otra cosa que ir a la raíz, es mantener las estructuras y yo deseo que esas mismas estructuras caigan, no que se afinquen más.  ¿Cómo voy a pedirle inclusión al propio sistema que produce y reproduce ese complejo de exclusiones? Si me preguntan qué haría yo, diría que no sé. No tengo alternativas, pero tendremos que replantearnos esta o inventar una nueva colectivamente.

Por otra parte, si desapruebo esa excesiva actitud de mendicidad de los activismos por la inclusión, más rechazo la postura de aquellos a quienes, nadie sabe por qué, les molesta que una marca de ropa o una película animada incluyan a personas negras, gordas y disidentes sexuales. Yo hasta pudiera hacer una crítica a esa inclusión por sus fines comerciales y neoliberales, pero mi crítica es muy diferente a la de este tipo de personas. La de ellas viene cargada de prejuicios y fobias, disfrazadas de sentido común. Dicen sentirse excluidas «ahora con tanta inclusión». Esa frase merece un pequeño análisis. Cuando la mencionan solo están proyectando la experiencia propia, que es la conocida. Como siempre han ocupado los espacios y han tenido el acceso a ellos sin dificultades con base en el género o en la identidad, en la raza, en la sexualidad o en la clase social, tienden a pensar que ahora que tendrán que compartir esos espacios les pagarán con la misma moneda.

¿Cómo alguien puede decir que se siente excluida porque una marca de ropa, que probablemente ni use, incluya modelos de talla grande, trans, diversos, cuando toda la industria ha estado y está pensada para personas como ella? Incluir es sinónimo de incorporar, englobar, abarcar, añadir, aumentar, diversificar. En cualquier caso, estemos de acuerdo o no con ella, la inclusión no puede entenderse nunca como exclusión o recorte. Verlo de ese modo es torcido, y lo que quiso ser sentido común termina siendo un festín del patetismo.

No tengo la experiencia de vivir en un cuerpo gordo, pero tengo la de vivir en un cuerpo disidente, descartable, calificado como deficiente, antinatural, no saludable ni deseable. He estado en esas zonas. No es que haya personas de cristal, susceptibles o acomplejadas, es que no deberíamos hablar del cuerpo de nadie. Y en caso de que tuviéramos complejos, esos complejos no se han dado en el vacío. Existen porque también existe una sociedad que los propicia. ¿Que debemos superarlos? Es cierto. Pero tampoco deberíamos imponerle a nadie nuestra inteligencia emocional o nuestras prácticas «liberadoras» y «elevadoras» de autoestima. Me parece algo violento intentar que los demás resuelvan su vida con las herramientas que tenemos y que nos funcionaron a nosotros, no desde quien recomienda, sino desde quien impone y además supone que sus herramientas son universales, y obvia las especificidades, complejidad y diversidad de cada persona.

Como mismo no voy a pedir inclusión en una sociedad excluyente, no le voy a exigir a mi salud emocional ni a mi cuerpo más de lo que puedo exigirles en una sociedad que está diseñada para que no salgamos de una crisis depresiva en otra y que mi cuerpo se agote intentándolo. No voy a responsabilizarme de unos patrones estéticos que no inventé yo. No me romperé la cabeza buscando gurús y maestros espirituales para que me ayuden a lidiar con los malestares de la vida. No me voy a sentir mal por los complejos que haya desarrollado a causa de este sistema que acompleja. Tampoco me dejaré engatusar por los excesivos mensajes de positividad tóxica, de resiliencia, del yoga y del mindfulness. Nada de esto debe confundirse con una renuncia a la felicidad o la búsqueda del bienestar. Hablo desde mi experiencia lidiando con depresiones, discriminaciones y carencias. He hallado la tranquilidad en saber que, ante todo, nada de eso es responsabilidad mía. Lo cual no quiere decir que no me ha tocado salir a buscar ayuda. Agarro de cada propuesta lo que me sirve. Y trato de elegirla en la mayor libertad posible.

Dejarse afectar puede ser también una postura antisistema. No deberíamos verlo siempre como un signo de eficacia del sistema. ¿Por qué luchar contra lo que es un fallo de él y echarnos la culpa nosotros mismos? Si el sistema quiere que seamos infelices también quiere mantenernos ocupados e invirtiendo tiempo, dinero, horas en el gimnasio, fuerza mental y física buscando la felicidad que nos esconde. No dejarse afectar no siempre es sinónimo de bienestar, de inteligencia emocional o de libertad del cuerpo y de la mente. Puede ser otra forma de sumisión. Esa libertad también puede ser cadenas. Un cuerpo verdaderamente libre y sin complejos no es el que dice que no va a permitir que algo le afecte. Un cuerpo verdaderamente libre y sin complejos, pienso, es el que no tiene la necesidad de hacerle señalamientos a otro cuerpo, ya sea por flaco o por gordo, o de molestarse porque a ese cuerpo le den el mismo valor, representatividad y dignidad que al suyo.

Mel Herrera

Mel Herrera

Escritora y activista

Comments (10)

  • Avatar

    Vivian

    |

    Mel no te conozco personalmente pero desde hace un tiempito te sigo,me encantan tus reflexiones y tu forma de escribir,sabes como llegar a las personas,aún cuando no concuerde en todo con lo que dices me haces reflexionar y replantear,eso es algo que no todo el mundo logra.Felicidades y muchos éxitos,hacen falta más personas como tú.Sigue siendo inspiración para muchos!!

    Reply

    • Avatar

      Mel Herrera

      |

      Muchas gracias!!!💛

      Reply

  • Avatar

    Dima

    |

    Preciosa reflexión 🤩👌

    Reply

    • Avatar

      Mel Herrera

      |

      ¡Gracias por leer!😁

      Reply

  • Avatar

    Aitana

    |

    “ No voy a responsabilizarme de unos patrones estéticos que no inventé yo.” Wow, nunca lo había visto de esa manera!!! Como siempre un placer leerte.

    Reply

    • Avatar

      Mel Herrera

      |

      Gracias por leerme🌸

      Reply

  • Avatar

    Vallentinas_studio

    |

    Mel… Sin palabras mujer!

    Reply

    • Avatar

      Mel Herrera

      |

      ¡Muchísimas gracias!

      Reply

  • Avatar

    Marla

    |

    Lo mejor que he leído en los últimos tiempos, precioso. Respetar y aceptar al Otro en su otredad, condición indispensable para la co-existencia de la singularidad de los cuerpos.

    Reply

    • Avatar

      Mel Herrera

      |

      ¡Muchas gracias por leer y por su cometario!

      Reply

Haz un comentario