Silvio Rodríguez y Yunior García: Las generaciones que no se ponen de acuerdo


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Silvio Rodríguez y Yunior García (Ilustración: Polari)

Cuba pasó, de una parcial familiaridad acrítica entre generaciones, a un estallido social. Sucesos como los del pasado 27 de noviembre frente al Ministerio de Cultura y las manifestaciones de este 11 de julio, fueron explosiones de la inconformidad ciudadana.

La participación política de la ciudadanía, a pesar de algunos instantes multitudinarios que fueron genuinos, no fue posible bajo la Revolución Cubana. El estallido social del pasado 11 de julio es el gesto de una nación agotada. Miles de cubanos salieron a las calles en reclamo de libertades y derechos elementales, así como de una atención efectiva por parte del Estado.

Ante la crisis, el gobierno tomó nuevamente al embargo norteamericano como excusa, eludiendo su responsabilidad ante el estallido. La represión y la violencia por autoridades contra los manifestantes se incrementó cada día.

No queda claro cuántas personas fueron detenidas y qué pasó con ellas. Reportes recientes, elaborados por activistas y organizaciones defensoras de derechos humanos, manejan cifran incompletas.  

Frente a esta caótica escena, el dramaturgo Yunior García Aguilera publicó un análisis dirigido a la izquierda cubana. Desde la manifestación del 27 de noviembre, Yunior apareció en la discusión pública a favor del diálogo entre el poder y la ciudadanía. Su posición no ha cambiado. Las circunstancias tampoco.

«Mensaje para una izquierda silente» fue el titulo de su publicación en las redes sociales. El mensaje abordó una visión crítica al Estado y su matriz ideológica. «El poder en Cuba es siniestro, sí, pero NO ES de izquierda», dijo García Aguilera.

«El poder en el país donde nací y donde vivo, ordenó el combate entre hermanos, en las calles, este 11 de julio. Movilizo a militares y “camisas negras” para defender sus tiendas en moneda extranjera, sus oficinas con aire acondicionado, sus autos, sus mansiones con piscina, sus cargos, sus privilegios. Y mandaron a un grupo de cubanos pobres a reprimir a otros cubanos, que no tienen nada, o casi nada… que no es lo mismo, pero es igual», advirtió el dramaturgo.

En el análisis no solo expuso su posición con respecto a la violencia gubernamental. También se refirió a la falta de derechos ciudadanos y al cuestionable corte de internet.

García Aguilera le reprochó al discurso oficial la intención de descalificar a los protestantes. «No son marginales, son marginados», dijo.

«Quien después del 11 de julio de 2021 siga creyendo que Cuba es una “democracia de izquierda”, perdóneme, pero sufre gravemente de ceguera social y dislexia política», advirtió, rotundo.

Pero Yunior no se detuvo allí. Ante la reacción de numerosos artistas en favor del gobierno, el dramaturgo invitó a conversar a Silvio Rodríguez. Si hay un símbolo artístico de la Revolución Cubana, es Silvio. El cantautor, en los últimos tiempos, lo mismo ha defendido el legado histórico de Fidel Castro que ha criticado la deriva autoritaria del gobierno. La invitación de Yunior llegó en el texto «Carta abierta al propietario de un unicornio perdido».

«Silvio, no me importa cuantas veces me digan que es inútil escribirte. Yo también, a veces, soy un necio», escribió, y «me dirijo a ti porque tu voz me importa, porque crecí escuchándote, porque todavía evito todas las sillas, peligrosas, que me invitan a parar. Te escribo de pie porque sé que el ser humano que fue capaz de crear “Sueño con serpientes”, no puede hacer una lectura tan elemental de mi generación y sus complejidades».

Rodríguez accedió a una reunión esta semana en sus estudios Ojalá. «¡Silvio respondió! Si me permiten salir de mi casa, hoy nos veremos en Ojalá», anunció García Aguilera el pasado 21 de julio.

«Ya conversamos», posteó Yunior al cabo de unas horas. «Fueron 70 minutos de franqueza en los estudios Ojalá. Ninguno convidó al otro a renunciar a sus posiciones ni principios. Fuimos capaces de confrontar nuestras diferencias desde el más absoluto respeto y preferimos concentrarnos en nuestras coincidencias. Tampoco perdimos el tiempo en discutir los temas que no podemos resolver en la práctica ninguno de nosotros. Nos enfocamos en cómo aportar, ahora mismo, al bien de la sociedad cubana, en su conjunto».

La lectura pública del encuentro ha sido heterogénea. Mientras algunos agradecen la intención de articular fuerzas para una mejor gestión de los conflictos, otros continúan dudando de la oportunidad que supondría una mediación, con figuras de distintas generaciones como Silvio Rodríguez y Yunior García.

«El encuentro con Yunior y Dayana (realizadora audiovisual y pareja del dramaturgo) fue bueno, no exagero si digo que fraterno, hubo dialogo, intercambio, nos escuchamos con atención y respeto», explicó Silvio.

Sin embargo, su mensaje también evidenció que el desencuentro no se resolverá fácilmente. «Para mí lo más doloroso fue escuchar que ellos, como generación, no se sentían ya parte del proceso cubano sino otra cosa. Me explicaron sus argumentos, sus frustraciones. Trate de hacerles comprender que a mis años también todo me resultaba mucho más lento de lo que esperábamos que fuera», relató.

Suena como si Rodríguez intentara persuadir, en papel de padre protector, a los jóvenes. «Demasiado doloroso para mí que se declaren fuera; no puedo aceptar ese fracaso ni en nombre del dolor por las incomprensiones», dijo el trovador. «Yo también las sufrí y jamás llegué a sentirme fuera».

El encuentro fue a puertas cerradas. El pasado 11 de julio, con miles de ciudadanos protestando en ciudades de todo el país, Yunior intentó dialogar en público y reclamó este derecho frente a los estudios de la Televisión Cubana. Fue detenido.  

De su conversación con Silvio, el dramaturgo reveló que el cantautor se comprometió a «abogar por la liberación de todos los presos que participaron en las protestas» y también anunció «un proyecto (que en su momento se hará público)» para «un debate verdaderamente plural, inclusivo, cívico, respetuoso y amplio».

Estas generaciones van a conversar, pero el acuerdo no depende exclusivamente de estos encuentros. El poder todavía no quiere conversar con nadie, ni siquiera si la apelación la hacen miles de personas.  

Ernesto Rodríguez

Ernesto Rodríguez

Un pájaro sin carné

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