Se fue Mariam «Equilibrio», la friki gótica que mejor simboliza una época reciente (y remota) de La Habana


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(Ilustración: Polari)

Ella no quería lloradera de ninguno de sus amigos. Lo dejó bien claro muchas veces: «Yo soy una guerrera, a los guerreros no se les llora».

Poca gente en el parque de G, el bar AA (Doble A) y el Maxim Rock sabía su nombre. En el micro mundo de la «frikandá», desde los bancos donde se sentaban «los dinosaurios», los frikis históricos, hasta los estertores de la avenida frente al muro del malecón, Mariam era el justo «Equilibrio» de la noche.

Hacerse notar en aquella selva era difícil. Hay gente que se pasó la vida haciendo todo tipo de performance para sobresalir entre tantos personajes. «Equilibrio» no necesitó nunca de murumacas o una voz gutural que resonara en cada esquina de G, todo lo contrario. Bastaba con alzar la vista, verla subir, bajar, empiquetada o inmensamente sola.

Las distintas tribus urbanas que pasaban la noche amarradas a una guitarra, a un rifle de ron de hospital, o a unos metiles, eran su camuflaje. Era allí, hace años, donde Mariam «Equilibrio» llevaba la justa medida de una juventud tildada de marginal y acéfala.

Dicen que tuvo una infancia difícil, que sufrió de bullying, que no tuvo una familia de abecedario y que a veces pasaba largas temporadas en voto de silencio. Vivía tal vez en el Mónaco de Diez de Octubre. Una 174 la dejaba en el corazón del Vedado y allí, provista de amigos, desconocidos y frikis de todos los colores, desfilaba sin pisar el césped.

Más de una vez la vimos alimentar a un perro callejero con lo que comía ella misma. Un pan con croqueta, un maní, una pizza. Una vez, un socio al que nunca más he visto le compró los siete pulsos que estaba vendiendo, a diez pesos cada uno, para hacer ponina y conseguir alcohol en el 666 o con «el Químico».

Equilibrio quizás también la llamaban por su físico raquítico. Cuando caminaba parecía hacerlo sobre una cuerda floja. No diferenciaba entre hombres lobos, vampiros, trovadores, emos, adventistas del séptimo día o chivatones. A ella le daba igual dar muela. Venía, saludaba, se sentaba, pedía un cigarro, un buche de ron, sonreía y descargaba sin importar el tema de conversación.

Mariam «Equilibrio» (Foto: Facebook)

Hablaba sin parar, como si tuviera mucho que decir y no le alcanzara el tiempo. Podía conversar de sus bandas favoritas, de un tema nuevo que recién había escuchado y le reventaba la cabeza, de lo vacío que estaba el parque esa noche, de la mejor hora para llegarse al bar AA, o del piquete nuevo que había tocado en el Maxim Rock el fin pasado.

A veces cambiaba de tema y hablaba de cosas alegres, de querer vivir en otro país donde la gente la entendiera. Su voz, delicada antes de las pausas, mostraba un espíritu atrapado en el marabuzal de una isla temperamental y siniestra.

Más de uno que la conoció cuenta que Mariam hablaba de la muerte como si ya la hubiese vivido. Querer suicidarse a los 27 años era una especie de paranoia festiva para ella. Soñaba con el selecto club rockero de los 27. Incluso dejó saber cómo quería que fuera su muerte o su velorio. Dicen también que los frikis de toda La Habana quisieron saludarla por última vez la madrugada de este lunes y se fueron a la funeraria de Santa Catalina. Su suicidio ha conmocionado a muchos, incluso a los que ni siquiera llegaron a tratarla.  

Hay rumores que la han hecho morir en el Vedado, el sitio donde se hizo famosa. Se dijo que murió tirándose del edifico Girón, en Línea y F, como un remake del suicidio de su novio. Lo cierto, para que lo sepan los que la vieron pasar alguna vez por G, es que Mariam tomó pastillas en su cuarto. Estaba embarazada. La muerte de su novio la dejó muy sola.

Aquella muchacha de la que pocos conocían su nombre, de la que pocos conocían algo, ahora es una leyenda absoluta en el imaginario de los trogloditas de G. Otro cantar de gesta para sostener el equilibrio de La Habana.  

Comments (1)

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    Odalys Corominas

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    Gracias por compartir su historia, muy buen artículo. Descanse en paz esta joven, que el camino le sea leve.

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