San Isidro, la poca fiesta que queda en la política cubana


2,505 Vistas
Tomada de la página oficial de facebook del Movimiento San Isidro. 

Ellos quieren meter una bomba en San Isidro, pero se conforman con vigilar en lo que prenden la mecha y disparan. En la calle Damas 955, donde unas quince personas se reunieron, más bien se acuartelaron, para exigir al gobierno que libere a Denis Solís, está atrincherada también la policía, diciendo que no lo va a soltar y que, si insisten, les echará el guante a todos.

Un muchacho que yo conozco fue hasta San Isidro y le pidieron la identificación antes de dejarlo pasar. Dijo que iba a ver a la novia, se lo creyeron. Le tomó el pelo a la policía, más de lo que pudiera creerse, porque es gay. Entró a ver a los sitiados y me dijo que están bien, que van a seguir ahí hasta que el gobierno deje tranquilo a Denis Solís, acusado de desacatar la autoridad, por supuesto, de ese mismo gobierno.

Lo que agradezco de esto que pasa ahora, es que el Movimiento San Isidro decidió hacer otra cosa. Durante la última semana, ese grupo de artistas y activistas disidentes fue a la calle y terminó arrestado muchas veces. A diario, heroica y tediosamente. La Stasi cubana, la policía política, ya ni los interroga. Se conforma con echarlos un rato al calabozo y dejar que pase el día.

Para que la escena no sea tan monótona, los activistas decidieron acuartelarse y convocar a «un susurro poético», una forma de protesta rimada que tampoco le gusta al gobierno.

Empezaron diciendo poemas por una calle principal de La Habana y no los dejaron seguir. Arresto y tapaboca. Luis Manuel Otero Alcántara, un artista que el gobierno liberó hace meses tras una protesta como esta, leyó Song of myself, de Walt Whitman, no Sóngoro cosongo. Caminaba, leía y se reía con Whitman, lo descubría. El rapero Maykel Osorbo escogió un trozo de Federico García-Lorca. Katherine Bisquet, una poeta, por oficio más leída que los demás, apostó a Dylan Thomas. Y así fueron leyendo hasta que los arrestaron cuando estaban muy cerca de la estatua ecuestre de Martí que el gobierno encabalgó, como si fuera un verso desubicado, en un parque de La Habana.

Los artistas de San Isidro son lo único divertido que queda en la política cubana. El gobierno aburre, la oposición aburre. En San Isidro siempre hay fiesta. Salen a bailar en la calle, se ponen la bandera cubana de bufanda, se disfrazan de lo que venga al caso, de albañiles o de presidiarios, según ocurran derrumbes o encarcelamientos en La Habana. La verdadera diferencia que hacen es la de reírse. Y la gente seria que se une a ellos acaba riéndose o dando risa.

La noche de este martes quince personas se preparan para dormir en San Isidro. Primero limpian la casa, una ruina queriendo levantarse que a este paso festivo de piyamadas lo logrará primero que el país.

Omara Ruiz Urquiola le dice a Osorbo que limpie el baño. Él pide una escoba y le alcanzan una que está pelada. «Ni escoba tenemos y dicen que somos mercenarios», comenta como si estuviera en una directa de Facebook. Esto consiste en denunciar siempre. El picadillo, la grieta, el pan, la gotera, incluso la escoba pelada que no sirve para barrer los males de la República.

Tomado del perfil personal de Denis Solis González 

A sus transmisiones en vivo de se conectan miles de personas que siempre lo aclaman, aunque el rapero diga cosas obvias. En San Isidro se dicen todos los lugares comunes sobre Cuba que la gente está cansada de oír, pero no tan alto. Lo agradecen entonces y miran a Osorbo como si fuera un filósofo o un héroe antiguo y elocuente.

El silencio propio de las dictaduras acostumbra a dar con la salida del lugar común. Y sale como poesía, que sea rapera, coloquial. La Stasi ha oído mucho poema en estos días, bueno y malo, pensando que esos versos fueron armados, como mínimo, con una métrica subversiva y pagada por el gobierno de Estados Unidos. La capacidad de leer no les da para más, lo que no quiere decir que sea magistral la facultad que tiene San Isidro para decir un poema.

Denis Solís desacató algo que no se puede acatar. Sancionarlo por desobedecer es injusto. Pero leer poesías para avisar que meterlo en la cárcel está mal y que este país no es tan poético como quisiéramos, es tener una gracia kitsch. No por el acto en sí de susurrar poemas, sino porque Denis Solís, el héroe del día, nunca cantó una canción que sirva. No dijo nada con sentido común en sus redes sociales. Ha celebrado a gritos a Donald Trump, como si fuera un prócer. Dijo disparates en serio, con la cara de decir algo trascendental.

Así fue cómo Denis desacató (y lo grabó en vivo para Facebook):

―¿Quién lo mandó a usted a pasar sin pedir permiso? ―le pregunta a un policía que apareció en su casa. De pronto estaba dentro, como si fuera el dueño, con su escarapela que dice PNR.

―Es un pasillo ―responde el oficial, un calvo con nasobuco, y hace un gesto que explica cómo entró. Mueve el brazo.

―Esto no es un pasillo, es una casa ―dice Denis―. Yo le pido ahora que se retire de la puerta pa’ afuera y tiene que contar con mi permiso, yo decido si usted pasa o no a mi casa.

El policía saca un teléfono del bolsillo y empieza a anotar algo. Va reculando mientras escribe. Sale despacio de la casa, marcha atrás.

―¿Se puede retirar un momentico para afuera? Para después yo pedirte, exigirte, una explicación del porqué tú me estás molestando a mí, cuando yo, que yo sepa, no he matado a nadie ni he roto una puerta ni he robado como suelen hacer tus malditos verdugos ―sigue Denis. El policía anota.

―Que Raúl Castro es maricón ―dice―. ¿Viste? Ustedes se subordinan al homosexual.

El policía empieza a grabar.

―Fílmame, que yo te filmo también. Yo soy tremendo bola ‘e pinga. Yo no creo en uniforme, usted es un penco envuelto en un uniforme.

El teléfono del policía hace flash.

―Yo soy más pingú que tú y que todos los que te mandan a ti. ¡Yo soy el lobo solitario! Así que sígueme haciendo acoso pa’ que tú veas que vas a explotar. ¡Donald Trump 2020! ¡Ese es mi presidente!

―¡Gracias! ―dice el policía desde la acera. Misión cumplida, parece decir.

Está muy bien entonces que el Movimiento San Isidro le de poemas de Dylan Thomas a Díaz-Canel por la cara. Es como decirle, aunque sea por alardear, aquí hay, por lo menos ahora, la poesía que tú no tienes, la que nosotros tampoco tenemos, la que no tiene ni Trump, la que Denis Solís no tendrá cuando le des la libertad.

Nada que haga Denis Solís, Maykel Osorbo, Omara Ruiz Urquiola, nadie del Movimiento San Isidro, desalentará la justeza de pedir la liberación de un activista. Hay que pedirla por amor propio también, para que la campeona del kitsch, la dictadura, no sea la única que recite algo mal rimado y lo presente como un soneto perfecto.

Libertad para Denis Solís, en resumen. Hagamos una uve con los dedos. Ahora sí vamos con todo. Por él, por ti. Hasta afuera.

Maykel González Vivero

Maykel González Vivero

Periodista.

Comments (1)

Haz un comentario