Salí del clóset un 17 de mayo, igual que Donna Summer


1,158 Vistas
(Ilustración: Polari)

Este 17 de mayo se cumple un año exacto desde que salí oficialmente del clóset.

Recuerdo haberme levantado con «la espinita» de aprovechar ese día tan importante para la comunidad LGBTIQ+ y de una vez por todas conversarlo con mis padres.

En cierto momento del día, cuando le comentaba a un amigo lo perfecto que sería acabar de dar el paso en esa fecha, me dijo: «No hay huevos». Y le dije: «Ok, verás».

Finalmente, como creo que soy una persona decidida, no dudé a la hora de actuar, y me senté con mis padres a conversarlo muy natural. La acogida que me dieron fue inmejorable, justa y mejor de lo que creí. Ya estaban medio preparados, como padres que son.

Sucedió en plena cuarentena, todavía no sospechábamos lo mala que se pondría la situación tiempo después. Yo ni siquiera pensaba en política. Vivía bien.

Este de 17 de mayo, el país no ha cambiado mucho. Sigue la pandemia, todo va de mal en peor y se nos exige que resistamos bajo el manto ahuecado del socialismo, que lo enmendemos con hilo rojo de continuidad, incluso sin utilizar dedal.

Si no hubiera salido del clóset el año pasado, y lo hubiera hecho en 2019, cosa que, desde luego, no iba a suceder, pues en ese momento no estaba ni seguro de mí, quizás el primer de aniversario lo hubiera vivido de otra manera.

Naím Fernández (Foto: Facebook)

Lamentablemente, no me tocó así. Viví mi primer año fuera del clóset en una etapa difícil y convulsa. Incierta, ofuscada por el desorden. Pero no importa. Lo único importante es que, desde entonces, he crecido y he alimentado mis convicciones.

Este 16 de mayo estuve bailando en mi cuarto, ya fuera como terapia disociativa de la actualidad cubana o como festejo por haber tomado una decisión tan importante y estar aquí, un año después, todavía en la debacle, pero con el apoyo de quienes me importan.

Hoy, en pleno mayo de 2021, en Cuba, el Estado no tiene otra opción que ceder ante lo que se viene exigiendo desde hace mucho tiempo. Y se inventa, en pleno caos, mitómanas excusas para justificar por qué no han dado pasos en el ámbito de los derechos LGBTIQ+.

Tiendo a imaginarme al Estado como un anciano obsesionado con algo que, de tanto mentir, él mismo se ha creído y lucha por defender, obviando lo absurdos que son los caprichos.

El Estado se vuelve charlatán cuando le faltan los paliativos y se entrega al delirio victimizador. No obstante, tengo fe en que, como dan a entender las campañas llevadas a cabo últimamente por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), este viejo dé el paso.

El Ministerio de Salud Pública amaneció este lunes con una bandera del arcoíris y yo terminé el 16 de mayo bailando al estilo de Donna Summer. El viejo y yo, cada uno por su lado, vamos mejor.

Naím Fernández

Naím Fernández

Estudiante

Haz un comentario