Rigor mortis o 59 aniversario de la Unión de Jóvenes Comunistas


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Adriana Fonte Preciado (Foto: María Lucía Expósito)

Me entero por un meme que el encabezamiento de Wikipedia para la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) es «pichones de chivatos singaos». Me indigno, porque yo soy de la UJC.

Luego una persona allegada me pregunta por privado que si sé perfectamente lo que significa la UJC. «¿Hoy por qué estás ahí?», dice. «¿No consideras incorrecto defenderla?»

Mi falta de tiempo solo me deja responderle que entré a la UJC por ignorancia y que no me he ido por pereza, pero los insultos de quien «hackeó» la Wikipedia los tomo como una ofensa a todos los comunistas.

Recuerdo claramente el día que fui «captada» para la Unión de Jóvenes Comunistas. Corría el 2013. Estaba yo cursando mi décimo grado en una escuela deportiva de Pinar del Río. Tenía 15 años.

Un día llegó una visita al aula para explicarnos las razones por las que deberíamos hacernos militantes de una organización como la UJC. Hablar de comunismo a un aula de adolescentes no era fácil.

Entonces, para simplificar la cuestión, comenzaron a darnos una lista de campeones olímpicos que eran militantes de la UJC. Mencionaron a Mijaín López, Dayron Robles, Yipsi Moreno. Rápidamente algunos levantaron la mano, encandilados por los nombres de esos ídolos, pero el número no convenció a la visita, que debía cumplir una cuota anual de nombres. Cual subasta ideológica, comenzaron con el «quién da más».

Pronto pasaron de lanzar la pregunta al aire a señalar con el dedo y preguntar las razones individuales del por qué no. Los colores de los rostros subían y bajaban. Pronto aceptó ingresar a la UCJ el 80 por ciento del aula. Ahí estaba yo.

Al otro día fui a las oficinas de la organización para hacer el «crecimiento». Rellené planillas donde me preguntaban cosas raras. Tuve que dejar mucho en blanco porque no sabía ni qué poner, pero ellos me aseguraban que no tenía importancia. Entendí que, pusiera lo que pusiera, me aceptarían. Cuando terminé les entregué la planilla y con una palmadita en el hombro me dijeron: «Alégrate muchacha, ahora pagarás solo la mitad del pasaje en las guaguas».

Quince días después recogí mi carné blanco, azul y rojo. Mella, Camilo y el Che. La bandera del M-26-7 a la izquierda. Mi nombre, un número de serie, la firma del Primer Secretario de la UJC, del que no sabía ni el nombre, y por detrás unas palabras de Fidel. Fui y lo plastiqué para ponerlo en mi cartera, orgullosa.

Hoy, ocho años después, casi terminando de estudiar en la universidad, me pregunto qué ha sido de la UJC. Salvando las válidas excepciones, porque las hay, nos dirigen mediocres que responden a sus propios intereses, casi siempre orientados a escalar una pirámide que solo tiene un camino a la «cima». Se entrenan entre ellos para la demagogia y entre ellos se aplauden. Yo lo he visto, he estado ahí. Para nuestra desgracia, son ellos los que luego pasan al Partido Comunista de Cuba (PCC) y de ahí a la Asamblea Nacional del Poder Popular, al Consejo de Estado.

No es despreciable la dimensión de culpa que tiene el PCC, y por tanto la UJC, en toda esta descomposición a la que asistimos, sobre todo porque se han olvidado de educar.

Ya no recuerdo la última vez que me convocaron a una reunión. Y, para que se sepa, pago mi pasaje completo en las guaguas.

Hoy sé a qué se refiere la «C» de sus siglas. No la de Cuba, hablo de la otra.

Desempolvo mi carné, que ya no perdió el plástico. Lo observo con detenimiento. Miro al Che, a Camilo, a Mella. Siento pena.

Este 59 aniversario sirve para, con una vela en mano, decir adiós a una organización que un día muy lejano fue revolucionaria. El rigor mortis es un signo inequívoco de la muerte. La rigidez de unos músculos que no se mueven ni aplicándole toda la fuerza bruta del mundo.

A la UJC que hace actos de repudio, a la que espera indicaciones para resolver problemas, a la que no disiente, a la que lucha el pasadía en Varadero, a la que cobra y no hace nada, a la que no lee, a la que reproduce discursos obsoletos, le digo que no me representa.

La muerte, por otra parte, abre paso a los nacimientos. Por suerte he conocido a jóvenes increíbles con un potencial inmenso. Decía Salvador Allende que ser joven y no ser revolucionario es una contradicción incluso biológica. Ahora nos toca elegir la acepción de «revolución» que más nos convenga.

 

Comments (9)

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    Abdel Andy Porras Avila

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    Sabes que es lo gracioso, que lo que dices es verdad, pero, mas gracioso, es la respuesta dada a este escrito tuyo, me gustaría mucho hablar acerca de estos temas contigo, soy un ávido lector, por favor trata de contactarme por whatsapp(56915504)….

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    Yasmani Castro Caballero

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    Buena reflexión. Ese es el verdadero significado y espíritu de una joven revolucionaria y comunista. Alejada de la demagogia y la mojigatería que tanto acostumbran los cuadros

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    Alvaro

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    Adriana, te felicitamos muchos. Muy valioso tu vivir. Recibirás el odio de los dos extremos pero será mayoritaria la comprensión de nacionales.

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    Ruben

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    Muchachita Revolución quiere decir CAMBIO .
    Comprendo tu decepción.

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    Cruz Méndez

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    Yo siento asco por ellos y por Juan que no tiene ninguna intención de humanidad. Hdp hay en todas las creencias.

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    Juan Valdés

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    Jódete, eres una cómplice, ésta es un lamento por el pasado “brillante”, de ese nido de HDP, camisas negras del biranato, no me apena, me repugna, todos ustedes son esbirros, artífices de la larga ofensa, no es rigor mortis, es pudrición cadavérica.

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      Gabriel

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      Juan ese comentario lleno de odio es de un clásico HDP, parece que eres de ahí también

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        Eduardo

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        Juan Valdez, eres tan perjudicial y dañino como los dirigentes que maltrataban a Cuba.

        Quien te has creído que eres? Que has hecho tú tan heroico para juzgar a esa muchacha tan duramente y hasta desearle el mal? Debieras pedirle disculpas.

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