Riesgos y vulnerabilidades del COVID-19 en Cuba


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Hasta la fecha, Cuba tiene, oficialmente, cuatro personas infectadas con la COVID-19: tres italianos y un cubano residente en Villa Clara, provincia ubicada en el centro del país. Casi tres meses tardó el virus en llegar a territorio nacional, desde que se reportaran los primeros casos el pasado diciembre de 2019, en la provincia china de Wuhan. 

Tres de estos cuatros pacientes diagnosticados clasifican como casos «importados», pues los extranjeros entraron a la Isla portando el virus. Mientras, el cubano se contagió a través del contacto con su esposa, que arribó a Cuba proveniente de Italia el 24 de febrero. 

No se puede hablar aun de un brote de la COVID-19 en Cuba. Sin embargo, debemos considerar que existe un porcentaje significativo de poblaciones en riesgo y vulnerabilidad debido a condiciones demográficas y sanitarias. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que, «por lo general, los síntomas de la COVID-19 son leves, sobre todo en los niños y adultos jóvenes». El virus pertenece a una familia (coronavirus) que causa infecciones respiratorias en los humanos, desde resfriados y gripes hasta neumonías (inflamación de los pulmones) y bronconeumonías (inflamación de los bronquios). La gravedad de esas infecciones depende del sistema inmunológico (cómo responde el organismo) y el estado de salud general de cada persona.

De acuerdo con esta organización sanitaria, solo uno de cada seis infectados presenta dificultades para respirar y desarrolla enfermedades graves, lo que aumenta las probabilidades de muerte. Lamentablemente, los más vulnerables son los adultos mayores y aquellos que padecen «afecciones médicas subyacentes, como la hipertensión arterial, problemas cardiacos o diabetes». 

En Cuba, el 20.4 por ciento de los habitantes tiene o sobrepasa los 60 años de edad, de acuerdo al Anuario Demográfico, Edición 2019. Esta cifra ubica a la quinta parte de la población total en un grupo de riesgo. Y aclaramos: riesgo de desarrollar condiciones graves, algunas con peligro para la vida. No riesgos directos de contraer el virus. 

De ellos, las mujeres entre 60 y 64 años constituyen un grupo todavía más susceptible. En ese rango etario se concentra el mayor porcentaje de afectaciones por hipertensión arterial y diabetes mellitus (73 y 26 por ciento, respectivamente, de las mujeres comprendidas en esas edades, según el Anuario Estadístico de Salud, Edición 2019). Hablamos de 227 mil hipertensas y 80 mil diabéticas que pueden tener consecuencias fatales en caso de contraer el virus. 

En su documento aclaratorio, la OMS no refiere el asma bronquial ni otros trastornos respiratorios agudos como padecimientos que pudieran agravar la situación de un paciente infectado. Esto resulta contradictorio, dado que el virus ataca precisamente al sistema respiratorio. Sin embargo, la organización insiste en que toda la información está registrándose en tiempo real, siguiendo patrones en el comportamiento de los pacientes. No se trata de información concluyente.

En Cuba más de la mitad de la población (5 millones 795 mil) padece enfermedades respiratorias agudas, según los últimos datos disponibles en el anuario que publica el Ministerio de Salud Pública. Se trata de un grupo realmente grande, aunque sin graves consecuencias en caso de infección.

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La COVID-19 se propaga a través de secreciones por la nariz y la boca; cuando alguien tose o estornuda a menos de 3 metros de distancia, o por contacto con superficies recién infectadas. Es por ello que las autoridades sanitarias mundiales insisten en el uso de desinfectantes y el lavado constante de las manos con agua y jabón.

Una medida higiénica tan simple puede complejizarse en el contexto cubano, donde la entrada de agua potable no es regular en todas las viviendas. La información más reciente (Anuario Estadístico de Medio Ambiente, Edición 2017) refiere que el 4.5 por ciento de la población no tiene ningún tipo de acceso, y un 20.5 por ciento sí lo tiene, pero mediante servicios públicos, no por conexión domiciliaria. 

Aunque los números parecen bajos, hablamos de un total de 2 millones 800 mil personas con dificultades severas para el acceso desde sus hogares.      

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Edificio en obra negra y sin servicios de agua potable que sirven de vivienda en Cuba. Foto. Yariel V.

La cobertura continua —prácticamente apocalíptica— de los medios de comunicación ha inducido el pánico en la población mundial. Cada día se publican nuevas cifras de enfermos y fallecidos. Pero lo cierto es que, hasta el momento, las víctimas fatales solo representan el 2 por ciento del total de infectados, de acuerdo con las aclaraciones de la OMS. Y la mayoría de las personas (alrededor del 80 por ciento) se recupera de la enfermedad sin necesidad de recibir tratamiento especial. 

El gobierno cubano ya dispuso tres laboratorios de epidemiología para el diagnóstico del virus; uno en el Instituto Cubano de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), y los dos restantes en Villa Clara y Santiago de Cuba.

Las autoridades han tomado medidas como la producción priorizada de jabones dermatológicos, soluciones desinfectantes y nasobucos; así como la disposición de camas en diferentes salas hospitalarias por todo el país para los posibles infectados. 

Asimismo, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social informó que la protección salarial a los trabajadores está garantizada en caso de contraer la COVID-19, de acuerdo a las disposiciones de la Ley no. 105 de Seguridad Social. 

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