Regresa Enrique(ta) Favez, el primer ícono LGBTI+ de Cuba


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La actriz francesa Sylvie Testud interpreta a Enriqueta Favez en la película Insumisas. (Fotograma tomado de freeyourpost.com)

A dos siglos del proceso que la condenó «por vestirse de hombre» y por casarse con una mujer, Cuba dedica varios homenajes a Enrique(ta) Favez que celebran su condición de precursora en la batalla por los derechos sexuales.  

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A principios del siglo XIX, un médico arriba a Baracoa, la ciudad más oriental de Cuba, y se presenta como Enrique Favez. Ese ni siquiera será su gesto más atrevido: el doctor, con los senos escondidos bajo una faja, llevará al altar a la cubana Juana de León y convivirá con ella hasta que las sospechas crezcan y la primera boda encubierta de dos personas del mismo sexo acabe en juicio y exilio.

A dos siglos del proceso judicial que le condenó, Enrique(ta) regresará a Baracoa sin la obligación de ocultar sus senos. Ahora será una estatua inevitablemente vinculada a los derechos de la comunidad LGBTI+ en Cuba.

La escultura, a cargo del artista José Villa Soberón, es todavía un proyecto cubano con la fundación la Agencia Suiza para Desarrollo y Cooperación (Cosude). Aunque el escultor no ha ofrecido detalles sobre la forma o concepto ni el lugar exacto donde será emplazada, la pieza se concibe a la par de otros homenajes artísticos a Favez.

Hace pocos meses el cineasta Fernando Pérez codirigió junto a la realizadora suiza Laura Cazador el filme Insumisas (2018), basado en la vida de Enriqueta. Antes, en 2012, el historiador Julio César González Pagés había escrito Por andar vestida de hombre, la más amplia biografía de este personaje histórico hasta ahora publicada en Cuba.

¿Enrique o Enriqueta?

El rumor corre por las calles de Baracoa. Nadie puede creerlo. Nadie quiere aceptar que fue hábilmente engañado. Y era justo lo que había hecho el cirujano Enrique Favez: había ocultado su verdadera identidad. Fue una mujer quien ejerció la medicina durante años en la villa. Ella/Él y su esposa atendían a todos sin desdén, pero ni siquiera el humanismo con que asumieron el oficio les salvó del escarnio público.

«Estaba en el hospital para mujeres presas o enfermas. Sus documentos se vendieron como si hubiera sido un animal salvaje, la despersonalizaron, la subastaron como algo raro», dijo Julio César González Pagés a mediados de febrero en un panel celebrado durante la Feria Internacional del Libro de La Habana.

El historiador cubano, conocido por sus estudios sobre identidad de género, explica que Enriqueta llegó a su vida casi por azar. En 1993 cayó en sus manos un expediente que decía «Causa contra la suiza Enriqueta Favez por estar vestida de hombre». Antes de la investigación que Pagés inició –dice–, existían acercamientos al caso desde el ámbito de la medicina, pues en el siglo XIX esta «mujer vestida de hombre» hizo incontables aportes a la cirugía.  

Pagés, autor de Un macho menos macho y otros libros sobre identidades de género, confía en que el tratamiento que se dio a Enrique(ta) –la humillación, la condena, la intolerancia y el odio– jamás deberían repetirse.

Sin embargo, recientemente Cuba postergó la legitimación constitucional del derecho de las personas LGBTI+ a contraer matrimonio. ¿Cuánto más tendrán que esperar personas como Enrique o Enriqueta para que el matrimonio igualitario sea legal? Que hoy se reverencie a esta figura debería indicar idealmente la superación de los conflictos que, en su época, llevaron a Enrique(ta) al escarnio y el destierro.

Por eso –reconoce el historiador– en Cuba se debe seguir hablando de las huellas que dejó «una de nuestras primeras inconformes».

En efecto, «hay que romper los moldes», dijo el director de cine Fernando Pérez, codirector de Insumisas y miembro del panel donde participaron varios intelectuales cubanos.

Nace un hombre, muere una mujer

Su marido había fallecido en Alemania durante las guerras napoleónicas. Ella, con dieciocho años, burló a las autoridades parisinas para convertirse en médico cirujano, un oficio entonces prohibido a las mujeres.

El doctor Favez, en cuanto pudo, dejó la corte de la emperatriz Josefina y se fue a Rusia como médico de campaña.  

Enrique(ta) no se detuvo: luego de ser capturado, luego de escaparse a España con disfraz de monja, llega a la isla caribeña de Guadalupe. Allí ejercerá la medicina durante un breve tiempo, hasta continuar viaje a Santiago de Cuba. Sin embargo, Santiago no será su destino definitivo en Cuba. Enrique prefiere un lugar más discreto: Baracoa es el sitio.

En la primera villa de Cuba, ya es un hombre elegante, de buenas maneras, médico cirujano. Aunque es un buen partido para las casamenteras del pueblo prefiere contraer nupcias con Juana de León, humilde y enferma de tuberculosis.

«Es muy difícil que Juana durante tres años de matrimonio nunca supiera que su esposo era una mujer. ¿Es mujer? ¿Hombre?¿Trans? ¿Travesti? Es muy difícil de definir. El problema de la identidad es complicado. Por los documentos de la época, sería un poco aventurado ponerle una etiqueta», indica Pagés.

Sin embargo, –prosigue el especialista– «Enriqueta no se vistió de hombre por moda ni por estudiar Medicina, sino porque se sentía como tal. Se casó con una mujer heterosexual y la amó profundamente, y ahí están sus cartas como prueba».

Enrique(ta) vuelve a Baracoa

«Es mágico que una Isla que la expulsó la vuelva a recibir desde la cultura», valora el autor de Por andar vestida de hombre.

Pagés lidera el grupo de intelectuales que planean el homenaje a la primera mujer que defendió, en carne propia, los derechos de las personas LGBTI+en Cuba.

La conmemoración continuará con la proyección de Insumisas en todas las salas de estrenos del país, la vuelta a la escena de la obra teatral Escándalo en la trapa (Mefisto Teatro) y la develación de la escultura de José Villa Soberón en Baracoa.

El estreno de Insumisas ha colmado las salas de estreno de Cuba. (Foto tomada de la web misiones.minrex.gob.cu)  

También, hasta tierras helvéticas llegará el tributo con la proyección del largometraje de Fernando Pérez y la develación de una tarja en Rue du Marché No. 5, la casa de Lausana donde nació Favez. Pagés espera que, más que una tarja, se coloque una aldaba, según la tradición suiza.

Finalmente, añade que «Enriqueta estuvo en muchas tormentas. Todavía hoy en el siglo XXI es difícil reivindicarla. De ahí que queramos rescatarla y ponerla entre los grandes viajeros suizos en el Museo de Antropología de Lausana, no solo por haber viajado a numerosos lugares del mundo, sino como una de las grandes heroínas del Caribe que transgredió los cánones de la época».

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