Presa y libre: Lina de Feria sin censura


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Linea de Feria. Foto: Hitchman Powell.

El Premio Nacional de Literatura le fue entregado a Lina de Feria, la poeta que ha preferido no reprocharle a nadie los años que estuvo recluida en una prisión para mujeres y las dos décadas de silencio a las que fue sometida su obra.

Lina se peina frente al espejo una mañana de enero de 2020, después de hacer algún mandado fuera de la casa y preguntar quién será hoy la persona que viene a hacerle preguntas. Los últimos días los ha pasado así, recibiendo entrevistadores que llegan a su apartamento en la calle Línea para escarbar en la historia de la poeta nacida en Santiago de Cuba, pero autoproclamada «rompedora de fronteras». 

El motivo de esta conversación debiera ser el Premio Nacional de Literatura que acaban de otorgarle, en un momento en que ni siquiera lo esperaba —confiesa—. Pero «ahora hablemos de gloria» —dice la autora de medio centenar libros y cuatro veces ganadora del Premio de la Crítica.

«Me impresioné porque ya no esperaba ese premio. Había sido tan angustiosa la postergación y la postergación del premio, que yo había limado asperezas conmigo misma y me decía: “No importa, si tienes 50 libros publicados, tienes una obra, es magnífico”. Fue una alegría muy grande. Empecé a encontrarme con todos los amigos y seguidores míos. Fue una cosa que me despertó a la vida tras el sentimiento de soledad. Creía que estaba bloqueada pero no lo estoy, porque me dieron el Premio y eso significa que en mi patria he podido significar algo importante que se va a quedar seguramente para el futuro».

Ella ahora habla de futuro. Siempre lo ha hecho. La muchacha que escribió Casa que no existía venía del futuro aun cuando los pasajes pusieran «Santiago de Cuba-Habana». 

La Habana, 1964

«Yo vine para La Habana. Puedo hablarte de mi vida en Santiago y puedo hablarte de después del 64, porque nosotras (mi hermana y yo) nos pasamos yendo y viniendo a La Habana desde chiquitas. Nacimos en Santiago, pero íbamos y veníamos y vivimos mucho tiempo en La Habana. En el 64 yo vengo definitivamente para acá. Me encontré con la genialidad de Guillén, me encontré con Retamar, con Ediciones El Puente, de donde provengo como miembro del grupo y hago mi carrera toda hasta que escribo La vigilia de la nueva otra». 

Cuando llegó a La Habana, se insertó completamente —recuerda— en todos los mecanismos de cultura del país y se probó en casi todos los géneros: teatro, cuento, poesía… Hace una digresión para decir que esta es su base: «La poesía es de mi propiedad, nací con ello y entonces siempre se destacaba». 

En un parque debe estar sentada la muchacha que nació el año del fin de una gran guerra (1945), y escribió a/desde la Casa que no existía. La memoria de Lina la busca: se fue elevando la muchacha hacia una estancia tranquila porque, juzga, mejoraba cada vez más.

«Creé una línea de escritura, nadie escribe como yo, nadie se parece a mí porque es tan solicitado el esfuerzo de proyectar lo que yo veo en la humanidad que me vuelco hacia ello con un aire de sonrisa y de alegría y de pesadumbre también, porque hay momentos más negativos. Se repite de un libro a otro el estilo. ¡El estilo! Tengo que ver con el dolorido sentir, a mí me marca rápidamente algo que yo vea que es tristeza y lo supedito al contenido y escribo un poema que puede pasar por derrotista pero no, ahí está la captación del ser humano. Tomo el problema tuyo y lo hago mío, y te hago sentir que no estás sola».

Lina sabe lo que es estar sola. Lina sabe lo que es vivir en una ciudad agitadísima, y estar sola. 

«Toda mi carrera la he hecho en La Habana, desde el 64. Fueron años duros, muy duros. Yo gano el premio David (1967) por Casa que no existía, hago un viaje a Canadá con Wichy Nogueras (con quien compartí el Premio) y ahí empecé a coger perspectiva internacional. Siempre he sido una rompedora de fronteras. Tú tienes que concebirme a mí como una gente internacional porque yo la patria la tengo en poemas como el que hice de Fidel. Yo la patria la tengo tomada a partir de una comunicación internacional porque en momentos trágicos —que no quiero hablar de eso porque es triste y vamos a hablar de glorias ahora— parecía que yo no podía vivir en La Habana, y La Habana es la Giraldilla que cose un estambre más fino que la luz».

Veinte años sin publicar

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Lina de Feria. Foto: Hitchman Powell

«¡Escribiendo, escribiendo! Yo escribía, pero no me publicaban… 20 años marginada. Fue porque me parametrizaron, ¿sabes lo que es parametrizar…? Fue en el año 71, con la piña política que se estableció y dejaba fuera a casi todos los intelectuales que tenían dos dedos de frente, porque no se podía ni pensar. Había una solidez política hasta el límite del parametraje, de humillar al individuo. 

»Me salvaron. No me mandaron para el Ejército Juvenil del Trabajo porque mi padre no permitió que lo hicieran. A mi padre le debo eso porque dijo: “Mi hija no tiene que cortar caña”.»

Pero el padre de la poeta no podría salvarla otra vez. Ella prefiere no hablar de eso: «Hay una parte de mi vida que yo no toco» —dice, sin que se le cierre la garganta, porque el tiempo sana muchas cosas.

«Empecé a trabajar en un lugar siniestro, a escondidas; me pagaban y no me daban trabajo. Estuve encarcelada tres años por una injusticia, porque yo estaba mal de los nervios e hice algo que entendieron o quisieron entender de otra manera y estuve tres años. Y me di golpes muy duros… Hay golpes en la vida tan fuertes ay yo no sé, golpes como del odio de Dios —dice Vallejo.

»Me sacaron porque mi estado físico era terrible, y salí y volví a levantar y empecé a ganar Premios de la Crítica en Ediciones Unión [1991, 1996, 1997, 1998].

»Pero hay mucha gente que detesta, mija, la humildad. Yo he hecho el bien y no miro a quién. Aquí ha venido toda la intelectualidad de los jóvenes en generaciones continuas y les he dado todo lo que sé, los ayudo. Ayudar es muy importante y en este momento me siento feliz porque hay mucha gente que está feliz». 

Los amores de Lina

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Lina de Feria. Foto: Hitchman Powell

«Han sido extensos y conglomerados. Soy alguien que ha vivido de acuerdo al toque de belleza que ha tenido. La belleza [pronuncia la palabra y la asocia al momento en que vio junto a su hermana el cuadro de Caravaggio, Narciso] es muy importante y determinó mi vida amorosa también, fue extensa y saltarina, como Alicia Alonso, porque elegí disfrutar mucho de la vida y sigo disfrutando de la vida. No es que aspire a hacerlo ahora porque estoy ya en una edad más o menos lenta, pero si aparece algo sería interesante».  

Su manera de entender el amor, aunque atraviesa una interpretación bíblica de la vida, escapa de cualquier intento heteronormativo. 

«Yo, por suerte, sé que hay un error muy grande entre los religiosos que creen que hay que masacrar, detestar, olvidar, maltratar al homosexual. Pero yo tengo leída toda la Biblia y en la parte en que Jesús viene, que es el Nuevo Testamento, no hay una palabra de censura a la homosexualidad, no se toca eso. ¿Y no vino el Señor a salvar? Entonces hay algo malsano entre nosotros, esa es la realidad. 

»El contenido de la Biblia no es en absoluto una mojigatería, no es una cosa religiosa a ultranza; es una manera de aprender a pensar, a ser profundo, a conocer clásicos, a entender la historia, a entender la vida, a entender lo internacional, a entender los países. Es una forma que me ha cubierto a mí, la tengo ahí bien gastadita. Me pide la Biblia cuando la abro: tienes que cantar con arpa y salterio.

»Tengo un ensayo que se llama Biblia y Cultura, y yo menciono ahí cosas de la Biblia. El único libro con el que trabajé fue El cantar de los cantares (Libro Sagrado) para darle presencia, actualidad. Hay algo cierto: la Biblia ha sido muy vindicada por generaciones de religiosos y en El cantar de los cantares hay un amor extraordinario en el que Saulo de Tarso dice: “Tienen que dejarme porque estoy loco de amor”. Habla del placer que ocasiona cierto tipo de amor. 

»Mi primer amor fue alguien a quien yo le escribí un libro [Absolución del amor] años después de haber pasado todo; una persona de la que me enamoré teniendo solamente 12 años de edad. Yo era muy adelantada, crecí más rápido de lo que debía y ese fue un amor inmenso, lleno de pureza, de extrañas alucinaciones, veía magia en esa persona. Fue el amor más puro que he tenido. Y yo me harto cuando me maltratan a través del sexo, el exceso de sexo para mí es negativo, eso no produce la felicidad. La felicidad la produce la no enajenación, no es estar metido en una vida polvorienta que nada más busque el sexo e intereses. Mi madre me enseñó a ser una persona que ama profundamente algo que no sea vanidad».

Mujer, poeta, ¿feminista? compleja

De la censura, la cárcel y lo malsano, a Lina la salvó también la fe en la escritura que la lleva a familiarizarse con «el rostro y el habitar interno de la gente».

«Es un don del cielo, no viene de otra parte, pero tengo que decirte en sentido de comunicación con alguien de mi sexo como eres tú, una muchacha, que yo estaba profundamente errada en cuanto al tema del feminismo. Yo decía: la paridad es única: el hombre y la mujer son iguales los dos; el feminismo no es necesario. 

»Sin embargo, a la hora de exaltarlo en los poemas, hacía feminismo aunque no me daba cuenta. Yo tengo un poema, De María García Granado a José Martí, en que fui irreverente hasta el máximo por defender a la niña de Guatemala. Decía: 

(…) Atiéndeme José Martí
para que evites de una vez ese poema
que no soy el cadáver de hielo
ni el cadáver de un amor que sentías
como hijo del halago
sino una brasa oculta
ardiente como la hoguera de tu soledad
brasa cayendo brasa hasta el último instante
en que condensé toda el agua del río
a medida que fui sin remedio hasta el fondo.

»Eso es en contra del machismo, feminista en extremo, y me lo hizo reconocer Mirta Yáñez, Premio Nacional de Literatura el año pasado:

—Lina, tú eres feminista, ¿no te das cuenta? No sigas diciendo la paridad. Haces una defensa de la mujer a ultranza —me dijo». 

Marilyn Bobes, en días atrás, escribió: «Aunque Lina nunca se ha caracterizado por el feminismo, representa, quiéralo o no, la voz de las mujeres cubanas».  

Ella responde: «Yo persigo siempre elevar el sentido de la contradicción. Nunca hago un sonsonete, no me puede salir un sonsonete porque busco la contradicción del ser humano. Al buscar la contradicción saco innumerables historias que se convierten realmente en una comunicación y es por eso que el despliegue es tremendo, porque no me encierro, por ejemplo (como hizo Guillén con todo lo grande que fue), en ver al afrocubano. No se preocupó por ver otros temas. 

»Tengo el recuerdo de que en Bauta una vez me paré y leí un poema muy complicado, yo soy muy compleja (“la cultura es la complejidad de la cultura”, si no hay complejidad en la cultura, no hay cultura; la cultura es una complejidad). Entonces, como es complejo es muy difícil de entender por las palabras. Cuando lo leí, el poema Gala, por su sonoridad lo estaba recibiendo una campesina y ella se levató al final y dijo: “Posiblemente yo no haya entendido lo que usted dijo, pero usted es la más grande poeta”… 

»Mi mayor certeza es que nací para escribir» —dice, y especifica que las emociones del ser humano y sus contradicciones las retrata porque las recibe para luego devolverlas en con sus propias palabras.  

«Y recibo, por ejemplo, el sentimiento de maltrato a los animales. Es algo terrible. Escribí un poema que se llama Ciudad de los muertos, los animales muertos, que habla de lo que hacían con los animales: los llevaban para el Bando de Piedad, los metían en lugares desconocidos y los inyectaban y los mataban. Hice un poema en que hablo del destino de los seres humanos porque comparaba el destino del hombre con el de un animalito. Y otro le hice a la perra de mi hermana que se llamaba Yoko Ono, y lamenté tanto en él la pérdida del animal, que se humanizó… Y como se llamaba Yoko, creían que era la de Lennon. Pero no, era la perra. 

»La belleza, mija, hay que perseguir la belleza. Si no hay sentido de la belleza en todo lo que tú haces, es inútil. Tratar con la chusma no diligente es algo terrible; la grosería, el maltratar el idioma que es tan bello… es pensar que estamos haciendo una basura. Debes estar consciente de que tan importante es la belleza de la metáfora como la de la imagen; es el estilo, es la contradicción sacada, la contraposición de temas y tocarlo todo, no temerle a nada. Hablar como hablo yo en La vigilia del argonauta, que trata problemas de la Grecia Antigua que hay que traer al presente». 

Lina de Feria y su hermana, juntas en el dolor y en el miedo

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Lina de Feria. Foto: Hitchman Powell.

«He tenido crisis de una enfermedad muy dura que tengo, pero la sobrellevo y la venzo, ella ha sido mi apoyo seguro. A veces me he encolerizado tanto de la vida, que no he querido ver a nadie, excepto a mi hermana. A mi hermana yo nunca la he dejado de aceptar. 

»Mi mayor miedo es… Mi mayor miedo fue perder a mi madre. Cuando la perdí, enloquecí, ¡tácitamente enloquecí!… Y el mayor miedo que tengo ahora es perder a mi hermana. Está enferma, tiene algo pequeño en el corazón».

Su hermana, la mayor celadora de sus palabras, interviene. No ya para peinar a Lina como en otro momento de la entrevista. Ahora le pide que no piense lo peor.

«Tengo miedo también —continúa la poeta— a la oscuridad del ser humano. Mucho miedo. Eso que llaman lo oscuro, que es la mala intención —no diabólica, porque el Diablo es un niño sentado a la puerta de una escuela, al lado de lo oscuro». 

Lina, una vez encarcelada en Manto Negro, división para mujeres del Combinado del Este, vivió lo oscuro y ha vuelto con el alma limpia: «Te hablo en futuro porque tú eres del futuro y te voy a decir… Ustedes son del futuro y me han pedido saber: yo voy a hacer una autobiografía para que ustedes sepan, para después que muera».

***

—¡Lina!, no me ha dicho el nombre de su primer amor…

—Sí, lo voy a decir, porque recuerda que era puro, la pureza y la belleza total. Se trataba de una mujer: Diana María García Piñón es el nombre de ella, que está viviendo desde hace infinidad de años, desde que la Revolución llegó a este país, en Estados Unidos. 

—¿Han mantenido comunicación?

—Sí…

A mansalva de los años


La roca permanece ahí
Medio fauna
Sobrellevando el mar

  • Lina de Feria sin censura. Fotos por Hitchman Powell.

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Comments (2)

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    Darcy

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    Gracias, Efraín. Un abrazo, Lina es maravillosa.

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    Efrain Reveron Argülles

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    Quedé maravillado, humanizado y desbordado corazón adentro con esta netrevista a Lina. Siempre he seguido su poesía desde su inicio. Enhorabuena su Premio Nacional de Literatura. Abrazos poeta y amiga.

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