¿Por qué sí debería existir el Día del «Orgullo Heterosexual»?


2,723 Vistas
(Ilustraciones: Polari)

Junio es el mes del «Orgullo LGBTIQ+». Se celebra en conmemoración a los disturbios que se iniciaron en el bar Stonewall, de Nueva York, en la madrugada del 28 de junio de 1969.

Una redada policial a este establecimiento detonó la furia del colectivo que lo frecuentaba, que en su mayoría, eran maricones, trabajadores sexuales, negros, drag queens, machorras, travestis, «raros». Cuerpos disidentes y empobrecidos que dijeron basta al acoso policial.

Las redadas contra lugares como Stonewall eran frecuentes en aquellos años. Solo que en esta ocasión la policía perdió el control cuando los clientes, cansados del acoso habitual y de la precariedad de sus vidas negociadas y refugiadas en ese establecimiento, se les enfrentaron. Los disturbios fueron violentos y se extendieron durante algunos días.

A las semanas, el colectivo se organizó para tener lugares propios, libres de violencia y discriminación. Estos acontecimientos marcaron el inicio del Movimiento de Liberación Gay y por los derechos de la comunidad LGBTIQ+. Un año después, el 28 de junio de 1970, se celebró en Estados Unidos, la primera «Marcha del Orgullo Gay».

Este mes, por tanto, es clave para recordar que todavía no tenemos los mismos derechos que el resto de la sociedad, y que aun cuando afirman algunos que ya hoy no nos discriminan como antes, persisten los elevados números de crímenes de odio y de violencia motivados por la orientación sexual y la identidad de género. Hay países donde son legales las terapias correctivas e incluso hay una docena donde la homosexualidad es castigada con multas, castigos y hasta con la pena de muerte.

El «Orgullo» se celebra con diferentes iniciativas alrededor del mundo: desfiles, charlas, talleres, conciertos, veladas en memoria de las personas asesinadas a causa del odio y la homofobia. Hay quien no prefiere celebrar nada, porque considera que lo conseguido son solo migajas y prefiere centrarse en los derechos que aun nos faltan y en la desigualdad que nos persigue en el ámbito familiar, relacional, social, educativo, laboral, incluso en el acceso a la salud, los afectos y al placer.

Cuando se acercan estas fechas y empiezan a llenarse de colores las redes, algunas personas se cuestionan por qué no existe un día del «Orgullo Heterosexual». «¿De qué debería sentirse orgullosa la comunidad LGBTIQ+ si ellos son personas como nosotros, normales?», preguntan algunas. Se les olvida a estas personas que nunca fuimos normales y que todavía hoy no somos tratadas como tal ni en igualdad, y que más que de igualdad estamos necesitadas de reparación.

Ante la visibilidad del colectivo y de sus demandas, algunas personas cis-heterosexuales responden con una inversión de opresiones. Un fenómeno que no se sostiene por sí mismo por la debilidad de sus argumentos y el exceso de ridiculez y patetismo. En resumen, es un dar perreta porque «cómo es posible que personas que considero inferiores a mí, amorales, inmorales, enfermos, depravados, raritos, tengan los mismos derechos y oportunidades que yo». Ahora resulta que les discriminamos y que de oprimidos pasamos a ser opresores suyos. Ahora resulta que somos violentos. Somos la «Inquisición Queer».

Nos llaman extremistas y radicales por dejar nuestros puntos claros. Quien usa estos argumentos inconscientemente está diciendo que el lugar de la comunidad LGBTIQ y de todas las mal llamadas minorías, es el de oprimida. No se le puede dar más vueltas a un planteamiento como ese. Esas personas siempre han visto bien que ese sea nuestro lugar y, ahora, con la soberbia de quien se sabe perdiendo hegemonía, pretenden hacer creer que las opresiones se han invertido.

No es justo hacer más énfasis en la radicalidad de un movimiento cuando no se hace esta misma crítica a los sistemas hegemónicos que la provocan. Radicalidad y violencia le llaman a nuestra supervivencia y a nuestras maneras de resistir.

Para algunas personas cis-heterosexuales, discriminación y opresión es que alguien de la comunidad LGBTIQ las pongan en su lugar, les dejen bien claro lo que no vamos a permitir nunca más y exija los mismos derechos.

Discriminación y opresión hacia ellas es tener un día o un mes al año donde nos hacemos más visibles y mostramos con orgullo quiénes somos en un mundo que desea que seamos todo lo contrario, es demostrarles que, a pesar de eso, aquí estamos viviendo y resistiendo a los intentos constantes de que seamos moderados, de que nos escondamos. En resumen, de que volvamos con nuestras plumas y sartenes a meternos en armarios.

En cambio, para una persona de la comunidad LGBTIQ+, discriminación y opresión puede traducirse en acoso, suicidio, violencia física, desempleo, tortura, muerte. Quienes nos llaman «Inquisición Queer» no tienen hasta hoy un listado que mostrar de personas cis-heterosexuales guillotinadas, asesinadas, desplazadas y desaparecidas a manos nuestras, por ser cis-heterosexuales o por odio hacia ellas.

También dicen que nos autoexcluimos, que nosotros mismos nos discriminamos, que para qué tantas letras, para qué tanta etiquetas si la cuestión es «que cada cual sea lo que sea, y amar y ya». Así dicen los que «ser los que son y amar y ya» les ha sido un poco más fácil, sin enfrentar ningún tipo de prejuicio ni discriminación. Para algunas personas, «ser lo que somos o amar y ya» representa no pocos problemas en la vida diaria e implica un alto grado de acoso y discriminación. Y por eso «lo que somos y las maneras en que amamos» hay que nombrarlas. Hay que nombrar las diferencias, las opresiones, utilizar cuantas letras sean necesarias para visibilizar cuantas identidades y cuerpos emergen ahora que, como dicen, «ya no nos discriminan como antes». Al abecedario no le preocupa eso, él no se disgusta.

Afirman que nos estamos segregando. Nos autosegregamos por tejer nuestras propias redes y querer, a ratos, reparar entre pares nuestro daño existencial, establecer nuestras políticas, trazarnos caminos y metas, producir nuestro propio conocimiento y narrativas a partir de las experiencias vividas en común, llorar y quejarnos entre nosotros, en comunidad, como el obrero hace en su sindicato, los artistas y escritores en sus gremios, los abogados en sus bufetes.

A nadie le parecen absurdos otros grupos, organizaciones, movimientos. No he visto a nadie comentar, por ejemplo, que la sociedad civil cubana se está dividiendo o segregando a causa del movimiento 27N, del Movimiento San Isidro o de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, porque en realidad, nos gusten o no sus propuestas, con estas subdivisiones la sociedad civil lo que hace es fortalecerse y diversificarse. Audre Lorde decía: «se nos ha enseñado a hacer caso omiso de nuestras diferencias, o a verlas como motivo de segregación y desconfianza en lugar de cómo potencialidades para el cambio. Sin una comunidad es imposible liberarse».

Recuerdo que el Día de la Mujer Afrodescendiente del año pasado, las mujeres afrodescendientes tuvimos que explicar por enésima vez por qué se había hecho necesario que tuviéramos un día. Recuerdo también las desacertadas declaraciones de una periodista oficialista. Preguntó por qué no había un día de la mujer blanca si ella también había sufrido racismo en la escuela cuando un grupo de muchachas negras y mulatas no la dejaron bailar salsa. Porque para algunas personas blancas, racismo es que le digan «blanquita» o «pomo de leche».

No apruebo ninguna de estas expresiones con intenciones ofensivas. Sin embargo, para las personas negras y afrodescendientes, racismo es un sistema que empezó con la colonización y expropiación de nuestras tierras y cuerpos y que hoy nos mantiene en lo más bajo de la pirámide económica, política y social. Es tener, en cambio, como grupo racial o étnico, los más altos índices de pobreza y de delincuencia, de acoso policial y de presencia en las cárceles. Y no, no es porque nazcamos con un gen que nos hace propensos a delinquir. Se llama racismo estructural. Existe toda una estructura que propicia esos índices y los sostiene con el complejo carcelario industrial.

Lo más frustrante es que tanto dentro de la comunidad de personas LGBTIQ como de la de personas afrodescendientes hay quienes comparten algunos de esos planteamientos, ya sea por falta de conciencia crítica o por dar muestras de ese llamado «sentido común» (¿común a quien?). Lo cierto es que ya lo dijo Simone de Beauvoir: «el opresor no fuera tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos».

En resumen, algunas personas cis-heterosexuales no quieren compartir lo que siempre han tenido y lo poco que hemos tenido quieren copiárnoslo: reclaman ahora un Día del «Orgullo Heterosexual». Yo se los otorgara. Y tengo mis razones de por qué lo merecen: a fin de cuentas, por ser cis y heterosexuales nunca han tenido que vivir en armarios fingiendo ser una persona que no son, amar a escondidas, a ratos, furtivamente. Nunca han sido acosadas, violentadas. Nunca les han negado su derecho a casarse con quien deseen, a tener familia, a adoptar, un empleo. Nunca les han echado o negado la entrada a un lugar. No les persiguen ni matan. No les llevan a terapias para corregirles su orientación sexual o identidad de genero, no han tenido que abandonar la escuela, la casa. No han sido el bochorno de la familia. Por otras cosas lo habrán sido, pero por específicamente ser cis y heterosexuales no. Entonces, es justo que tengan un día para sentirse orgullosos. ¿Quién no quisiera todo eso? Eso debe ser un orgullo.

Mel Herrera

Mel Herrera

Escritora y activista

Comments (12)

  • Avatar

    Glenda Jones

    |

    Grande Mel!

    Reply

    • Avatar

      Mel Herrera

      |

      Gracias por leer😊😘

      Reply

  • Avatar

    Jessica Hernández

    |

    “más que de igualdad estamos necesitadas de reparación”. Gracias por aclarar que buscas privilegios.

    Reply

    • Avatar

      Mel Herrera

      |

      Gracias por darme tema para próximos escritos y aclarar algunas cosas, por ejemplo su concepto de “privilegio”; algo deformado.
      La reparación es un proceso que no es necesario para todas las personas. No puede contemplarse como un privilegio algo que necesitan unos pocos. Si alguien necesita reparación por algún daño, que ese daño sea reparado, significa que esa persona tuvo un privilegio por encima de los demás que no siquiera tuvieron ese daño?

      Reply

  • Avatar

    YoSi

    |

    Eres grande Mel 🤗

    Reply

    • Avatar

      Mel Herrera

      |

      Besos!!!

      Reply

  • Avatar

    EZapo

    |

    «En una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política»
    Carlos Jáuregui
    Activista por la igualdad de derechos de la comunidad LGTBIQ (22 de septiembre de 1957 – 20 de agosto de 1996)

    Reply

  • Avatar

    DaniTri

    |

    Linda

    Reply

    • Avatar

      Mel Herrera

      |

      Lindo tú.😘

      Reply

  • Avatar

    Ananda

    |

    Siempre tan esclarecedores tus textos, gracias

    Reply

    • Avatar

      Mel Herrera

      |

      Ananda, gracias por leerme!!!💜🌸

      Reply

Haz un comentario