Pedro Juan Gutiérrez: «Para algunos soy una especie de indeseable de la literatura cubana»


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Pedro Juan Gutiérrez (Fotos: Cortesía del entrevistado)

Hay ciudades que son descubiertas no solo por la cotidianidad de observar la vida de sus habitantes. Navegar en un océano urbano tiene un precio de naufragio cuando la realidad, cruda y decadente, es ajena a la de una ciudad llamada «maravilla».

Tanto la urbe invisible, como sus habitantes luchando diario con el sol, la política y Dios, se tornan personajes de ficticia realidad en las páginas escritas por Pedro Juan Gutiérrez, un autor que tiene en Centro Habana no solo su residencia, sino las imágenes construidas por la marginación.

La defensa y el rechazo a la literatura de Pedro Juan han sido dos posiciones contrapuestas asumidas por muchos lectores. Paradójicamente, quienes critican su obra continúan leyéndolo.

Sucedió con Céline, Bukowski y otros autores que no trataron de hacer un simple libro para vender y no molestar.

«Cuando yo escribo lo hago al duro, es decir, no tengo contemplaciones con los personajes. No me detengo a pensar lo que dirá mi agente después, mi editor o mis lectores», dice Pedro Juan.

Está acostumbrado a escribir de esa manera desde sus años de periodista, cuando buscaba temas originales o extraños. «No desde lo académico, sino desde popular, lo que llevaba siempre aparejadas algunas complicaciones», explica.

Una vez, el padre de una de las muchachas protagonista de un reportaje sobre el embarazo adolescente, estuvo esperándolo durante 2 semanas con un machete frente a la redacción de la revista Bohemia. «Eran conflictos que me sucedían como periodista», se encoge de hombros.

Consciente de que las únicas limitantes que existen son las autoimpuestas, Pedro Juan siempre intentó correr la frontera del silencio.

«¿Por qué lo hago? ¿Para molestar, lucirme o ser diferente? Lo hago porque creo que la literatura es la memoria de la época que nos toca vivir», asegura.

 «Si tengo algún compromiso como escritor, es dejar una memoria lo más real, profunda y válida posible, sobre las zonas más oscuras y marginales de la sociedad de los años que viví», insiste.

Aunque las circunstancias de la realidad cubana han cambiado en diferentes sentidos, los personajes de sus libros parecen seguir vivos en Cuba.

«Si vas a Centro Habana o a otros barrios marginales, y observas su forma de vida, encontrarás material para escribir la segunda parte de “Trilogía Sucia de La Habana”», sugiere.

Jineteras, revendedores de cualquier cosa, ex convictos, migrantes sin hogar fijo, siguen poblando las márgenes de la capital y esperando por Pedro Juan.

«¿Parece extraño? No lo es, porque sucede en todas las grandes ciudades. No entiendo cuál es la sorpresa con «El rey de La Habana» o «Trilogía». Es un fenómeno muy común en ciudades como México, Buenos Aires o la misma Madrid, que está rodeada de chabolas de gitanos», observa.

«Es muy difícil que un escritor llegue a estos ambientes. Los escritores, periodistas, críticos, editores y académicos por lo regular son de clase media, igual que los lectores», plantea, provocador.

«En su mayoría ninguna persona pobre lee, posee un libro o tiene hábitos de lectura. La literatura es un asunto de la clase media y por eso se asombran tanto».

Un escritor acaba haciendo amigos extraordinarios . Una de las más especiales que tiene Pedro Juan es una jinetera de 39 años. Ella se prostituye desde los 14. «Perfectamente se puede escribir una novela sobre ella y el mundo donde vive», comenta.

«La realidad hay que reconocerla como tal», dice. «Ahora han comenzado visualizar los barrios marginales, que no los llaman pobres sino “vulnerables”. Pero es asunto sociológico y antropológico dentro de la dinámica de las ciudades, ni siquiera es un asunto político, que va dejando personas fuera por un efecto centrífugo y esa es la realidad sobre la que me interesa escribir».

Enfrentado a sí mismo en los años 90, una de las maneras de canalizar su furia interior fue escribir «Trilogía sucia de La Habana».

Aunque han pasado casi 3 décadas, Pedro Juan no renuncia a su principal interés y objetivo literario: la historia de quienes viven en «las zonas oscuras de la sociedad y de las propias personas».

«Creo que esas zonas son mucho más reveladoras que las luminosas», añade.

A «Trilogía sucia de La Habana» le tocó seguir un largo camino para llegar a los lectores cubanos. Primero se publicó en España en 1998, pero no llegó a venderse en la isla hasta 2019. A pesar de ser un éxito editorial, y tal vez por eso mismo, el libro trajo problemas a su autor en la Cuba de finales del siglo XX.

«La respuesta fue dejarme cesante en la revista donde trabajaba, sin darme explicación alguna. Vine a la Uneac (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) para ver a Carlos Martí y Francisco López Sacha, quienes me defendieron porque existían intenciones de expulsarme de la Uneac también», cuenta. «Lo más increíble es que nadie se había leído el libro y solo se basaban en criterios de la prensa extranjera».

Desde ese momento decidió que todos sus libros fueran publicados en Cuba mientras viviera. «Soy muy decidido a la hora de imponerme metas», dice.

Su primer libro publicado en el país fue «Melancolía de los leones». Siguieron todos los demás hasta llegar a «Trilogía». «Aunque han existido problemas en su distribución, la pandemia del COVID entre ellos», apunta.

La furia, el alcohol y el sutra

Como consecuencia de su furia mantenida, sumados el alcoholismo y el tabaco, Pedro Juan tuvo una crisis de salud en 2006.

Desde entonces, eligió el autocontrol: «Comencé en el 2007 a practicar el budismo del Sutra del Loto. Su mantra lo repito, durante 15 o 20 minutos, 2 veces al día. Me permite concentrar energías e intereses, permanecer más tranquilo y sosegado».

En estos días se dedica a compilar su obra poética, que alcanza los 11 títulos y fue editada en diferentes países. La editorial cubana Verbum, que radica en Madrid, le publicará todos los poemas escritos entre 1994 y 2021.  

«Se podrá apreciar una especie de autobiografía que evoluciona desde la furia de los primeros libros de los años 90 hacia lo místico, una poesía más interior y reflexiva con referencias al budismo, el Tao y los escritores estoicos», dice.

A pesar de que es uno de los escritores más leídos en Cuba, el acceso a su obra todavía es complicado, aunque esté publicada por editoriales del país.

«Más que maldito, para algunos soy una especie de indeseable de la literatura cubana», afirma. «Muestra de cuánto me estiman, es que prácticamente no existo en la televisión ni en la prensa».

Otra situación que complica el acceso a sus libros, por supuesto, es que las tiradas se agotan muy rápido.  

Nunca ha recibido, ni desea recibir, ningún reconocimiento de las instituciones: «Cuando recibes un premio tienes que decidir si vas a aceptarlo o no, porque implica dar la mano y agradecer a ciertas personas que se benefician de ello».

¿Se puede enseñar a escribir?

«Diálogo con mi sombra» es un libro sobre el oficio de escribir. Su lectura ha sido bastante reveladora, no solo para los fanáticos del autor, también para los escritores en formación.

«Me han preguntado si es un manual de escritura y particularmente no lo creo», considera Pedro Juan. Para él, la escritura no se puede enseñar.

«Es una tarea propia que requiere tiempo, energía, pasión, no solo talento. Se pude aprender a redactar y corregir, pero no más, porque la escritura surge del interior. Nadie inventa en la literatura. Siempre parte de situaciones, hechos y personas de la realidad», dice.

Su proceso de aprendizaje duró 30 años. «Dos aspectos fueron los más importantes: el periodismo que te enseña a trabajar con rapidez e investigar antes de escribir, y la poesía para controlar el idioma».

»Controlar el idioma es muy importante para no escribir por gusto e introducir palabras sin motivo, como hacen muchos escritores que utilizan 3 páginas en un asunto para el que un solo párrafo puede ser suficiente», explica.

«En la contemporaneidad, pienso que se debe ser lo más directo posible y evitar dar vueltas, porque el lector puede a aburrirse y no tomar en serio la escritura de quien lo hace dar vueltas en un texto», concluye.

Los pájaros de La Habana

Pedro Juan ha retratado muchas de las contradicciones y dificultades enfrentadas por las personas LGBTIQ+ en varios de sus libros. Sin embargo, no considera que esa exploración sea suficiente.

«Pueden contarse con los dedos de las manos los libros que abordan a profundidad esta temática en Cuba, como “Hombres sin mujer”, de Carlos Montenegro, o “Antes que anochezca”, de Reinaldo Arenas», considera.

«Con “Fabián y el caos” permanecí durante 21 años indeciso si escribirlo o no, por estar basada en un amigo de mi infancia y adolescencia en Matanzas. No entiendo qué sucede respecto a este asunto, si las personas se reprimen o sienten pena. Sucede parecido con un problema tan serio en Cuba como el racismo», analiza.

El rey de La Habana (Dir. Agustí Villaronga, 2015)

Del papel a la pantalla

El tránsito de la literatura al cine, en el caso de Pedro Juan también fue una experiencia accidentada. La película basada en su libro «El Rey de la Habana» se estrenó en 2015 después de muchos obstáculos.

«Fue una película trágica respecto a la producción. Se prepararon las locaciones, se realizó el casting, pero existieron problemas con la productora al no poseer los permisos para rodar en determinados lugares. Finalmente, el Icaic (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) se negó a contribuir con el rodaje», cuenta.

Al final filmaron en República Dominicana.

«Ni siquiera se ha estrenado en Cuba a pesar de que la protagonista, Yordanka Ariosa, ganara la Concha de Plata como mejor actriz en el Festival de Cine de San Sebastián. Solo espero que, si algún libro de mi autoría le interesa a otro cineasta, tenga un poco más de suerte», lamenta.

«Los mejores lectores de mis libros son cubanos, porque entienden de manera integral lo que escribo. A veces muchos extranjeros solo perciben sexo y reflejan sus insatisfacciones en ellos. Quien ve política, pues ve política y quien observa pornografía, pues ve pornografía», comenta sobre la recepción de su obra.

«Por ejemplo, con “El Rey de la Habana” los cubanos no se asombran tanto, al contrario de muchos extranjeros que casi siempre se fijan en el sexo o la política, como si fuera una protesta lo que escribo. La literatura no es para protestar, si no para reflexionar y ayudar a pensar». 

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