Nosotras lo llevamos rizo


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Foto: Tomada de la página de Facebook Lo llevamos rizo.

El proyecto Lo llevamos rizo reivindica el cabello afro y enseña a mujeres y hombres de todas las edades cómo lucir y cuidar su pelo, sobre todo en un medio donde no abundan productos que no sean los destinados a las personas de cabello lacio o «laciado».   

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Más de cien mujeres con turbantes, sentadas, de pie. Más de cien mujeres que, en algún momento de sus vidas, han sido discriminadas porque llevan el cabello como quieren, no como les gusta a los demás. Más de cien mujeres que, cuando han pedido un arreglo en la peluquería, han salido con el cabello estirado por un «desriz» o una keratina, y con el cráneo adolorido por los jalones para «acomodar las pasas».

Hace pocos años nadie en Cuba se preocupaba por la belleza del cabello afro y mucho menos alguien impartía talleres sobre su cuidado. Parecía un mal chiste llevar los rizos hacia arriba, libres, tal cual habían crecido. De eso se percató la artista Susana Pilar Delahante Matienzo y, en la Bienal de La Habana, en 2015, creó un proyecto para celebrar el cabello desde la concienciación: Lo llevamos rizo, concurso de cabello afro natural.

En 2019, un grupo diverso de mujeres especialistas en diferentes áreas integraron el comité organizador del proyecto. «Hay una informática, una abogada y una estilista», dice la historiadora del arte Annia Liz de Armas, otra de las integrantes de Lo llevamos rizo.

Las inscripciones para concursar comenzaron en febrero. Los interesados tuvieron que decidir en cuál de las tres modalidades posibles competirían: dreadlocks, trenzado o cabello suelto. La competencia estuvo abierta para personas de todas las edades y los géneros.

«Compite quien lleva el peinado pero, en el caso del trenzado, como es tan importante la labor del peluquero, pusimos como condición indispensable que se inscribiera el modelo junto a la persona que lo peinó. Cuando damos el resultado, reconocemos a ambos, al que lleva el peinado y al que lo hizo», explica Annia Liz.  

Esta semana la reunión trata sobre el uso del turbante. Personas de todos los municipios de la capital cubana han llegado a la Casa de África para aprender a usar esas prendas. Turbantes en manos, esperan su turno para que una peinadora se los coloque. Cada vez que sesiona el taller propone una nueva forma de llevar el cabello.

Susana Pilar exhibe su propio turbante y va poniéndole otro a una de las presentes. En la pantalla, un video tutorial muestra a una mujer, una y otra vez, poniéndose el turbante de maneras distintas.

Mercedes Prendes, peinadora y miembro del comité organizador del proyecto Lo llevamos rizo, le está poniendo el turbante a una niña. Pero no cubre el cabello, sino que lo bordea con el turbante y deja ver los rizos. Explica al público que no hay una receta: se trata de iniciativa y creatividad.

A mí me dice que se inició en el evento anterior como concursante y que luego la guía del proyecto, Susana, la invitó a participar «desde adentro». «Por eso estoy aquí como peinadora. Llevo más de 20 años realizando esta labor en todas sus modalidades, profundizando en el ámbito de las enfermedades del cabello y la gama de productos para su tratamiento».

Mercedes es Licenciada en Cultura Física y tiene, además, título de Máster.  Le interesa la investigación sociocultural y ha trabajado junto a sus compañeras en una encuesta que indaga sobre la existencia de espacios o iniciativas que defiendan el cabello afro natural.

Además de localizar a otro proyecto con preocupaciones semejantes a las de Lo llevamos rizo –El Club del Espeldrún, del grupo musical Obsesión–, Mercedes ha comprobado que, puertas adentro de sus casas, «existen muchas peinadoras de cabello afro. Estoy haciendo un trabajo investigativo para saber quiénes peinan y por qué lo hacen. Si es por ganarse la vida o si es por conciencia…», dice Mercedes.

A través de la encuesta –retoma la palabra Annia Liz– intentan diagnosticar cuáles son las necesidades y las demandas de las personas. «Quizás muchos no se atreven a llevar su cabello natural porque no saben cómo tratarlo y cuidarlo, no encuentran información sobre el tema y no hay talleres ni peluquerías donde puedas pedir un tratamiento que no sea keratina ni “laciado”, sino simplemente mantener el cabello de forma natural o trenzarlo».

«Las personas negras, tanto mujeres como hombres –dice Annia, incluyéndose–, estamos muy expuestas a los cánones de belleza implantados durante siglos, que se basan en el prototipo caucásico: tez blanca, cabello lacio. Por eso, Lo llevamos rizo intenta empoderar a las personas: queremos que sientan que también son bellas cuando lucen su cabello natural».

Sin embargo, las líderes del proyecto aseguran que no tienen intenciones de rechazar otros estilos, ya sea el «laciado», el «desriz» o la llamada keratina. «Lo que sí fomentamos es que cada quien se sienta bien tal cual es y, si bien puedes hoy llevar tu pelo planchado y hacerte una keratina, también puedes reconocer tu belleza natural llevando el cabello como es», dicen ellas.

Pelo libre

Entre las mujeres que asistieron al taller sobre el uso del turbante hay niñas de cinco años, mujeres adultas y ancianas. A mi lado, una de las presentes comenta que en su tiempo no tenían «esta liberación». «El turbante lo usábamos cuando teníamos el pelo sucio o feo», me susurra.

Tomada de la página de Facebook Lo llevamos rizo.

Celine Terry, 23 años, se puso el turbante. Tardó algún tiempo en completar la transición: del pelo químicamente tratado al natural.

«¡Qué extraña te ves!», le dijeron.

La propia Annia, que lleva diez años luciendo su estilo afro, ha sido blanco de malas miradas. «Yo he sido discriminada en la calle por llevar mi cabello afro natural. Discriminación no solo es la que existía siglos atrás a modo de esclavización; una burla sin el más mínimo disimulo también discrimina».

Por ejemplo, que no exista un equilibrio entre productos para el cabello lacio y productos para el cabello rizo en las tiendas cubanas es otra forma de discriminación hacia las personas que no cumplen el canon caucásico. De hecho, un recorrido por las perfumerías de La Habana muestra el desabastecimiento de cremas peinadoras que no sean las de estirar el cabello.

En cambio, sobresalen las keratinas, las cirugías capilares, las planchas de pelo. Las modelos de los estuches son chicas con cabellos lisos y tez blanca, salvo en los casos en que se promociona un «desriz» destinado a las «mulatas» de pelo «laciado». En muy pocos casos las dependientas pueden responder las preguntas de las consumidoras. Acceder a productos adecuados para el cabello afro solo es posible, a veces, en la web de ventas informales revolico.com.

Annia cree que la discriminación se cuela en todos los espacios. «Hace pocos meses, a raíz de la denuncia de un caso de racismo en el transporte público los medios de comunicación replicaron los artículos del Código Penal sobre discriminación. Sabemos hoy que estamos amparados por la ley», asegura.

Sin embargo, Mercedes Prendes espera que Cuba apruebe políticas públicas más específicas. La peinadora se queja de que «algunos empleadores todavía rechazan a personas que no llevan el cabello lacio. Y no tendría por qué ser el cabello rizo la variable para que acepten o no a alguien en un puesto de trabajo. Nosotras también tenemos que combatir esos prejuicios», termina.

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