«No somos culpables de no saber sobre las UMAP»


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Espacio Memoria de elefante en Centro Habana.
Espacio de discusión «Memorias de elefante». (Foto: Darcy Borrero Batista)

La presentación del libro Misa para un ángel y el homenaje a su autor, el investigador cubano Tomás Fernández Robaina, propiciaron un debate sobre las UMAP, los campos de trabajo forzado adonde fueron confinados miles de hombres en los año 60.

Tremenda-Nota-TN-2018

El pasado jueves 24 de octubre el espacio «Memorias de elefante», coordinado por el Club del Espendrú en el Centro Cultural Cubapoesía, en Centro Habana, sirvió de escenario para la presentación del libro Misa para un ángel, de Tomás Fernández Robaina, miembro del Departamento de Investigaciones Histórico-Culturales y Bibliotecológicas de la Biblioteca Nacional José Martí.

Gran parte del debate generado por el título de Fernández Robaina giró en torno a la homofobia en la Revolución Cubana. Aunque el diálogo público no se restringió al período posterior a enero de 1959, hizo énfasis en esa etapa.

Los primeros años de la Revolución estuvieron signados por episodios de persecución a las personas LGBTI+, que eran confinados por el gobierno a campos de trabajos forzados conocidos como Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP).

Lo que sucedió con los homosexuales a inicios de la Revolución, a juicio de varios panelistas, fue inédito. «Nunca antes [la homofobia] se había convertido en política de Estado», dijo el ensayista, crítico e investigador literario Roberto Zurbano. 

«Nunca antes se había perseguido a los homosexuales de esa forma», remarcó.

Muchos de los presentes en el espacio «Memorias de elefante» se preguntaron por qué, a estas alturas, prevalece la desmemoria sobre lo que sucedió en aquellas «unidades». ¿Por qué, a pesar de algunos libros y artículos que tratan el tema, prevalece el misterio oficial de aquellos campos donde fueron llamados a «reformarse» unos 30 000 hombres

Otros participantes en el encuentro indicaron que el tema ha sido tratado en libros, pero fundamentalmente desde la ficción u otros géneros que coquetean con la frontera entre realidad e imaginación. 

«Al ser un tema poco sistematizado desde la investigación, quizás por el poco acceso a la información relacionada con las UMAP, se vuelve un asunto complejo y por ello pudiera pecar de ciertas omisiones en su acercamiento. A eso debo añadir el interés del Gobierno cubano en borrar la memoria histórica de lo que fueron las UMAP para la conformación del modelo socialista cubano y para la configuración de la categoría de sujetos lacras, contrarrevolucionarios o enfermos», escribió el cubano Yassiel Vázquez en Las UMAP y el hombre nuevo en Cuba.

Una de las principales vías de acercamiento a las UMAP han sido los testimonios recogidos, principalmente, por las iglesias —los religiosos fueron otros de los grupos sometidos a aquellos campos de trabajo forzado—. Aun así, el debate no alcanza para aclarar los hechos.

En octubre de 2010, Fidel Castro declaró al diario mexicano La Jornada que había sido responsable de la creación de los campos de trabajo forzado para homosexuales y otros grupos de la sociedad que no se ajustaban al canon del «hombre nuevo».

Poco después, Mariela Castro Espín, en su rango de directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) dijo a la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude) que «sería muy saludable hablar sobre lo ocurrido [las UMAP], analizarlo, no solo en el plano personal sino también socio-histórico».

Sin embargo, hasta hoy el Cenesex ha mantenido silencio total sobre ese episodio histórico: la institución no ha publicado o editado ninguna reconstrucción histórica de los hechos, ni ha impulsado el debate social sobre el tema, muy por el contrario, ha intentado mitigar su relevancia en todos los espacios y foros.      

Precisamente, ante el gran vacío oficial sobre el tema la rapera cubana Magia López, coordinadora del espacio «Memorias de elefante», dijo que «no somos culpables de no saber. Los que están aquí hoy no son culpables de su desconocimiento de esta parte de la Historia [de Cuba]».

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