«No puedo, tengo ensayo»: La quemadera de «El Portazo» tal como se la expliqué a un repa


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(Fotos: Néster Núñez)

―Asere, llégate hasta el Arco de Belén, en La Habana Vieja. Reserva tu entrada y échate la obra de teatro del grupo El Portazo ―fue lo único que le dije al tipo más repa de todo el barrio cuando me preguntó de dónde venía.

Me lo crucé entrando a la cuadra, como a las 3 de la mañana.

―Yo no tengo tiempo pa’ eso. Mi único «tain fri» es este: la madrugada y los alcoholes. Casi amanece y el que va a la obra de teatro, la de verdad, soy yo: la cola de la tienda de la esquina ―respondió.

Yo no tenía sueño y quería seguir tomando.

«No puedo, tengo ensayo», el nombre de la obra de teatro, me dejó con ganas de terminar de reventarme la cabeza a puro ron barato.

El vecino, alcanzándome su pepino de ron a medio llenar y mirando mi estalaje, siguió: «Que yo sepa, al teatro no se va en short ni en gorra, ¿qué obra es esa?»

Intentar contarle a aquel hombre, que los únicos actores que conoce son Chuck Norris, Steven Seagal y Albertico Pujol, de qué iba «No puedo, tengo ensayo», y eso significó un ejercicio mental en el que yo mismo intenté explicarme lo que había acabado de ver.

Que en una ciudad moribunda, mordida por el asco del insomnio, se presente una «comedia de situaciones» con tantos referentes actuales de la Cuba y del mundo de hoy, sin caer en la baba de siempre, resulta la confirmación de que el arte sigue siendo el arma más letal del ser humano.

El repa jamás ha ido a un teatro. Solamente tiene una camisa de mangas largas, un pantalón «cuatropuertas» y unos tenis Converse para cuando sale a guarachar por ahí.

―Lo primero que tienes que saber es que no importa cómo vayas vestido. Eso es intrascendente para la obra. No te imagines un teatro o un cine con todas las de la ley. Hay una barra y meseros.

―Ah, ¿Por qué se puede tomar allá dentro?

El vecino abrió los ojos cuando supo el dato.

―Puedes tomar, fumar, bailar, tirarte fotos y videos con los actores, darle un beso al de la lado, si te da la gana ―le dije.

―¡Pero eso es un plan de la calle, una bachata!

―Exactamente ―respondí―. Una bachata, un performance, la dialéctica pura y dura de todos los barrios de Cuba encima de un escenario. Una quemadera como Dios manda.

―A ver, no me des esa muela que me pierdo. Date un chance. Vamos a matar lo que queda de este pepino de ron y cuéntame cómo es la talla de lo que viste y así conversamos tú y yo. ¡Mira que nos cruzamos en la zona y nunca talleréamos! ―me dijo el repa, sacando su caja de cigarros de un bolsillo.

―Imagínate una despedida de soltera, tres amigas. A lo loco. Las mujeres regresan de todo ese viaje de sexo, drogas, alcohol y no se acuerdan de casi nada de lo que pasó. Ni siquiera saben si el tipo al que llamaron para la despedida, existe después de esa noche. A partir de ahí se sucede todo ―le expliqué, a priori, al repa.

―Eso me gusta: sexo, drogas y alcohol. Eso es lo mío ―dijo, relamiéndose un buche de ron.

―Sí, pero eso es lo de menos ―me di un buche y encendí un cigarro―. A partir de ese momento las mujeres comienzan a cuestionarse todo lo que les ha pasado y eso se mezcla con la rebambaramba de aquí. No hay diálogos complejos ni «metatranca».

―Asere ya, ni me digas más: política de nuevo.

El repa pensó que la política era muy previsible en la obra, como en cualquier cosa que sucede en este país.

―Negativo por esa vía ―contesté―. La obra tiene varias máximas que se repiten: «No se habla de política» y «Lo que se sabe, no se pregunta». Así que sí, es imposible no hablar de política, pero lo hacen como mismo lo hacemos todos. Hablan de la gente que se va, que huye, que cruza fronteras para llegar a la Yuma, de los volcanes de Nicaragua, de Murillo, del gobierno entero, del precio de la comida, de los 62 mil milenios de lo que tú sabes, del Código de las Familias, de las putas y el sindicato que no acaban de legalizar, de Otaola.

―Ño, de pinga ―señaló el repa―, la misma talla de la cola de la esquina.

―De repente, parte de los actores, porque son más de 20, se esparcen por todo el público ―le conté―. Van de mesa en mesa y hablan con nosotros, toman y fuman con nosotros. Entran y salen a escena disfrazados lo mismo de Micky Mouse, que de Super Mario o Luigi, Disney completo. Hay princesas, brujas, Fionas, marajás de la India.

Y ya no pude parar.

―De un momento a otro las y los actrices protagonistas se convierten en monjas castas, santas, puras, inmaculadas y muy putas. Un albañil. Un ruso, porque de la invasión a Ucrania se habla también.

Ya lo estaba entiendo todo.

―Vas a ver tetas, culos, hombres casi desnudos besándose, banderas de la comunidad LGBTIQ+ ―seguí.

El repa no paraba de mirar cada gesto que yo hacía con las manos mientras le intentaba explicar aquella locura de «No puedo, tengo ensayo». Cada vez que abría los ojos del asombro o del espanto, ya no sé, se daba un buche de ron y una calada gigantesca del cigarro de turno.

―¿Pero todo eso para descubrir que fue lo que pasó en la despedida de soltera? ¡Me estas inflando menor! ―me decía el repa.

―Asere, la idea de la despedida de soltera es la justificación, la excusa para intentar desenredar el nudo gordiano este en el que vivimos.

―Oh, nudo gordiano. Yo sé lo que es eso ―acotó el repa―. Y ahora explícame tú cómo es que esa obra, con todo lo que me estás contando que sucede, sin pelos en la lengua, no ha sido prohibida.

El repa comenzaba a entender la dinámica y yo asumí que, en algún punto del espectáculo, me pasó esa idea por la cabeza.

Le compartí mi teoría.

―Esa gente ha arrasado en cada provincia en que se ha presentado. Censurar «No puedo, tengo ensayo» sería una pérdida de tiempo para el gobierno. Además, ellos están enfocados en censurar otras cosas y a otras personas.  

Y dije más.

―Una obra como esa que consigue, sin caer en la misma majomía de la libertad sexual, que te personaliza la reconfiguración de la sociedad cubana con la aprobación del nuevo Código de las Familias, que te habla del «país de pinga este» que no puedes dejar de querer, del desastre del reordenamiento, es tan nociva como adictiva.

Por fin respiré. El repa me encendió un cigarro.

―Asere, ahora mismo me siento como si me acabaras de narrar el partido de despedida de Cristiano y Messi, y yo lo viviera como si hubiera ido al estadio ―observó―. ¿Cómo carajo suceden estas cosas y uno no se entera?

Comments (3)

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    Roberto carballo

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    Mejor descripción imposible, felicidades para ese equipazo

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    Melinda

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    Te pasaste!! Lo has descrito muyy biennnnn…..fan de la obra como tú 🙏 El Portazo es otra talla✨🤍

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    Esther

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    Dale! Bien!

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