«No detuvieron a Manuel de la Cruz, detuvieron a Desparpajo»: La aventura del payaso que metieron preso en Cuba


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(Fotos: María Lucía Expósito)

El payaso iba en la patrulla con las manos contra el cristal de la ventanilla. Al rato se resignó. Dejó de pedir socorro. Si la gente lo miraba, se encogía de hombros y les sonreía. La visión duró un instante, lo que lleva ir desde San Isidro, en la zona más pobre de La Habana Vieja, hasta la estación de policía que está en Cuba y Chacón.

―Entro a la patrulla, no estaba esposado, y recuerdo haberme dicho a mí mismo, tú eres Desparpajo hoy y lo vas a ser hasta que te quites la peluca, hasta que quites la nariz, hasta que te quites el maquillaje ―recuerda el payaso en una casa del Cotorro, a las afueras de La Habana.

Este barrio, donde vive Desparpajo, ya no parece ciudad. Tiene el aire de los refugios remotos. El payaso está en la casa de su tía. «Es mi segunda madre», dice. Le pide una taza de café para seguir hablando de aquel día «triste, pero poético».

―Ya no hay café, Manuel ―la tía se sienta un poco más lejos para oír, de nuevo, lo que pasó en San Isidro.

Manuel de la Cruz Pascual tiene 27 años. Camina por el parque del Cotorro con la energía propia de los flacos. Podría irse corriendo en cualquier momento. En la casa, entre los adornos exóticos de su tía, gesticula graciosamente. Payaso de toda la vida, también fue maestro hasta el jueves. Lo expulsaron por perder «la idoneidad» este 5 de abril, el día que la policía se llevó a Desparpajo.

―Teníamos una mesa preparada en la sede del Movimiento San Isidro, donde había libros de colorear, literatura para niños y confituras. Yo iba a estar adentro. Me había preparado un nasobuco que pinté para recibir a los niños y darles los regalos. Incluso llevé una jaba bien grande que había llenado de tarecos, zapatos viejos, y a la hora de entregar las jabas equivocarme y dar un zapato ―cuenta.

El Movimiento San Isidro (MSI) es un grupo de artistas independientes que se fundó hace pocos años para denunciar un decreto legislado para controlar la creación artística. El gobierno dice que los miembros del MSI no son artistas, sino «provocadores». Los detienen a diario por un rato, luego los dejan ir para que no se note.

En 2020, el grupo se acuarteló en La Habana Vieja para protestar por la prisión de uno de sus miembros, Denis Solís. Acabaron haciendo una huelga de hambre y sed que terminó cuando la policía evacuó los huelguistas a la fuerza. El desalojo provocó una protesta de cientos de personas.

―Mi despertar, de decir tengo que salir de mi casa y tengo que conocer a la gente del Movimiento San Isidro, se da cuando ocurrieron los sucesos frente el Ministerio de Cultura ―dice el payaso―. Fue demasiada la intranquilidad que tenía y yo dije, voy a ponerme en contacto con el MSI, quiero que sepan que hay alguien en silencio queriendo hacer lo que ustedes han hecho públicamente.

Un día fue hasta San Isidro para conocer a Luis Manuel Otero Alcántara, el líder del movimiento. «Eso abrió un fuego hacia mí enorme porque, por supuesto, él está vigilado por una cámara de la Seguridad del Estado».

Damas 955 ya es una dirección célebre. Ahí ocurrió la huelga de hambre y sed que le quitó el sueño al gobierno durante una semana. Frente a la casa, de cara a la puerta, está la cámara que dice Manuel. Alcántara la ha dibujado con trazos de niño. El tono del MSI a menudo es infantil. Un cumpleaños fue la última acción que proyectaron.

―Ese día me llevé fotos de las pinturas de caramelos que él estaba haciendo y me enteré de la idea que tenía ―recuerda Manuel―. Él habló con otros amigos, no conmigo directamente, de que quería comprar caramelos y repartirlos. A mí se me alumbró el bombillo y le dije: «Necesitas un payaso, yo voy a ser tu payaso».

Alcántara llevaba semanas pintando caramelos rosados, circulares. El MSI tiene motivaciones súbitas y circulares. Entró en huelga por Denis Solís y la dejó sin que fuera liberado. Alcántara dijo con ira «los Estados que no se cojan pa’ eso», cuando el gobierno cubano impidió volver a la periodista Karla Pérez. A los pocos días organiza un cumpleaños colectivo.

Estos círculos son parte de su encanto y también una razón para que la gente «seria» no los tome en serio. El gobierno, en cambio, se los toma tan seriamente que manda a la policía para que no hagan duelo ni hagan fiesta.

―Después de maquillarme es que Luis Manuel me dice que no dejan pasar a nadie ―cuenta Desparpajo―. Y yo le dije, yo me vestí y nosotros vamos a repartir caramelos. Él me dijo, estás preparado, le dije, estoy preparado.

Salieron a la calle Damas. Un cordón de agentes impedía que llegara gente a la casa de Alcántara. Esta es la escena habitual. San Isidro anuncia que va a salir. Los esperan. Los detienen. A las pocas horas, ya están en casa. A veces las patrullas les sirven de taxi. Para Desparpajo fue la primera vez, y la vivió como su show cimero.

―En la esquina me interceptaron tres oficiales vestidos de civil y me alzaron en peso, payaso en el aire, hasta llegar a la patrulla. Lo único que pude gritar fue: ¡Están deteniendo a un payaso!

En Cuba y Chacón lo esposaron.

―Le digo al oficial: «En serio, ¿esposar a un payaso?» Y me dijo: «Sí, ¡por payaso! Me las pusieron bien apretadas.

Dice que pensó: «Ustedes no detuvieron a Manuel de la Cruz, ustedes detuvieron a Desparpajo».

«Cucarachas del baúl»

Manuel fue un pentecostal de las Asambleas de Dios hasta que lo expulsaron en 2013 después de un proceso «largo y tormentoso».

―Conservo principios de la fe cristiana, pero ahora practico la religión yoruba― revela en la sala de su tía.

La casa es extravagante, incluso para el gusto cubano. Está llena de rostros inquietantes. Unas muñecas, un bibelot, un retrato de Rosa Fornés radiante, como se veía en la década de 1950.

―La iglesia pentecostal no da cabida a la gente diferente, siempre tenía miradas de alarma encima ―dice Manuel―. Poco a poco fui dando mis pasos, ¡hasta que me expulsaron!

Eso lo dijo con énfasis.

Lo botaron por pájaro. Y fue la gente más cercana, su propia familia, quien lo expuso al juicio de la comunidad.

―Lo más violento fue que, realmente, cuando hice la declaración de homosexualidad la hice con mi madre y con los amigos más cercanos, para la sociedad yo no había hecho ninguna declaración ―recuerda―, y ellos se tomaron el papel de, en una actividad, un culto, decir que Manuel de la Cruz no podía asistir más a la iglesia porque había tomado decisiones con su orientación sexual.

(Video: Nelson Álvarez Mairata)

Los cristianos evangélicos, y en particular las Asambleas de Dios, estuvieron entre los principales enemigos del matrimonio entre personas del mismo género en 2018, cuando se debatía un proyecto de Constitución para Cuba que establecería el reconocimiento de las uniones LGBTI+. Finalmente, en parte por la presión que hicieron, el parlamento postergó la decisión.

―Al hacer esa declaración pública, abierta, de mi homosexualidad, todo eso resultó en un caos y mi iglesia, mis líderes, con miedo a que pudiera arrastrar a mucha gente a una revolución, decidieron que yo era persona non grata en la iglesia.

Para un público pentecostal salió a escena el primer payaso que fue Manuel.

―Como a los 11 años empecé a hacer de payaso. En aquel tiempo el payaso que yo hacía se llamaba Piojito, tenía la misma personalidad de Desparpajo ―cuenta―. Era un payaso alocado, torpe, un payaso que quiere ayudar al mundo con soluciones impredecibles. Han sido payasos con mucha sensibilidad, muy emotivos, que guardan en el fondo una tristeza.

De las horas que pasó detenido, dice Manuel: «Yo solo pensaba en la poesía que iba a escribir». Los payasos que ha sido, antes y ahora, escriben poesías.

Algunos de los versos que escribió son estos: «Los caramelos están molestos / Los libros se me han entristecido». Tenía así la cabeza cuando entró a la unidad policial de Aguilera, en Lawton, otro barrio de La Habana. Desparpajo no estuvo mucho rato en Cuba y Chacón. Lo despacharon después de quitarle una cámara de juguete. Los oficiales se aterraron con el lente falso.

En Lawton se robó su propio teléfono y transmitió en Facebook: «Me tienen en Aguilera, compartan, quiero que sepan que han apresado a un payaso». Luego posteó: «Logré burlar a la Seguridad del Estado, payaso al fin, jaja».

Le quitaron el teléfono y lo bajaron a la celda. Dice que el policía, cuando vio a Desparpajo, preguntó: «¿Qué tú haces aquí?». Lo esperaban cuatro presos que se miraron fascinados. Manuel iba con la ilusión de esa aventura que estaba viviendo, por fin, el melancólico Desparpajo.

―Porque jamás en la vida imaginé poder presenciar un momento tan poético. Un payaso, inocente al fin, baja a un calabozo.

Maykel González Vivero

Maykel González Vivero

Periodista.

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