María Teresa Mora, la única mujer que le ganó a Capablanca


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María Teresa Mora en el centro de la foto.
María Teresa Mora al centro de la foto. / Archivo.

A inicios del siglo XX hervía La Habana de pasión por el ajedrez. En pocos años José Raúl Capablanca había situado a Cuba en el mapa ajedrecístico internacional con su juego novedoso y espontáneo. Pero, junto a nuestro campeón del mundo, la prensa de la época también calificaba de “prodigio” a María Teresa Mora que irrumpió con fuerza en la lid nacional.

En el American Chess Bulletin, una revista que se publicaba en Estados Unidos, apareció un texto sobre esa nueva promesa del ajedrez: «No contenta con haber dado a José Raúl Capablanca al mundo, La Habana llama su atención con otro prodigio del ajedrez en la persona de la niña María Teresa Mora». 

Y no se equivocaban. María Teresa Mora Iturralde, la única alumna de Capablanca, pocos años después se convertiría en la primera mujer que alcanzaría el rango de Maestra Internacional de Iberoamérica. 

Durante su vida, Capablanca solo compartió su sabiduría con la joven habanera y fue a ella la única persona a quien dio lecciones. En tres desafíos entre ambos (siempre en partidas simultáneas), María Teresa ganó dos y entabló una tercera, un aval excelente ante uno de los mejores ajedrecistas del mundo. Se dice que, al vencer a su maestro, la chica popularizó una frase más llena de humildad que de orgullo: «¡Ay qué pena, le he ganado!». 

En muchas ocasiones Capablanca solicitó que invitaran a la joven a eventos masculinos. Las pocas veces que «El Mozart del ajedrez» estudió aperturas y finales, lo hizo para luego enseñarlas a su discípula.  

«Había en La Habana una joven de 12 a 14 años que me interesaba mucho. No solo era inteligente y modesta en todos los aspectos, sino que, además, jugaba al ajedrez bastante bien (creo que hoy es probablemente la jugadora más fuerte del mundo, aunque solo tiene 15 o 17 años). En realidad, aprendí yo más que mi alumna, aunque espero que mi joven amiga se beneficie de la docena de lecciones que le di», contó el campeón en sus memorias.  

Maria Teresa Mora de Cuba

Mora Iturralde empezó a ser conocida cuando ganó invicta el Primer Torneo Escolar de Ajedrez, que se celebró en 1914. Cuba fue el primer país de América Latina donde se practicó ese deporte, en el lejano año de 1518. Pero no fue hasta cuatro siglos después que se coronó una mujer, cuando María Teresa se proclamó campeona absoluta de Cuba. Absoluta, porque en 1922 no había en el país otras mujeres ajedrecistas; Mora Iturralde jugó siempre contra hombres. Ese fue un hito pocas veces recordado, y pocas veces mencionado en la historia ajedrecística de este país. 

Ni siquiera el duelo entre Capablanca y Lasker generó tanto entusiasmo como el que María Teresa había entablado en 1921 contra José Van der Gutch. Según el diario Brooklyn Daily Eagle, del 23 de noviembre, la muchachita comenzó perdiendo, pero luego igualó el puntaje a 2,5. Los teléfonos del Club de Ajedrez de La Habana no dejaron de sonar; todos querían conocer el progreso de las partidas. Por primera vez una mujer retaba a un caballero. 

Mientras sus contrincantes hombres dedicaban todo su tiempo al estudio del ajedrez, María Teresa compartía su amor por los trebejos con la pasión por la música, dos actividades en las que brilló al mismo nivel. La alumna de Capablanca incluso ofreció conciertos de violín y mandolina en la capital, con la misma destreza mostrada en el juego ciencia. 

Cuando en 1938 se instaura el Campeonato Femenino, María Teresa tampoco encontró rivales. Mayoreó y sostuvo durante dos décadas el título nacional de mujeres, hasta 1960, año de su retiro. Participó en dos campeonatos del mundo; en 1939 terminó séptima y en 1950 fue décima, no sin antes entablar con la campeona mundial Elizabetha Bikova.  

Murió en su ciudad natal el 3 de octubre de 1980, anciana y jubilada. Desde esa fecha una copa femenina de ajedrez llevó su nombre, hasta que desapareció en los años 2000. Se evaporó un evento para las mujeres ajedrecistas cubanas, y el respectivo homenaje a la máxima exponente de esta disciplina en la Isla. 

El torneo nacional femenino abarca cuatro décadas, luego de 1959. Pero ninguna otra ajedrecista ha conseguido el dominio absoluto de la alumna de Capablanca.

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Mayli Estévez Pérez

Mayli Estévez Pérez

Nació en 1986, el año en que Maradona levantaba en el Estadio Azteca la Copa Mundial de Fútbol para Argentina y cuando por última vez se avistaba en la órbita de la Tierra el cometa Halley. No sé si me suceda como a Mark Twain, pero el 2061es un buen año para morir,  solo por imitarlo. Periodista titulada, deportista frustrada. La opción que me quedó fue hacer el coctel de periodista deportiva.

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