Luis Manuel Otero Alcántara y la bandera LGBTI+ en el Minsap: El «síndrome de los símbolos profanados»


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Luis Manuel Otero Alcántara en su performance “Welcome to Yumas” (Foto: Cortesía del artista con la revista Artishock)

A Luis Manuel Otero Alcántara lo hemos visto lo mismo envuelto en la bandera nacional que con el símbolo de las feministas. Ahora aparece, por supuesto en menor grado y sin ser probablemente su voluntad, envuelto en otro dilema de banderas.

Cuando este 17 de mayo, el Día contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, el Ministerio de Salud Pública (Minsap) y otras instituciones estatales colgaron una bandera de la diversidad sexual y mostraron mensajes pro LGBTI+, a muchos les pareció un acto de tremenda hipocresía no solo de parte de la oficialidad, sino también de los activistas que celebraron, compartieron el gesto o se emocionaron sencillamente.

Cómo era posible, se cuestionaron, que un Estado que persiguió, patologizó y recluyó a las disidencias sexuales, ahora cuelgue en el balcón de uno de sus ministerios, nada más y nada menos que el de Salud Pública, una bandera multicolor, así tan campante, como si nada.

«Les ponen la banderita y se les olvida que llevarán sus derechos a plebiscito», leí por ahí de alguien que hablaba con una superioridad y una condescendencia insoportables. «Cómo se explica que haya activistas y personas de dicha comunidad que celebren esto, cómo pueden creerle al propio ministerio que tiene recluido arbitrariamente a Luis Manuel Otero Alcántara», cuestionaban algunos.

A mí, de verdad, lo de la bandera no me dio ni frío ni calor. Yo siempre supe que eso era, como se dice, «pan pa’ hoy y hambre pa’ mañana». Quizás necesite más tiempo y trayectoria para entender el significado de ese gesto oficial. He pensado que fue por estar cansada, por sentirme como una ciudadana de segunda, que solo pude ver un acto vacío, simulado, tibio. De todos modos, yo no puedo hablar de cansancio. En esta lucha hay gente con más cansancio que yo.

Bandera LGBTI+ en el Minsap (Foto: Tremenda Nota)

Tengo que decir que si me molesté y desconfié de la pose del Minsap, para el que todavía soy «hombre» y avala que pongan mi nombre del carné en las recetas de las hormonas que consumo, más me molestaron aquellos que han infantilizado y cuestionado de manera oportunista y carroñera al activismo LGBTI+, los que salieron reclamando el cuerpo de Alcántara aprovechándose de la bandera del arcoíris, los que llamaron la atención sobre la paradoja de estar celebrando el supuesto apoyo del mismo ministerio que desde hace más de quince días mantiene al artista en un ingreso absurdo y arbitrario, bajo unas circunstancias cada vez más sospechosas.

Me molestan porque en muchos casos, detrás de esa crítica lo que se esconde es una homofobia internalizada, la más difícil de detectar y de reconocer.

Lo de Luis Manuel es realmente insultante. Desde el momento en que permitimos que las autoridades cerquen a una persona, planten patrullas delante de su casa, irrumpan, rompan o se lleven alguna propiedad u obra suya, la detengan sin haber cometido delito o la mantengan recluida en un hospital por orden de la Seguridad del Estado cuando ya supuestamente se encuentra bien de salud, estamos permitiendo que lo hagan con cualquiera de nosotros.

Desde el momento en que permitimos que se viole uno solo sus derechos a manifestarse pacíficamente, a disentir en política, a expresarse, asociarse y moverse libremente, les estamos dando permiso para que también violen los nuestros.

Es difícil también creerse la voluntad política y el respeto por la comunidad LGBTI+, cuando al propio Alcántara le han filtrado información de su vida sexual y le han hecho burlas racistas y homofóbicas por sus performances y prácticas no cis-hetero-normativas, como sucedió tras aquel video en el que aparece metiéndose un dedo en el culo. Los que intentan convencer de que el culo de Alcántara, explorado por ese dedo, es más abyecto políticamente, inspiran mucha desconfianza.

Es muy revelador el abuso que hacen de esas imágenes cada vez que lo muestran como contrarrevolucionario. El énfasis no es casual. Y si como activistas LGBTI+ y como antirracistas, permitimos que hagan esto con él, estamos permitiendo que lo hagan con cualquiera de nosotros.

No obstante, estoy casi segura de que Luis Manuel no hubiese armado tanto alboroto ni emplazamientos ridículos por la bandera puesta en el Minsap. Es probable que hubiera ido de primero a tomarse una foto, si es que no lo detienen antes de llegar, porque hay una verdad: él puede no gustarnos, o sus propuestas artísticas y políticas parecernos burdas, innecesarias, desproporcionadas, desgastantes, podremos tener con él diferencias de opiniones y de estrategias políticas, pero si algo le creo es que «está puesto» para todo lo que se trate de sumar derechos ciudadanos y fortalecer a la sociedad civil, aunque por el camino aparezcan otras voces y distorsionen la intención.

Luis Manuel Otero Alcántara en el performance “Unidos por la Wifi” (Foto: OnCubaNews)

Creo que las posiciones más reaccionarias y fundamentalistas de la oposición y de algunos actores de la sociedad civil en general, no comprenden que estos pequeños gestos son terrenos que le arrebatamos al poder. Si tú me dices que el Estado no tiene voluntad política y pone la bandera, yo puedo interpretar que el Estado ha tenido que ceder a alguna presión. Aun cuando tú me digas que lo hace por oportunismo y por figurar de «inclusivo» ante la opinión internacional, yo puedo interpretar que en el hecho mismo del oportunismo hay una pequeña victoria: algo que inquieta al poder, alguna presión que le hizo.  

Esa bandera fue colocada porque el activismo en Cuba, todavía desmovilizado, está mucho más organizado, consciente de que debe abandonar su entera labor de promoción de salud y hacer un verdadero activismo político. Porque hubo una marcha un 11 de mayo en rebelión ante la institucionalidad que pretende centralizar y controlar nuestros cuerpos, activismos, fechas conmemorativas y discursos. Porque ese mismo día hubo activistas sitiados, detenidos y violentados. Otros, como yo, amedrentados por un oficial para que no asistiéramos a esa marcha.

Esa bandera también estuvo ahí porque hay personas que, aunque trabajan en las instituciones del Estado y se deben a ellas, hacen las cosas como creen que deben hacerse, aunque hacer las cosas «como deben hacerse» suponga contradecir la política de la institución o del Estado y, por intentarlo, también sufran amonestaciones, amenazas, censura, marginación, actos de repudio, expulsiones.

La bandera fue colgada porque, al fin, hay un grupo de activistas exigiendo unos derechos específicos que no han recibido un apoyo rotundo tampoco desde algunas zonas de la oposición, derechos que se escapan, al parecer, del gran paquete para la «Cuba del cambio».

Con el gesto de la bandera nadie se ha conformado. Cuando nos explican que es compasivo con la comunidad LGBTI+, se nos está subestimando. No nos infantilicen. Deseamos que no lo hagan. De verdad no tenemos ningún problema, ninguna enfermedad. Podemos darnos cuenta sin ayuda de nadie.

Conocemos nuestro pasado, sabemos que nuestros derechos serán llevados a consulta popular, que cortan nuestros besos en televisión, nuestras expresiones de afecto, nuestras escenas de sexo, que censuran nuestros videoclips. Sabemos todo eso y mucho más de lo que creen que sabemos. Sabemos, incluso, que en realidad no importamos tanto a ningún político.

Ayer quisimos mirar para la bandera que colgó el Minsap, celebrarla o no. Y eso está bien. Ayer también muchos deseamos que a Minsap liberara a Luis Manuel Otero Alcántara de ese ingreso/encierro sin sentido. Y eso también está bien.

Ministerio de Salud Pública, La Habana (Foto: Tremenda Nota)

Bandera y Alcántara: ambos son símbolos. La primera, de la disidencia sexual. El otro, de la disidencia política. Ambos están instrumentalizados por dos fuerzas en una lucha de poder. Y en medio de todo, el síndrome del símbolo profanado: Martí es profanado cuando lo hacen las feministas en México, no cuando lo hacen opositores en La Habana. Martí es profanado cuando lo hace la oposición, no cuando lo hace el Partido Comunista de Cuba.

A alguien siempre le parecerá que hay un símbolo profanado en algun sitio, que algo no debe ser así, que esa bandera no debería ser utilizada de tal modo por tal persona.

Para el Estado cubano, Alcántara no debería estar siquiera cerca de un símbolo patrio. Le hace pagar por su perfomance con la bandera, ultrajada para ellos porque es un contrarrevolucionario. Para la oposición, la comunidad LGBTI+ no debería siquiera permitir que el Minsap cuelgue su bandera, ultrajada también para ellos por un ministerio que nospatologizó, que no tiene ningún interés en legislar a nuestro favor y que, encima, retiene a Alcántara. Hablan por la comunidad LGBTI+ y hablan por Alcántara. Van a millón.

Hay un empeño binario detrás de cada estrategia política, en esa manía de decidirnos por una sola opción cuando podemos exigirlo y tenerlo todo. Que no nos explote la cabeza. Se pueden querer ambas cosas: la bandera en el Minsap y libertad de Luis Manuel Otero Alcántara. Exigir lo que sea, sin pasar la pena de decirle a otro lo que debe pedir.

Mel Herrera

Mel Herrera

Escritora y activista

Comments (6)

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    Dr. Aurelio Enríquez Glez Santiesteban

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    Digo más: si ella formara parte de algo mejor organizado ya hubiese hecho algo que valdría la pena. Nada más se queja y se queja y se autovictimiza. Pero de ahí no pasa. Ojalá y haga algo de verdad para que podamos leer otra cosa en la que diga lo que se logró y no lo que “nosotros si podemos pero…”

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    Dr. Aurelio Enríquez Glez Santiesteban

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    Creo que esta escritora tiene un problema con cierta autovictimización y lo refleja con total desenfado en su prosa anti-institución. Me pregunto si esas hormonas ella las paga y a qué precio. No la conozco de nada pero deja claro que es bastante consecuente con ese complejo de autovictimización. Todo es contradictorio, empezando por su “no lo acepto pero me resigno a vivir con con eso”. En vez de lamentarse o quejarse por quienes la oprimen -y le regalan sus hormonas- podría estar haciendo más que textos en los cuales la simbología no es sino otro pretexto facilista para compartir el “arrinconamiento” que siente y que viene de todas partes -no solo de “las institiciones malvadas y crueles que se burlan o ignoran nuestros más sentidos pesares, ¡ay!” ¡Qué escriba novelas para ser leídas.

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    Mel Herrera

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    Gracias por leer!

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    Ananda

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    Genial, Mel,muchas gracias

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    EZapo

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    “… no comprenden que estos pequeños gestos son terrenos que le arrebatamos al poder…algo que inquieta al poder”
    “Hay un empeño binario detrás de cada estrategia política, en esa manía de decidirnos por una sola opción cuando podemos exigirlo y tenerlo todo.”

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