Las infancias trans y la «responsabilidad parental»


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Kiriam Gutiérrez Pérez, década de 1980 (Foto: Cortesía de la autora)

Hoy he decidido romper muchos silencios que llevo en mi cuerpo y mi alma. Que sirva mi historia para muchas personas que hoy no entienden el porqué de nuestras luchas.

Mi infancia fue como muchas infancias trans, donde la violencia, la discriminación, la soledad, el miedo, eran parte de todos los días.

La escuela primaria fue el lugar donde desarrollé mis obligadas fuerzas para sobrevivir, desde maestros que me apodaron «pájaro seco» hasta alumnos que probaban su «hombría» en mi cuerpo como un punching bag de boxeo.

Qué difícil era el último turno de clases, cuando sonaba el timbre de las 4:20. Otra pelea, otra vez inventar una caída al llegar a casa y ver los ojos de mi madre como una presa con diques cambiando de tema y ofreciéndome un durofrío o una cremita de leche.

Cuántas veces esos diques se derramaron en la dirección de la escuela, durante un «juicio sumario», por aquel niño que no era «normal», porque sus formas afeminadas causaban problemas de disciplina, vergüenza y rechazo incluso de ciertos padres que se quejaban en las reuniones.

Solución: llevas a tu hijo a la clínica del adolescente y recibe tratamiento para arreglar su «problema» o te lo trasladamos a una «escuela especial». Ese cónclave nunca le dijo a la de los ojos azules que su hijo era de los primeros escalafones en el grado, que ganaba concursos a nivel municipal, provincial y que los diplomas nunca se los entregaron en los matutinos, como a otros. Que nunca faltó el respeto a nadie y el verdadero problema es que era diferente.

En la llamada clínica del adolescente, después de un test psicométrico, la orden fue practicar deportes de combate: judo, boxeo, karate. Para las niñas, costura, pintura, música, danza.

Estuve solo un año y muchas experiencias y complicidades tuve también con otras niñas trans, que las encontré porque las busqué siempre. Me preguntaba dónde estaban otras como yo. Esa pregunta era recurrente al formar las filas de hembras y varones.

La secundaria fue ya otro nivel. Claro que siguió la violencia, la discriminación, pero el miedo fue mermando. Ya sabía quién era y que quería. La lucha fue mayor y gracias a Dios tenía un team de amigas que eran como «ángeles de Charlie». Me asustaba menos el timbre de las 4:20.

Henry apenas pudo terminar 9no. grado. Yo era un año mayor, pero estuve a su lado muchas veces en el merendero evitando el «tumba y deja» que sufría a diario. Él sufrió más. Sus padres no tenían ojos con diques. Sus padres eran parte del mecanismo de violencia y represión.

Nunca dije a nadie que fui violada con 4 años por un compañero de trabajo de mi madre. Nunca dije cuántas veces recibí golpes en los baños, orine, excrementos y los profesores nada hicieron. Incluso cuando manchaban mi uniforme yo lo mal lavaba para continuar en el aula, y lo relavaba escondida de mi madre al llegar a la casa.

Hoy tengo 45 años, pero reitero, mis cicatrices las llevo en mi cuerpo y mi alma. El miedo todavía vive en mí.

El Código de las Familias no recoge ninguna protección para las infancias trans, esa es una lucha que hay que seguir dando. Pero que se exija una correcta educación en los niños y niñas, que respeten la diversidad sexual y la identidad de género, que tengan voz y puedan denunciar todo tipo de violencia y violaciones de sus derechos, es justo.

A ningún niño o niña se les va a enseñar ni a convertir en homosexuales ni en transexuales. Eso no es posible. Se les va a educar en el respeto a la diferencia, para que todos y todas, también otras Kiriam y otros Henry, puedan estudiar.

Los niños y niñas no son propiedad privada ni de los padres ni del Estado. Son su responsabilidad.

Comments (4)

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    Jose Manuel Vale

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    Yo soy heterosexual y nunca he sido homofóbico. Me ha conmovido la historia. Nunca estaré de acuerdo con el abuso y la injusticia asi como no estoy de acuerdo con fomentar la homosexualidad en las aulas, creo es algo que cada quien debe decidir lo que quiere vivir o ser, pero si iguales derechos para todos y que nadie debe ser discriminado por su forma de ser o de pensar.

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      Psic. Sonia Rivera

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      ¿Dijiste fomentar la homosexualidad en las aulas?
      Entonces no entendiste nada. No es suficiente con conmoverse es necesario ilustrarse, cuestionar y entender la diversidad sexogenérica para no seguir fomentando y justificando la homolesbobitransfobia.

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    Daniel

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    Bello, hermoso, valiente, este escrito. Mi respeto y admiración.

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