Las batallas perdidas del activismo LGBTI+ en Cuba


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El activista Alberto Roque y la rapera Danay Suárez (Ilustración: Polari)

La querella judicial del activista Alberto Roque contra la rapera Danay Suárez era una causa perdida en Cuba y en cualquier parte. Ningún tribunal atento a la precisión que exigen las leyes, hubiera dado por buena una demanda basada en la injuria personal si apareció en un texto que la acusada no escribió.

La teoría de la conspiración que apoya Danay ―creer en la existencia de un grupo pedófilo organizado, que se ha aliado con la comunidad LGBTI+ para ampliar su influencia―, solo es un disparate. Y el disparate, del tamaño que sea, todavía no está penado por ningún código. La noción de libertad de expresión admite el disparate y hasta lo protege.

El texto de Dayis Arizmendi ―todavía nadie sabe, al menos ninguno de los injuriados, si Arizmendi existe― fue leído y desmontado al primer vistazo por decenas de personas informadas. De un debate en las redes sociales no debió pasar.

Ir a los tribunales ha sido una buena estrategia del activismo LGBTI+ en otros países. Ha servido para conseguir beneficios prácticos y también para animar la discusión pública. La primera batalla cubana de esta clase, lamentablemente, resultó ser una bala perdida, una de esas que retroceden por la culata y acaban haciendo blanco en el cuerpo de quien disparó.

El activismo LGBTI+ es más débil ahora frente al fundamentalismo cristiano. Llevar a Suárez a un tribunal sin ninguna posibilidad de triunfo, fue un error de ese «lobo solitario» que quiere ser Alberto Roque. Su abogado, sin experiencia en estas querellas promovidas en beneficio de una causa, por la falta de tradición que tenemos en Cuba, no supo asesorarlo bien.

Con el desenlace a la vista, perdida la batalla, los activistas han señalado la falta de leyes contra la discriminación y el peligro de los discursos de odio. Ya es tarde. Decirlo ahora, con Danay Suárez absuelta y confirmada en su fe anti LGBTI+, no suaviza la victoria de los evangélicos que siguen fuerzas para impedir el matrimonio entre personas del mismo género.

El texto reposteado por Danay, si se lee bien, es discurso de odio. Pero Alberto Roque, médico y activista, no supo que los tribunales no leen así. La ley obliga al juez a leer lo obvio. Lo que no sea dicho con las palabras exactas, en tono evidente ―«flagrante», diría un experto―, no será tenido en cuenta por esta clase de lector.

Manuel Vázquez Seijido, el abogado que ha ascendido hasta llegar a subdirector del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), pudo aclarárselo a Roque y explicarle que no tenía chance de escarmentar a la rapera. No se sabe si Roque lo consultó. Sí está confirmado que no buscó apoyo en la Plataforma 11M, el grupo LGBTI+ independiente más organizado. Prefirió actuar por su cuenta y terminó perjudicando a todos, tanto al activismo oficial como al independiente, que ahora tienen un oponente fortalecido.

11M también ha disparado balas al aire frente al fundamentalismo.

En octubre de 2020, el grupo dirigió un comunicado al gobierno para solicitarle que reaccionara antes una campaña organizada por varias iglesias evangélicas.

El texto tenía un punto problemático: los activistas denunciaron que los cristianos anti LGBTI+ cuentan con «financiamientos de organizaciones estadounidenses» y observaron que «el Estado cubano no ha respondido a los ataques y desacreditaciones de estas denominaciones cristianas», aunque en otras ocasiones «ha respondido», debe añadirse que violentamente, a la actuación pública de «activistas o personas no religiosas, acusándoles de mercenarismo».

Esta es una estrategia propia de los débiles. Pero la debilidad, bien asumida, no se escuda detrás de estigmas semejantes a los que la cercan. 11M le dijo al gobierno que las iglesias son «mercenarias» y que debe encararlas con el rigor que usa con otros «mercenarios», como si los manifestantes LGBTI+ del 11 de mayo de 2019 no hubieran sido calificados igual por la propia Mariela Castro: «fue un show mediático convocado desde Miami y Matanzas, respaldado por funcionarios de la embajada de Estados Unidos y cubierto por la prensa extranjera».

La debilidad, con suerte, va a madurar.

Maykel González Vivero

Maykel González Vivero

Periodista.

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