La «pena máxima» en Cuba: Una crónica por casualidades de la muerte


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(Ilustración: Samada)

Tengo un cuento nuevo. Se lo he enseñado a pocos amigos. Hasta el momento, es mi mejor cuento. Trata sobre unos condenados a muerte, en el país de Torquemada del Asilo, que esperan con orgullo ser fusilados.

Algunos socios, luego de dispararse las 20 páginas con olor a pólvora, dicen que mi trabajo en el cementerio y la anterior pincha, cuando era policía, han trastornado mi idea de la muerte.

En el 2003 se instauró el 10 de octubre como el Día Mundial contra la Pena de Muerte. Casualmente ese mismo año fueron ejecutados los últimos condenados en Cuba. Tres jóvenes habían secuestrado la lanchita de Regla. Su intención era llegar hasta los Estados Unidos. Ningún secuestrado resultó muerto o herido, pero la sanción fue precisa: «¡Preparen, apunten, fuego!»

En nuestro país la pena máxima está regulada en el Código Penal vigente. Los delitos para los que se asume tal escarmiento son varios: asesinato, secuestro, violación agravada, terrorismo, piratería, narcotráfico, traición y delitos militares.

La ley establece no condenar a muerte a los menores de 20 años de edad, ni a mujeres que cometieron el delito estando embarazadas o lo estaban al momento de dictarse la sentencia.

Para el año 2000, el gobierno cubano había asumido una moratoria de hecho. Estas sentencias están aplazadas. Solo fue suspendida una vez, justamente con los raptores de la lancha.

En el 2008, la moratoria se reafirmó cuando el entonces presidente Raúl Castro conmutó a cadena perpetua a un grupo de prisioneros que esperaban el fusilamiento. Aun así, Raúl no suprimió la pena máxima debido a que «no estaban dadas las condiciones…».

La pena de muerte tiene detractores y defensores en Cuba. Por increíble que parezca, en pleno siglo XXI, acabar la vida frente a un pelotón de fusilamiento, en esta parte todavía viene acompañada de aplausos en nuestro país.

En 1989 fue televisado el juicio del general Arnaldo Ochoa y otros altos militares. Los delitos de narcotráfico, traición a la patria y crímenes contra la Seguridad del Estado, llevaron a Ochoa y tres implicados a una noche eterna y calurosa. Hoy, más de 30 años después, mucha gente morbosa conserva, como una reliquia, alguna de las tantas copias editadas de ese juicio «ejemplarizante».

Cuando comencé a trabajar en el cementerio de Colón, un amigo casi me exigió buscar información sobre la supuesta tumba donde estaba enterrado Ochoa. Él estaba convencido de que no había sido sepultado en fosa común, como pasa en muchos de estos casos. Un día, por casualidades de la muerte, descubrí que mi amigo estaba equivocado y que no todas las fosas comunes son anónimas.

En mi cuento, los condenados a muerte por los tribunales de aquel país se vanaglorian de sus horas restantes de vida. Como toda ficción que se respete, hay un absurdo y bizarro juego con la realidad. Pero lo cierto es que la pena de muerte, bajo cualquier circunstancia religiosa, social o política, es siempre prescindible.

Nadie debería ser ejecutado bajo ninguna de las formas de ajusticiamiento, anuladas o no en la actualidad. Dígase garrote vil, inyección letal, silla eléctrica, horca, guillotina, lapidación, hoguera, crucifixión, arrojar a las fieras, cámara de gas, despeñamiento, derrumbe de pared sobre el reo, envenenamiento. Todas son reliquias de la gente que queremos dejar atrás.

Una de las acciones legislativas a la espera de ser actualizada y publicada en algunos meses, es el nuevo Código Penal Cubano. A la sazón, el gobierno cubano debería «remendar» la sanción máxima. Mientras tanto, espero algún día leer mi cuento frente al pelotón de fusilamiento de Torquemada del Asilo.

Comments (2)

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    Stefany Alvarez

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    Que hambre de violencia! Desde la primera palabra se nota tu desequilibrio. Que pena por ti. 😘

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    Josè Román

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    El bodrio este lo escribieron una noche de apagón ?? Por cierto, cuantos barcos cargados de gente y llevados a alta mar con riesgo de una tragedia masiva fueron secuestrados después de los 3 secuestradores fusilados ? . Y Ochoa y los otros 3 fueron bien fusilados por traicionar a su país. FIn de la historia. La pena de muerte debe permanecer como poderoso disuasivo para quiénes comenten crímenes y traiciones sin nombre.

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