«La película fue pirateada y para mí es un honor»: El cineasta Rodrigo Sepúlveda habla sobre «Tengo miedo, torero» tras su estreno en La Habana


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Rodrigo Sepúlveda (Fotos: María Lucía Expósito)

«Nos vemos mañana en el Hotel Nacional al mediodía y hacemos la entrevista, será un placer conversar contigo», dijo Rodrigo Sepúlveda cuando lo abordé en las afueras del cine Yara.

Sepúlveda vino a La Habana para traer al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano su última película, «Tengo miedo, torero», basada en la novela homónima del escritor y activista LGBTIQ+ Pedro Lemebel. La producción, que se estrenó en Chile por streaming, fue muy bien recibida en Cuba.

«Yo me metí en este enredo de adaptar una novela de Pedro Lemebel, una novela muy conocida de un escritor muy querido en Chile», contó el director a Tremenda Nota.

«Cuando me puse a adaptarla tuve un primer momento muy difícil. Lo que me liberó bastante es que un guion cinematográfico no es la fotocopia de una novela. Son otros códigos. Yo no traté de hacer la novela en la película, sino un guion basado en ella», explicó.

El proceso creativo fue largo. Le llevó 3 años la escritura del guion y otros 5 la producción.  «La escribí y la reescribí muchas veces porque uno va viviendo junto a la escritura y se va dando cuenta de cosas», comentó.

En cuanto a las licencias que se tomó respecto al texto original, confesó que «la primera escena de película sucede en un cabaret, donde hay una coreografía de baile de un grupo de travestis. A la bailarina principal la matan. Esa escena no está en la novela».

El incidente no es efectista. «Yo la escribí porque me di cuenta, conversando con gente muy joven, que no sabían lo peligroso que era ser homosexual en los años 80 en Chile», reflexionó Sepúlveda. No sería hasta 1999 que la homosexualidad quedaría despenalizada en Chile.

«Si uno lee la novela no logra percibirlo del todo. Yo quería que los jóvenes que hoy viven en mi país entendieran que estábamos hablando de un tema de vida o muerte. Por ser homosexual te podían matar y no pasaba nada», insistió el director.

Sobre esa primera escena, Sepúlveda reveló que las personas participantes son travestis que conoció.

«En Chile hay un lugar que se llama “El Fausto”, un barrio homosexual que existe desde la época de la dictadura. Acaban de cumplir creo que 30 años de existencia. Fui allá y les conté sobre la película que estaba haciendo. Conocí a muchos de ellos. Me presentaron a travestis viejos que vivieron la época y me contaron cómo era esa vida», relató.

«Eran mundos privados, encerrados. Ellos vivían su vida como mujeres en sus casas. Bordaban, cosían, cocinaban, escuchaban música. Al momento de salir a la calle tenían que vestirse como hombres y hablar como hombres», recordó.

«Tengo miedo, torero» es la única novela de Pedro Lemebel. Se publicó en 2001, pero cuenta una historia de 1986, cuando la dictadura chilena vivía sus últimos años. La Loca del Frente, interpretada en la película de Sepúlveda por Alfredo Castro, es una persona LGBTIQ+ que se enamora de un combatiente que planifica un atentado contra Augusto Pinochet.

Para Rodrigo Sepúlveda, que también ha trabajado en televisión con series y programas infantiles, caer en clichés no estaba permitido: «Yo trabajo mucho la dirección de actores. Cuando estaba escribiendo y reviviendo la novela, percibí que en el personaje de “La Loca del Frente” cohabitan cinco personas que al final son una».

«La loca encerrada en su casa oyendo música, que no quiere saber nada de la realidad, la solitaria que borda, la loca que va al cine porno del centro de Santiago a prostituirse, la loca que se viste de hombre para salir a la calle, la loca que seduce a este amor imposible, la loca performática que en su juventud fue una bailarina», enumeró el director. «Yo quería mostrar su fragilidad, sus miedos, sus giros».

Tráiler de «Tengo miedo, torero» (2020)

La decisión de que Alfredo Castro encarnara el personaje protagónico, fue un deseo explícito de Pedro Lemebel, antes de su fallecimiento en 2015.

«Siempre pensé, y pensamos, que Alfredo tenía que ser “La Loca”. A Alfredo lo conozco hace 30 años. Habíamos trabajado en televisión. Después lo vi haciendo de Eva Perón en una obra de teatro y en otra llamada “Arrepentidos”. En esa, dos transexuales suecos quieren volver a reoperarse. O sea, Alfredo viene trabajando el tema hace muchos años y eso también era importante de alguna manera», analizó Rodrigo.

En cambio, el personaje de Carlos, un guerrillero del Frente Patriótico Manuel Rodríguez es interpretado por un actor mexicano.

Esta decisión no dejó de preocupar a Sepúlveda al inicio: «Muchos de Los frentistas que hicieron el atentado contra Pinochet fueron entrenados acá en Cuba. Es totalmente plausible que uno de ellos no fuera exactamente chileno. Yo me imaginaba que Carlos era hijo de una chilena con un mexicano, y que había estado en Cuba. Mi idea era que la película saliera un poco de Chile y se latinoamericanizara».

El director asumió licencias importantes respecto a la novela y cree que han funcionado.

«La más fuerte es que en la novela aparece Pinochet con su señora en el auto. Comentan cosas de una manera muy frívola. Hablan de moda, televisión. La señora Lucía, esposa del dictador, habla de sombreros, maquillaje. Todo eso lo eliminé. Algunos “lemebelistas” me han criticado por eso. No quería que esos personajes quedaran como dos viejos simpáticos y bonachones. Pinochet no se merece eso», declaró Sepúlveda.

Un método utilizado por Rodrigo Sepúlveda con todo el equipo de filmación fue compartir el texto de un escritor cubano: «Yo soy un gran lector y fanático de Severo Sarduy. Hay un texto que él tiene sobre el maquillaje y lo camaleónico y las mariposas. Lo estudié mucho en la dirección de actores. Hoy día todo el mundo se viste con el ropaje de la súper tolerancia. Pero la izquierda latinoamericana cubana, chilena, argentina, peruana siempre ha sido una izquierda muy homofóbica».

»No hay ningún dirigente, conocido, de la izquierda latinoamericana que sea públicamente homosexual. Pedro Lemebel, que de su origen es obrero, no fue aceptado por el Partido Comunista de Chile», recordó.

«Hoy en día todos los chilenos dicen: “Sí, el gran Pedro Lemebel”. Una de las veces que estuvo internado en el hospital, lo fue a visitar Guillermo Teillier, el secretario del Partido hasta hoy. Fue junto a Gladys Marín. Lemebel cuando los vio dijo: «La Gladys si, él no». Y no aceptó el homenaje del Partido Comunista».

»Era una persona que incomodaba mucho al establishment,  tanto de derecha como de izquierda. Ese es uno de sus principales valores. Por eso los jóvenes lo siguen leyendo y lo admiran tanto. Entonces, también por eso, el personaje de Carlos viene siendo como el guerrillero idealizado que nunca hubo», valoró Sepúlveda.

«Antes de filmar invitamos a un sociólogo que es trans en Chile y nos hizo dos charlas de inmersión a todo el equipo. Explicaba el contexto, el cambio. Para todo el equipo de filmación era un mundo nuevo», añadió Sepúlveda.

«Esta película ha sido un crecimiento enorme. Tengo un hijo de 38 años que salió del clóset cuando estaba en el último año de escuela, por allá por el 2000. Vivíamos los dos juntos, solos. Yo tuve un aprendizaje completo con él. De entender su mundo y entender lo difícil de ser un homosexual en Chile», afirmó.

Para Rodrigo Sepúlveda no es casual que justo el día que se aprobó en Chile el matrimonio igualitario se presentara en Cuba «Tengo miedo torero». Fue uno de esos azares que parecen destino.

Un cineasta feliz de ser pirateado

«Yo sé que la película ha estado pirateada, se ha visto antes, lo que para mí es un honor», declaró el cineasta.

«A un amigo cubano le mande el link de la película y de las demás mías para que las metiera en el “Paquete de la Semana”. La piratería es una forma de hacer resistencia», consideró.

El director explicó que la epidemia de covid-19 ha dejado muy pocas posibilidades que la película se ponga en salas de cine.

«La función del día 7 de diciembre, en el Yara, fue increíble por la cantidad de gente. En Chile no hay cines tan grandes ni va tanta gente a ver películas nuestras.  El público cubano la ha recepcionado muy bien. Los jóvenes con los que he conversado me hablan de eso, de que sienten que el filme cumple con uno de sus objetivos. Habla de algo que todos queremos hablar, una marca de resistencia. Eso me encanta», dijo.

La banda sonora de la película juega un rol importante en toda la trama. Trae una variopinta y deliciosa selección de autores iberoamericanos: «Lemebel era muy musical, melómano. Le gustaba mucho la música mexicana, la romántica. De hecho tenía un programa en Radio Tierra, una radio feminista. Las canciones son esas que yo sé que le gustaban mucho. Me parece que la banda sonora es otro protagonista de la película».

A la pregunta de si se ha topado en estos días de visita en Cuba con algún chileno que haya visto su película, manifestó haber coincidido con uno y que «Tengo miedo, torero» le pareció muy bien: «Ese chileno me dijo también que en su casa de La Habana fue donde se planeó el atentado».

Hay dos frases que resumen todo el conflicto de «La Loca» en el Chile de la década de 1980: «La realidad no me gusta, me gusta la noche», dijo el personaje al principio del filme.  Después, cuando Carlos la lleva a conocer la playa, le dice al guerrillero: «Yo no tengo amigos, cariño, tengo amores».

«Esa última frase es una cita textual de Lemebel», especificó Sepúlveda. «No estoy seguro si está en «Tengo miedo torero» o en otro relato de él, pero lo pusimos citándolo. Lo otro es que esto de que “La Loca” no conoce el mar, no está en la novela. Lo pusimos nosotros para darle más épica».

La película tiene otras citas que son fundamentales: «Cuando hagas una revolución que incluya a las locas, avísame. Voy a ser la primera en la fila».

Rodrigo recordó que en las revoluciones latinoamericanas siempre se excluyó a las personas LGBTIQ+.

«Si Lemebel estuviera vivo le hubiese gustado mucho esto que hicimos. Yo trate de rescatar el mundo que él describe. No solo en su novela, sino en todas sus crónicas. Quise ser muy leal a la pobreza de la época, a la soledad, que no fuera solo la loca sonriente, sino también su profundidad y Lemebel era un tipo muy profundo», declaró.

Finalmente, admitió que cada vez que ve la película le dan ganas de rectificar varias cosas: «Siento que al inicio, a lo mejor la apuré mucho. Todo ese momento en que ellos se conocen a lo mejor pude haberme tomado poco más de tiempo o verla más a ella caminando en su soledad, pero en general estoy conforme».

»Ojalá todos puedan verla. Ojalá Alfredo Castro hubiera podido venir y reunirse con todos nosotros», concluyó Sepúlveda.

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