La huelga de Luis Manuel Otero Alcántara y el 1ro. de mayo


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(Foto: María Lucía Expósito)

A poco más de cinco meses de los sucesos ocurridos frente al Ministerio de Cultura el 27 de noviembre de 2020, existen tres versiones políticas sobre lo que aconteció aquel día.

La primera de ellas, la lúcida, es que en el plantón frente al ministerio se encontraba un grupo de intelectuales y artistas críticos, sensibilizados por los incidentes de San Isidro. Esta versión entiende que quienes asistieron a la protesta vieron en ese momento la oportunidad de canalizar sus descontentos, enfocándose esencialmente en la supresión de la censura.

La segunda interpretación de estos hechos, la paternalista e incluso un tanto ofensiva, pues asume que estaban incapacitados para decidir por sí mismos, argumenta que la mayoría de las personas presentes en el plantón fueron manipuladas por la propaganda enemiga y por un grupo de derechas.

Este análisis argumenta también que los «manipuladores» supieron aprovechar legítimas demandas, reclamadas anteriormente por la intelectualidad. Curiosamente, quienes desarrollan esta hipótesis obvian decir cuáles son esas «demandas» exigidas antes de los sucesos del 27 de noviembre.

La tercera postura reduce los hechos a la salida de un grupo mayoritario de contrarrevolucionarios, acompañados de algunos intelectuales extremadamente críticos, quienes también estaban vinculados en menor medida, o al menos no explícitamente, con la derecha.

Aunque la segunda y la tercera posición son similares, tienen una gran diferencia. Una asume que un grupo minoritario derechista manipuló a las mayorías, en tanto que el tercer argumento habla de un grupo mayoritario organizado por la contrarrevolución. Esta última es muy peligrosa, pues entiende a un sector importante de la intelectualidad como enemigo del Estado cubano.

Todo esto hay que tenerlo en cuenta ahora, cuando cinco meses después presenciamos un escenario que pudiera detonar otro 27 de noviembre o un incidente mayor.

En el caso de que sucediera otro 27 de noviembre, la crisis estaría agravada por cinco factores no existentes en 2020.

Primero, la presencia de un movimiento organizado de oposición cultural, el 27N, en torno al que se reúnen alrededor de 300 intelectuales y artistas, según su manifiesto.

Segundo, la deslegitimación del gobierno ante un sector de la intelectual, debido a las políticas coercitivas contra renombrados intelectuales críticos, como Julio César Guanche, y medios de prensa no estatales que gozan de reconocimiento entre la intelectualidad como Periodismo de Barrio, El Estornudo y La Joven Cuba.

Tercero, el desgaste de la crisis económica y la consiguiente escasez de alimentos.

Cuarto, la tensión generada en La Habana Vieja tras una serie de enfrentamientos entre los representantes del Movimiento San Isidro y las autoridades.

Por último, pero sobrevolando sobre los anteriores factores, la propaganda de Estados Unidos contra el Estado cubano.

Hay que destacar algo importante. La huelga de hambre de José Daniel Ferrer y otros activistas tuvo muy poco apoyo, debido a la escasa legitimidad política de este político y del mismo carácter derechista de su organización. El final era sabido: por algún motivo iban a deponer la huelga.

Sin embargo, más allá de apreciaciones estéticas y pronunciadas diferencias ideológicas, un importante núcleo de la intelectualidad cubana reconoce a Luis Manuel Otero Alcántara como artista y, por tanto, lo apoyó en la huelga de noviembre pasado. Los hechos están demostrando que ahora sucede algo similar. Intelectuales que no pertenecen al 27N han mostrado su preocupación. 

Sumado a esto, el jueves ocurrieron detenciones que sensibilizaron el ámbito intelectual, artístico y estudiantil universitario, los sectores donde en realidad está teniendo mayor impacto la huelga de Alcántara. Para más, este viernes sucedió una protesta en la céntrica calle Obispo.

Pero lo que parecieran protestas sin mayor trascendencia, como muchas otras, han tenido dos puntos sensibles. La primera, el interrogatorio callejero a la activista LGTBI+ Mel Herrera, un hecho cargado de transfobia, sin que se encontrara en ninguna protesta. El segundo suceso fue la detención este viernes de Leonardo Romero Negrín, un estudiante universitario medianamente reconocido en el ámbito de la joven izquierda no oficial, una militancia que actúa en torno a diferentes blogs y grupos socialistas en Facebook.

Estos incidentes marcan un viraje en la situación. Aunque las detenciones no se hicieron deliberadamente contra activistas de la joven izquierda no oficial, y por tanto no fue contra esa tendencia política, sí tocó las susceptibilidades de quienes pertenecen o se identifican con ella.  Algo que se debe tener en cuenta sobre todo porque este sábado es 1ro. de mayo, el Día Internacional de los Trabajadores.

Oponerse al gobierno no es necesariamente oponerse al Estado

Que Leonardo Romero se haya sensibilizado con la huelga de Alcántara no expresa que este joven desee la caída del gobierno, y mucho menos, la destrucción del Estado socialista. Oponerse al gobierno implica desde oponerse a medidas gubernamentales hasta pedir la deposición del gabinete ministerial. Oponerse al Estado es, no solo ir contra el gobierno, sino también contra sus instituciones, su Constitución y la existencia misma del Estado. En Cuba significaría la caída del sistema socialista.

No desean la caída del socialismo en Cuba ni el estudiante universitario ni la activista LGTBI+. Ambos son expresamente de izquierdas.

Entender a estos jóvenes como individuos que se oponen al Estado sería crearle dos nuevos enemigos al socialismo. Sería, además, crear una grave crisis entre la joven izquierda independiente y el gobierno, algo que nunca había sucedido.

He aquí también por qué es importante entender que el 27N no es anticomunista. Verlo como tal sería entenderlo como enemigo de Estado. La fuerza de la ley se está ejerciendo en este caso contra intelectuales y artistas que, en su manifiesto, reconocen a la Constitución socialista y, por tanto, al Estado.

No pocos dudan del rigor con que Alcántara lleva su huelga de sed y hambre. Estas personas deben tener en cuenta algo medular: lo importante es que su accionar ha ido levantando susceptibilidades y una escalada de tensiones. Si las autoridades continúan deteniendo a miembros de la izquierda joven habanera, estaríamos presenciando un escenario único y peligroso.

Ninguno de los detenidos, ni quienes participan en estas publicaciones socialistas y anarquistas, tienen ningún vínculo con la derecha. Son defensores del socialismo, y sobre todo, de un socialismo en libertad.

Si se impone la visión de que las sensibilidades en torno a la huelga de Alcántara son manipulaciones exclusivas de la derecha, una idea que lastimosamente está logrando avanzar, el gobierno le estará entregando a la derecha una importante victoria que por sí misma no podría alcanzar.

Hoy es el Día Internacional de los Trabajadores. Cada año el pueblo llena las plazas desfilando por el socialismo. Ojalá que este 1ro. de mayo no sea el día en que las autoridades se enfrenten a protestas como sucede en el mundo capitalista.

Frank García Hernández

Frank García Hernández

Historiador marxista

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