¿La homofobia se puede medir científicamente?


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La escala de la homofobia cubana (Ilustración: Polari)

Algunos estudiosos aseguran que ya se hablaba de homofobia desde la década de los sesenta. El primer testimonio escrito que se conoce pertenece a K. T. Smith en el artículo «Homophobic: A tentative personality profile». Actualmente, la homofobia es el término común, usado para calificar el rechazo, miedo, repudio, prejuicio o discriminación hacia personas que se reconocen a sí mismos como homosexuales. 

Ciertos estudios consideran homófoba a toda persona que no respalde o no se manifieste a favor de la homosexualidad. Sin embargo, la noción generalmente manejada hace referencia a la actitud negativa hacia las homosexualidades.

Por supuesto que esta definición es mucho más amplia, ya que la homofobia (incluyendo, por su implicación equivalente, a la lesbofobia, la bifobia y la transfobia) no es un fenómeno social aislado, sino que es parte de las desiguales relaciones de poder que impone la cultura patriarcal.

En las últimas décadas, el estudio de las actitudes hacia la homosexualidad ha alcanzado cierta relevancia dentro del área de las ciencias sociales. Para analizar adecuadamente el origen y el alcance de la discriminación, los especialistas se han basado en varios tests que miden los niveles de homofobia en grupos sociales.

Numerosos experimentos e investigaciones se han realizado tomando como guía estos tests, en dependencia de los grupos a los que fueron aplicados, las características socio demográficas, etarias, culturales de las muestras, etc.

Desde la década de 1970 se han desarrollado diversas escalas para medir la homofobia. Las más conocidas son la «Smith Homophobia Scale», de 1971; el «Index of Homophobia», de Hudson y Ricketts, que data de 1980; la «Heterosexual Attitudes toward Homosexuality Scale», de Larsen, Reed y Hoffman, dada a conocer también en 1980; la «Homophobia Scale», de Hasen, publicada en 1982. Con esta última denominación se conocen dos escalas más, una de 1984 y otra publicada justo una década después.  

Sin embargo, la tendencia de los últimos años ha sido que estos métodos puedan captar tanto las actitudes homófobas explícitas, llamadas también «tradicionales», como las actitudes homófobas «sutiles o modernas». Con esta intención fueron diseñadas las escalas que aparecieron a partir de la segunda mitad de la década de 1980 hasta la actualidad. Una de ellas, publicada en 2003, tiene el revelador título de «Escala del Prejuicio Sutil y Manifiesto hacia los Homosexuales».  

La selección y aplicación de cada una de estas escalas ha estado en función de factores claves que los científicos creyeron pertinentes, en dependencia de cada muestra a estudiar.

Uno de esos estudios se titula «Validación de la Escala de Homofobia Moderna en una muestra de adolescentes», publicado por Yolanda Rodríguez-Castro, María Lameiras-Fernández, Victoria Carrera-Fernández, dos profesoras de una universidad española, y Pablo Vallejo-Medina, profesor en Colombia. Esta investigación evaluó la fiabilidad y la validez de la escala que usan en España para medir la homofobia en adolescentes, así como la relación de la homofobia con el sexismo.

Los académicos observaron que los varones expresan significativamente más actitudes de homofobia que las hembras y consideraron que la escala usada en España es un instrumento útil y preciso para detectar las actitudes homofóbicas «sutiles» hacia gays y lesbianas.

Investigaciones semejantes han emprendido con éxito varios profesores de México y Chile.

Estos estudios muchas veces intentan adaptar algunas de las escalas conocidas a poblaciones con identidades culturales específicas. Los investigadores coinciden en la efectividad del método, siempre que se contemple el contexto.

No hay una receta única y definitiva para comprender la homofobia. Cada sociedad tiene su propio estilo de rechazar la diversidad sexual, aunque haya actitudes comunes.  

En Cuba no conocemos la publicación de estudios científicos que hayan empleado una de estas escalas para medir la homofobia. Es un buen ejercicio, con precedentes notables, que nuestras universidades siguen teniendo pendiente.

Medir la homofobia, la lesbofobia, la transfobia, ayuda a comprenderlas. Y de ahí a superarlas va menos camino.

Alexis Jiménez Yang

Alexis Jiménez Yang

Periodista

Comments (1)

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    al desnudo

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    todo esos estudios se pueden aplicar perfectamente a la discriminacion racial o de cualquier otro tipo…tienen todos las mismas sintomatologias…..

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