La directa de Yessy World: Una sinfonía disonante para oídos LGBTIQ+


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Yessy World (Foto: Facebook)

En este solar de las redes sociales se arma un revuelo en solo minutos. Renace mi deseo de que ciertas voces no tengan el alcance que otras más necesarias todavía no logran, pero lastimosamente el algoritmo para la fama aquí no es coherente con la utilidad del que se afama.

Tengo la misma queja para los músicos, youtubers, artistas urbanos y demás. Yo no quisiera hacerle más eco a la estomatóloga, la influencer, la tictoker, la princesa de un mundo irreal, atrasado y nebuloso, que el pasado 3 de abril desde su página en Facebook, repudió a Namaari y a media comunidad LGBTIQ+.

Dolorosamente reconozco que las Yessy World son para mí como una bocina recalcitrante que, a pesar de ir perdiendo carga, insiste en reproducir a un quejumbroso Romeo Santos.

Yessy World es el retumbo de una transfobia armonizada a varias voces, pianísima, casi imperceptible, pero que se cuela en los salones del siglo XXI para adormecer a los oyentes.

En su caso, la cubana cuenta con más de 300.000 seguidores, y es a la vez, amplificadora de un registro social que, al igual que ella, no reconoce su homofobia, su transfobia, ni discriminación alguna.

A Yessy le importa mucho en qué gasta su dinero. La entiendo. Me pasa en la dicotomía quincenal del aceite y el puré. A la Yessy también le importa el material didáctico y audiovisual que consumen sus niñas, muy lindas y femeninas, por cierto, para su alegría. Hasta ahí todo bien con ella. Creo que el ruido comienza cuando Yessy vio a la princesa Namaari como «algo raro», en sus propias palabras.

El look de la guerrera, que ha sido denominada como «la primera princesa abiertamente lesbiana» de Disney, no la convence, no le gusta. Ahí se cae una careta, se le va un gallo al trompetista.

Una Yessy que repudia la imagen Tom Boy de una princesa de los dibujos animados, es una Yessy que pudiera ir fácilmente por la vida asqueándose de tortilleras camioneras con radical de mamas. No sé si sea su caso, pero la nota que toca es parte del mismo acorde.

Ella aclara que su desagrado nace porque Disney se pasa por el forro a la princesa convencional, rompiendo la estructura clásica con la misma Yessy creció, y le trae a una princesa que no es «para nada femenina». Yessy también advierte que «gracias a Dios, mis hijas no le hicieron swing a la película».

La Yessy gay friendly intenta vender su edulcorado pensamiento inclusivo, pero estas y otras declaraciones transfóbicas y discriminatorias se le cuelan en su directa de 14 minutos como moscas repulsivas que espantan clientes exquisitos de la vidriera.

Ella, al igual que muchos padres, piensan que un niño de 5 años no debe preguntarse qué cosa es, «niño, niña, o niñe», como dice en tono despectivo. Les pregunta a sus nenas qué se consideran, y se afama de la contundencia con que ellas afirman su feminidad. La realidad no es la misma para todxs, querida Yessy.

Hay niñas de 5 años preguntándose por qué tienen totico y no lo que tienen los varoncitos de su edad. Hay niños de 7 que quieren ponerse los tacones de su mamá y andan vigilando a Papi para poder hacerlo. Hay casas en las que no se enseña nada al respecto. «Es muy temprano para eso», dicen, y estos niñxs deben callar sus dudas y muchas veces justificar sus miedos y llantos. Ha costado caro esto.

Los padres les muestran vidas heteronormadas, costumbres heteronormadas, les reproducen películas heteronormadas, con príncipes musculosos que se enamoran de doncellas que cantan con pajaritos, y estos niñxs no se identifican con el rol opuesto, con el que los padres se imaginan que se van a identificar.

El niño se aprende la eufonía del canario y la niña prefiere ponerse la armadura y domar al caballo. Algunos de nuestros pequeños, incluso son a ratos la princesa y a ratos hasta el dragón. Y muchos de estos padres vienen a ser en esta obra como los villanos que los aprisionan en un castillo.

Ponen sus vidas en pausa, como si debiera esperarse a los 14 años para decidir qué cosa ser, como si la identidad y personalidad de estxs pequeñxs debiera formarse solo tras soltar la pañoleta roja.

Gracias doy a Disney por regalarnos una Mulán y una Namaari, para que niñxs trans, de la edad que sean, sueñen con sus batallas o con sus rizos largos, quieran sus padres tales deseos en ellos o no.

Gracias doy a los padres que se sientan con sus niñxs al pie del televisor y le permiten maneras y deseos del género que prefieran. Ustedes borrarrán el ciclo del dolor de las infancias trans para el futuro inmediato.

No quisiera padres como Yessy para niñ0s como mi amigo Chuchú del Cotorro. No sé cómo manejaría Yessy que su niña no quiera tener teticas, o que quiera mataperrear en el campo.

Para niñas cis, padres como Yessy, que se gastan miles de dólares en artefactos de princesas rosadas, la vida es igual de simple a la info de su página. Pero ese mundo conservador del que habla no es el real, y Disney lo sabe, y por eso ha decidido mostrar el verdadero, para acompañar a cada unx de ellsx en esta sinfonía, que a veces suele ser un tanto disonante.

Lo clásico, estimada Yessy, no es lo único correcto.

Yessy World, en una directa posterior a la que la trajo al boom en estos días, se pone la capa guerrera del reguetón urbano, y en paranoia puertorriqueña consumada ve enemigos detrás de cada «me enoja».

Bloquea y reporta a quienes considera que han estado esperando para tumbarle su corona, mientras trata de reformar muchas de sus declaraciones. Sin embargo, llega a afirmar, en tono solemne, que la hipocresía no es lo suyo. Que quizás no sea tan inclusiva ni open mind como la esperábamos.

De esta forma la pieza da un giro inesperado, desafinando ella misma con la otra Yessy, que se asumió inicialmente como «la persona más inclusiva del mundo».

Después de oírle tanta muela irresuelta a esta estomatóloga cienfueguera que nunca llegó a pronunciar bien las siglas de la comunidad LGBTIQ+, llego a cuestionarme la utilidad de este texto. Pero entonces recuerdo que en la sonrisa heteronormada de Yessy se carcajea mucha transfobia y discriminación, y que es su opinión, el depósito de «muchos corazoncitos de quienes están de acuerdo».

Comments (6)

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    Atila Eldos

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    Pocas veces he leído un artículo tan heterofóbico como este. Soy homosexual y me avergüenzo de Manuel de la Cruz y de este pútrido producto-bulling. Yesy World sube muchos enteros después de haberlo leído. Tremenda Nota en cambio, se pone bajo cero. El frío helado de la intolerancia izquierdosa más pútrida. Chao Manolito.

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    Georgina

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    Yessy es una mujer muy vulgar que busca público y aceptación a toda costa y sin escrúpulos

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    Milagros Moreno

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    Cada cual es como es y punto.

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    Mr Anderson

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    Dentro de poco el simple hecho de declararse hetero será un acto de homofobia. Nada que no sea una alabanza directa a la comunidad LGTBIQ+ es aceptable y pasa por el filtro. Y así quieren combatir el comunismo y el totalitarismo. Pero obviamente no están listos para esa conversación. En fin..la hipocresía.

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    Albis Monagas

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    Yessi tiene todo el derecho a cerrar filas en torno a sus hijas y a la familia que formó como cristiana y conservadora que es, y le tocara a sus hijas definir el camino que quieran tomar cuando sus pensamientos sean maduros y al que no le guste que lleve sus niños a las escuelas liberales que si lo practican bajo el concepto o agenda globalista que los medios nos intentan imponer.

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    Camila

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    La utilidad de este texto es infinita, a hora mismo decía lo envío a miles de amigos como parte de la labor de educación que me toca hacer como madre de un niño trans. Pero además, hoy, gracias a ti dormiré mejor sabiendo que el mundo no es tan malo, después de una noche horrible por un evento antitrans contra mi niño por parte de una ex maestra de su daycare. Mi niño no estaba con nosotros, pero mi esposo y yo quedamos muy tristes. Hoy mejor, gracias a ti! Muchas gracias!!!!

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