La «Ciudad Nueva» alrededor del Saratoga


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Vigilia popular espontánea en recuerdo de las víctimas de la explosión, el 7 de mayo de 2022 (Fotos: María Lucía Expósito)

El siniestro del Hotel Saratoga me ha hecho pensar en un texto de Umberto Eco que aparece en un libro titulado «La Estrategia de la Ilusión». Ahí describe lo que definió como «la filosofía de la inmortalidad como duplicación».

La idea general es sencilla: la posibilidad de una maqueta a escala real (1:1) de diferentes construcciones, interiores, y hasta de ciudades enteras si eso fuera posible. La presenta como un modo de transmitir la historia.

¿Podríamos imaginar una maqueta de la ciudad a escala real, luego de lo sucedido en hotel Saratoga? ¿Cuánto podemos rescatar de esa información histórica que tiene en vilo a un país entero? Un país entero que pasó una semana contando sus muertos.

Defiendo a capa y espada el acto de grabar y tirar fotos en tiempo real. Es más, si alguien se para frente a un derrumbe como el del Saratoga con una cámara, trasmitiendo en vivo el suceso y sale corriendo a auxiliar a las víctimas, como sucedió, también está ayudando a conservar la memoria de los que, quizás, estaban en el momento y en lugar «equivocados».

Lo que antes era una de las zonas más transitadas de La Habana, de las más turísticas, hoy está reducida a escombros donde habitan bomberos, periodistas, voluntarios de la Cruz Roja, perros rescatistas y curiosos.

Sobre el hecho se especula mucho. Los medios de comunicación estatales han descartado cualquier posibilidad de atentado terrorista, pero tampoco han regateado la posibilidad de una negligencia.

Algunos hablan todavía de la explosión, de la manera en que se desplomó parte del centenario edificio. El miedo y el desamparo hacen que el sonido detonante, sentido a varios kilómetros a la redonda, no se haya ido del lugar.

Los que van de paso se detienen, siguen haciendo fotos y videos. No dejan de comentar las condiciones en que ha quedado esa parte de la ciudad.

Siempre aparecerán los cuestionamientos de la fe. Un hotel insignia, construido en tiempos coloniales. Un arquetipo neoclásico aparcado entre una iglesia bautista, la Asociación Yoruba de Cuba y la célebre Fuente de la India, un símbolo de La Habana.

Ni así la tragedia pudo ser evitada. Según reportes, la fuente no sufrió daños. Tuvo más suerte que los inmuebles de carácter religioso. La obra, como símbolo cultural e histórico, representa, desde su colocación en el siglo XIX, la «Ciudad Nueva» de la Ilustración, sobria y racional.

La vigilia de la gente

Al principio hubo dudas sobre si las autoridades permitirían realizar la vigilia en homenaje a los fallecidos y desaparecidos del accidente.

Inmediatamente desatado el siniestro se activaron solidaridades espontáneas tanto dentro como fuera de Cuba. Aparecieron personas dispuestas a realizar donaciones, transportar medicamentos, donar sangre para los heridos.

En medio del caos, surgió la idea en las redes sociales de convocar una vigilia en la esquina de las calles Monte y Cienfuegos, cercana al lugar de los hechos.

«Juntémonos en el lugar con velas, flores, peluches y fotos de todas las víctimas y encendamos las velas justo a la hora de cañonazo. Hoy, 7 de mayo a las 8:30 de la noche», se difundió en las redes sociales.

Desde antes de la hora acordada, la gente se fue acercando y le daba la vuelta a la esquina, la única alumbrada del lugar.

Alrededor de una señal de tránsito y una cinta de seguridad, se improvisó un altar con cartones. Encendieron velas por cada una de las víctimas. Junto a ellas se fueron sentando familiares y amigos de los fallecidos. Una mujer, también sentada cerca de las velas, sostenía su teléfono celular mostrando la imagen tal vez, de su esposo, su hermano, su primo, su amigo.  

Policías, bomberos y agentes de la Seguridad del Estado custodiaban el lugar. Casi todas las calles aledañas permanecían oscuras, a excepción de esa esquina. A unos 100 metros de ahí continuaban las labores de búsqueda y salvamento.

Hubo personas que se acercaron a la vigilia por el simple hecho de querer saber lo que allí ocurría. Todos intentaban hacer silencio sin dejar de grabar videos y hacer fotos, sin dejar de preguntar por el último parte de los muertos y heridos.

Al altar le crecieron ramos de flores, cartas, listas con los nombres de los seres queridos, muñecos de peluche. No permitieron que las velas se apagaran esa noche.

Un hombre sugirió realizar una donación para comprar más velas y se ocupó Darla, una joven trabajadora por cuenta propia que llegó desde el Vedado para estar en la vigilia: «Estamos muy dolidos con esta situación. Lo que necesitamos ahora es unidad. Con todas las vivencias de los últimos tiempos, esto tiene que ser algo más para unirnos. Teníamos pocas velas y coordinamos entre todos la manera de ayudar»

Los nombres y apellidos de los fallecidos hasta ese momento, fueron dichos en voz alta y hubo un silencio definitivo, solo interrumpido por el tránsito de la incombustible Habana Vieja.

La gente seguía acercándose y ya la esquina era gigantesca. De repente se vio llegar a un grupo de bomberos que, frente al altar, depositaron flores en señal de respeto por las víctimas que tal vez ellos mismos recogieron entre los escombros horas antes. Los bomberos se retiraron para seguir sus labores de rescate y la esquina de Monte y Cienfuegos reventó en aplausos de gratitud y agradecimiento.

Otras cuestiones menos urgentes hicieron coincidir a raros y conocidos que se preguntan todavía «¿qué pasará con el Hotel Saratoga?» Muchos debaten si debe volver a la misma función: «¿Sería irrespetuoso para las víctimas y sus familiares, volver hacer de este un espacio de júbilo y recreación?»

Otros más románticos piensan en el patrimonio y en la historia. El Saratoga siempre se caracterizó por ser uno  de los hoteles más emblemáticos de la ciudad extramuros, una ciudad a la que faltan muros para aguantar tanto desplome.

¿Cambiar su función sería quizás borrar su esencia? Hay muchas historias alrededor del suceso. Algunas nunca podrán ser contadas.

¿Dónde quedarán, por ejemplo, las personas y animales sin hogar que dormían en los soportales del hotel? ¿En qué porción de la maqueta a escala real descubrimos en qué se convertirá el Saratoga? ¿Cuán grande erigimos la esquina de Monte y Cienfuegos para que nunca se olviden los nombres de los que una noche, luego del cañonazo, fueron recordados para siempre?

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