La censura, el arte y el socialismo: Un homenaje a Gustav Klutsis


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Stalin en un cartel de Gustav Klutsis (1935)
A Carolina Barrero y Marcel Theodore Anthony Bosch. Y a Klutsis, por supuesto

Hace 83 años, el 26 de febrero de 1938, el artista plástico letón Gustav Klutsis fue fusilado en la Unión Soviética. Solo tres días atrás se había celebrado el 20 aniversario de la fundación del Ejército Rojo, constituido por León Trotski el 23 de febrero de 1918.

La muerte del artista letón fue una de las tantas que cobrarían las purgas estalinistas. Más allá de los cargos falsos que le imputó la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), los verdaderos motivos por los cuales se fusiló a Klutsis se resumían en dos grandes pecados. El primero y más grave era haber diseñado un afiche homenajeando a Trotski con motivo del 6to. aniversario del Ejército Rojo. La gravedad aumentaba, pues el cartel fue impreso en pleno 1924, poco después de morir Lenin, cuando la batalla entre Trotski y Stalin llegaba a un punto de no retorno.

El otro gran pecado de Klutsis era sencillamente ser letón. A diferencia de otras naciones que formaban parte del imperio zarista, tras el triunfo de la Revolución bolchevique en 1917, Letonia no se orientó al socialismo, sino que estableció una república burguesa. De ese modo, la patria de Klutsis no se incorporó a la Unión Soviética hasta 1940, cuando fue invadida por el Ejército Rojo. Ser un artista letón que había homenajeado a Trotski durante la lucha contra Stalin era una combinación peligrosa en la Unión Soviética de 1938.   

Klutsis, quien había estudiado primero con Kazmir Malevitch y después en el Taller Superior de Estudios Artísticos y Técnicos (Vkhutemas), conocido como la «Bauhaus soviética», formaba parte de la vanguardia constructivista encabezada por Alexander Ródchenko, Vladímir Tatlin, El Lissitski y Varvara Stepánova.

Al parecer, Klutsis no le dedicó la suficiente cantidad de carteles a Stalin o los suyos no gustaron tanto como los de Ródchenko, quien no fue molestado durante las purgas. Lo cierto es que los pocos afiches donde el artista letón representa a Stalin no eran los clásicos carteles épicos en los que el Secretario General del Partido guiaba la construcción del futuro comunista.

Uno de sus controversiales ejemplos lo encontramos en el afiche «La realidad de nuestro programa es el pueblo real. Esto es tú y yo». En él, la imagen triplicada de Stalin aparece marchando como uno más entre un grupo de obreros. Pero quizá el más controversial sea «Bajo la guía de Lenin. Construcción del Socialismo». En este cartel, detrás de Lenin, aparece Stalin acechante como una sombra difuminada y oscura. La norma tácitamente establecida era que Stalin se ubicara en primer plano, superponiéndose al rostro de Lenin, incluso al de Marx, presentándose así como la expresión más acabada del marxismo-leninismo.

«Bajo la guía de Lenin. Construcción del Socialismo» por Gustav Klutsis

Para comprender la gravedad del asunto, debiéramos tener en cuenta la fecha en que Klutsis realizó estas obras (1931 y 1930, respectivamente). Durante estos años, las oposiciones a Stalin dentro del Comité Central no solo habían sido derrotadas, sino también ilegalizadas. A los dirigentes, acusados de trotskistas o «desviacionistas de derecha» se les destituyó y no pocos enviados a prisión. Las presiones de la casta burocrática habían provocado que el amigo y camarada de León Trotski, Aldolf Joffe, se suicidara en el otoño de 1927, solo una semana después de cumplirse el décimo aniversario de la Revolución bolchevique. Para más, el mismo Trotski, después de ser expulsado por la burocracia soviética en 1929, se encontraba exiliado en Turquía.

En 1931 solamente faltaban tres años para el inicio de las purgas estalinistas de 1934-1939 y era necesario tener artistas leales, aún más quienes dominaran el fotomontaje, uno de los rasgos más distintivos de la vanguardia constructivista emergida en el Vkhutemas. 

El fotomontaje sería una de las principales herramientas del estalinismo para perfeccionar la reescritura de la historia. A esto, Trotski lo llamaría más tarde «la escuela estalinista de falsificación». De esta forma se borraban, no solo de los libros, sino también de la iconografía soviética a los dirigentes bolcheviques caídos en desgracia, quienes después, literalmente, desaparecían.

Trotski homenajeado en un cartel de Gustav Klutsis

Vida y censura de los Klutsis cubanos

Durante 60 años la catedral de Florencia, Santa María Novella, estuvo sin cúpula. Filippo Brunelleschi la había pensado sin saber cómo terminarla. Por su parte, Vladímir Tatlin, también sin tener la certeza de cómo y cuándo se concretaría, diseñó en plena guerra civil una gigantesca y bella obra arquitectónica, pero esta vez en homenaje a la Internacional Comunista. Sin embargo, aunque el domo de Santa María Novella demoró seis décadas, fue terminado. En cambio, la idea de Tatlin no solo nunca se llegó a consumar, sino que además desaparecieron sus inspiraciones, la Internacional Comunista y la Unión Soviética.  

En su exquisito documental antropológico «Anna», Nikita Mijalkov plantea que una de las principales razones por las cuales el sistema soviético desapareció, fue porque el proyecto político bolchevique carecía de la «cristiana alma rusa».

Esta concepción idealista del derrumbe de la Unión Soviética se puede interpretar de otra manera: mientras los Brézhnev, Chernenkov y Andrópov saludaban desde el Kremlin a las masas, viéndolas desfilar con los íconos de sus nuevos dioses, la clase trabajadora profesaba una «espiritualidad» paralela a las liturgias de la burocracia.

He aquí el principal peligro para el éxito de los proyectos comunistas: no es la posible inviabilidad de los Tatlin frente a la realización de los Brunelleschi, sino que los representantes del marxismo, una vez en el poder, tienden a apartarse del «alma» de la clase trabajadora. Una de las principales vías por la cual las burocracias socialistas han dejado de oír al pueblo, es censurando a sus artistas e intelectuales. Creen que silenciando a quienes desde la teoría y el arte critican sus errores, estos problemas van a desaparecer. Todo lo contrario. Nacen más problemas, nace el descontento de la «intelligentsia».

Cuba pendula del diálogo hacia la apertura, de la apertura a la censura, quebrada nuevamente por el diálogo. Una y otra vez se reanuda el ciclo. Si bien es cierto que ningún Klutsis cubano ha sido fusilado, no pocos Marc Chagall han preferido irse por siempre al extranjero, o incluso terminan en prisión como Malevitch, quien voluntariamente nunca abandonó la Unión Soviética.

Hace décadas los relojes dejaron de tener péndulos. El tiempo corre libre en nuestros celulares junto a las redes sociales y toda la información que en general trae internet. La censura es cada vez más obsoleta, el diálogo con artistas e intelectuales es más necesario y la apertura parece más urgente.

El cómo se llega a esa apertura es algo que, en última instancia, podrán decidir nuestros gobernantes. Sin embargo, no deben olvidar que los relojes con péndulos solo existen en los museos, o en el carillón del Kremlin, de donde desdichadamente bajó la bandera roja en la navidad de 1991.

Gustav Klutsis (1895-1938)

Epílogo

Parte de la obra del artista letón Gustav Klutsis se expone hoy en el famoso Museo de Arte Moderno de New York.

Nikolas Pätt, el presidente de Estonia, otra de las repúblicas ocupadas por la Unión Soviética junto a Polonia y Letonia en 1940, fue detenido por el Ejército Rojo después de una intervención militar y acabó deportado a la Unión Soviética. Sus últimos años los pasó en un hospital siquiátrico. En los reportes médicos encontrados posteriormente se lee que el paciente sufría de «graves alucinaciones» pues afirmaba ser «el presidente de Estonia».

Tras el derrumbe de la Unión Soviética, en las repúblicas bálticas de Estonia, Letonia y Lituania creció un fuerte anticomunismo. Dura hasta la actualidad.

En 1991 los gobiernos de estos tres países ilegalizaron al Partido Comunista y la mayor parte de las estatuas de Lenin fueron derribadas. Uno de los más grandes crímenes de Stalin es el haber actuado en nombre del comunismo. Es imperativo de la militancia marxista revolucionaria demostrar que ni la censura, ni la represión, son inherentes a la construcción del socialismo.

Frank García Hernández

Frank García Hernández

Historiador marxista

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