Karla Pérez González no se fue a Costa Rica, regresó a Cuba


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(Ilustración: Polari)

Karla Pérez González volvió a Cuba. Cuando un empleado de Copa Airlines le dijo que el gobierno de La Habana le impedía abordar el avión, la periodista se molestó muchísimo, pero no perdió el control. Iba preparada, con la respuesta lista.

«Está muy bien», dijo Karla. Y añadió, con una naturalidad ejemplar, que iba a quedarse ahí, en el aeropuerto, hasta que se cumpliera el plazo que permiten las autoridades panameñas y resolvieran deportarla.

«No soy ciudadana de ningún lado, excepto de Cuba», explicó. «Cumplan con la ley, no me dejen más de 12 horas aquí».

Solo medio día puede quedarse un viajero en el aeropuerto de Tocumen si no tiene una visa panameña. Al cabo de las 8 horas, Karla seguía sentada en un banco, pero el gobierno de Panamá no tuvo la misma paciencia. Se dirigió a la cancillería de Cuba.

A las diez horas, en La Habana se sentían algo presionados porque Costa Rica también les envío una observación sobre el caso de Karla. En Cuba, como si no bastara con los trasiegos internacionales, un grupo de periodistas fue hasta el Ministerio de Relaciones Exteriores para interesarse por la suerte de su colega.

La cancillería dijo que esto fue una provocación. La tensión es grande en la acera, donde esperan una manifestación, y en los despachos, que reciben notas formales de Panamá y de Costa Rica.

Pasan las 12 horas establecidas. Karla sigue en un banco de la zona de tránsito. Los periódicos más influyentes del mundo se comunican con la reportera, llaman a su familia en Cienfuegos, Cuba. Conversan con los muchachos que fueron a la cancillería. Aparecen reportajes sobre la «apátrida». Los usuarios de internet recuerdan que vieron en 2004 el filme La terminal de Seteven Spielberg.

Se acerca la medianoche. No hay modo de deportar a Karla. El único país que puede recibirla, no la acepta. Sube el tono de las notas enviadas por el gobierno de Panamá al de La Habana. La cancillería recibe a deshora al embajador panameño. Después de una hora de conversación, resuelven.

René González Sehwerert, un héroe de la República, también dijo que así tenía que ser. Si la periodista había cometido un delito con juzgarla bastaba. Impedirle la entrada era impropio, como de mal gusto.

Karla Pérez González volvió a Cuba en el siguiente vuelo de Copa. No la detuvieron a la llegada. Tampoco la juzgaron, por supuesto. Recibió trato de VIP en el aeropuerto José Martí. Ni siquiera fue entrevistada por la Seguridad del Estado. El asunto ya implicaba a varios gobiernos y a la opinión pública de medio mundo.

Esto es lo que hubiera pasado probablemente, si Karla no decide viajar a Costa Rica en la noche del 18 de marzo de 2021 y pedir asilo en ese país.

Volver a Cuba siempre fue posible en nombre del derecho y de los acuerdos entre los países implicados, si tantos amigos de Karla no hubieran apostado, como es costumbre, por ayudarla a resolver esta crisis como se ayuda a las víctimas, con infinita compasión.

Aceptar el oficio de víctima es paralizarse. Esa predisposición a sentirnos indefensos, a justificar nuestra derrota frente a un gobierno arbitrario, es una de las actitudes que hacen fracasar cualquier reclamo de la ciudadanía.

No estamos entrenados para usar, en los episodios críticos, la fuerza que tienen las personas frente a los Estados. Este poder de la debilidad debe ser administrado con inteligencia para que sea efectivo. Por el momento, en la experiencia cubana, las circunstancias extremas, las crisis, lo evaporan.

Karla decidió volver a Costa Rica. El Movimiento San Isidro inició una huelga de hambre que no estaba dispuesto a sostener y quedó políticamente desacreditado. 27N habló en secreto con el viceministro Fernando Rojas y luego no aceptó la invitación de entrar al Ministerio de Cultura. La justificación para la violencia queda servida en todos los casos.

La misma Karla resolvió, sin darse cuenta, el problema diplomático que se avecinaba. Hasta ahora la estrategia de los débiles solo incluye gestos de valor que se agotan en el acto. Alcanzar el talento indispensable para seguir actuando, obliga a aceptar creativamente la propia debilidad. Es decir, San Isidro sigue en huelga. 27N entra a hablar con Fernando Rojas y le echa en cara que esa mañana detuvieron a varios artistas, al fin y al cabo para «dialogar» fueron hasta el ministerio.

«Yo no tengo más país que Cuba», no dijo Karla. Por sentirse más segura un rato, dijo: «Costa Rica es mi nueva patria». Todo quedó resuelto.

Maykel González Vivero

Maykel González Vivero

Periodista.

Comments (5)

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    Reinaldo Escobar

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    Fiel a mi norma de no desacreditar a mis colegas prometo que no voy a publicar un texto titulado: “Maykel González si pudo viajar al extranjero”.

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    Alan Brito Prieto

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    El articulo: Una opinion muy acaramelada y a tono con la desvirtualizacion comun que usa la dictadura contra todo lo que huela a independiente y cómodamente escrito por alguien que ve la candela desde lejos. Veneno.

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    Rafael

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    No es muy realista este post.
    Karla no es la primera. Miles de cubanos han pasado por lo mismo.
    Una decena de ellos han llegado incluso hasta el aeropuerto de La Habana y allí los han regresado.

    He visto ante mis ojos, en el aeropuerto de Barajas a un cubano decirle a la policía : “Deportame si puedes, sou cubano”

    En España hay decenas de cubanos en ese limbo. Y España no ha dicho nada. Al menos no ha habido crisis diplomática.

    En Alemania un país que no le debe nada a Cuba te dicen lo mismo. No les interesa complicarse con crisis diplomáticas, te dan el permiso de residencia y listo. Pero no te deportan, por qué? Ni idea.

    Seria bueno que fuera como este post. Pero créeme que no es porque no se haya intentado

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