Homosexualidad y religión en Cuba: ¿Ifá no quiere a personas LGBTI+?


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El sacerdote Ifá Tato Quiñones se dirigió a un público muy diverso en un espacio de pensamiento del Centro Cubapoesía. (Foto: Aracely Rodríguez Malagón / Facebook)

«Son los hombres —dice el sacerdote Ifá Tato Quiñones— los que llevan a las religiones prejuicios y erróneas asunciones».

Tremenda-Nota-TN-2018

Un salón abarrotado de personas, en Centro Habana, esperaba al historiador y sacerdote Ifá Tato Quiñones, quien hablaría sobre dos ámbitos que, en Cuba, por muchos años no han marchado juntos: homosexualidad y religión. 

El evento del pasado jueves 19 de septiembre, organizado por El Club del Espendrú en el espacio de pensamiento del Centro Cubapoesía, reunió a intelectuales y público en general interesados en el diálogo entre identidad de género, preferencias sexuales y religiones de raíz africana asimiladas en Cuba, principalmente la Regla de Osha.

Desde el pasado año, cuando se puso a debate un proyecto constitucional con un concepto de matrimonio que incluía también a las parejas homosexuales, muchos cubanos creyeron que había llegado la hora de eliminar prejuicios de antaño al menos en letra impresa, y de vivir en una sociedad donde todos pudieran disfrutar sus libertades sexuales y derechos civiles. 

Sin embargo, una parte considerable del sector religioso emprendió una campaña homofóbica contra el matrimonio igualitario. Iglesias metodistas y evangélicas desempeñaron el rol más conservador y, hasta hoy, es difícil medir el contrapeso de otras fuerzas religiosas como las agrupadas en la Asociación Yoruba, mencionó Tato Quiñones en una ronda de preguntas y respuestas. 

Al respecto, expresó que los practicantes de este culto han hecho una interpretación y asimilación de la matriz nigeriana mucho menos homofóbica, aun cuando la cubana es una sociedad machista.

«En Nigeria la homosexualidad es penada y castigada con la muerte. Sin embargo, nosotros hemos tenido una evolución favorable en la religión. Tenemos santeros homosexuales y no es este un país, actualmente, en el que se les reprima de esa forma», dijo, y pasó a contar anécdotas de estigmatización en décadas previas. Tanto los religiosos como los gais —recalcó— antes eran caracterizados despectiva y prejuiciadamente en los medios.  

Aun cuando existe la creencia de que los homosexuales no pueden ascender al trono de IFA, el sacerdocio yoruba, Quiñones aclaró que «de los mandamientos de IFA [código ético] no hay ninguno que se refiera a la homosexualidad».

«Son los hombres —señaló intencionalmente, puesto que las mujeres han tenido que enfrentar más limitaciones— los que llevan a las religiones esos prejuicios y erróneas asunciones», si bien contó algunos patakíes o historias de la mitología yoruba sobre los conflictos generados entre Orúnmila y otras deidades a partir de las preferencias sexuales de los religiosos y sus identidades de género. 

El investigador, en su Aproximación a la homosexualidad desde la religión de los Orishas, destacó la importancia de un debate como este para una sociedad que aguarda la anunciada consulta popular y referendo del Código de Familia, una legislación desfasado que hasta ahora solo asume un único patrón: el heteronormativo.

Tato Quiñones tiene suficientes razones para desear un resultado positivo de este referendo. Una de sus hijas ―confesó a Tremenda Nota― es lesbiana, se casó legalmente y adoptó un hijo en Francia. Ahora Quiñones quiere que esto también sea posible en su propia tierra. 

Tomás Fernández Robaina, conocido investigador —y santero— que recorre a diario los pasillos de la Biblioteca Nacional, agradeció al sacerdote sus palabras y lamentó que en otros tiempos no se pudieran haber hecho semejantes afirmaciones. 

«Este debate es muy importante para nosotros, los homosexuales religiosos, que fuimos objeto de persecuciones y cacerías», apreció. 

La literatura cubana de principios de la Revolución, que inauguró un modelo social en busca del «hombre nuevo», es amplia en ejemplos de homofobia, ateísmo, homosexualidad y fe. Las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) siguen siendo testimonio del extremismo ideológico que sufrieron las personas LGBTI+, los religiosos y otros grupos sociales discriminados.

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