Georgina Herrera, una boca negra que no calla


1,847 Vistas
La poeta cubana Georgina Herrera.
Georgina Herrera.

Es 2016. Acabo de cumplir cuarenta años y me encuentro en la sala de espera del aeropuerto Hobby de la ciudad de Houston. Estoy esperando a la poeta Georgina Herrera, quien ha viajado de La Habana a California y desde allí hasta Texas para ofrecer una serie de charlas sobre su poesía en universidades de esos estados. Soy quien coordina su visita a esta ciudad, y a la universidad.

He leído antes a Georgina y me interesa su obra, hay en ella una rabia que reconozco. Cuando me acerco a sus versos puedo (casi) escuchar la voz de esa bisabuela negra a quien no conocí, pero que igualmente me ha acompañado en mi lucha en contra del racismo en Cuba, rancio sobreviviente en la Isla; rancio energizado con privilegios en el exilio.

Y ahí llega Georgina en silla de ruedas, porque —así le explicaron— son lo mejor para navegar los aeropuertos norteamericanos si no hablas la franca lengua inglesa. Me la «presenta» una trabajadora del aeropuerto. Me advierte que debemos esperar la maleta. Yo asiento y me agacho para besar a Georgina con esa frescura que tenemos los caribeños para besar, aunque no nos hayamos visto nunca. «Estoy cansada —dice, cuando mi oreja se cerca a su boca—, muy cansada, mija. Me matan los aviones y aeropuertos». Le digo que en casa se dará una ducha y descansará cuanto quiera, que no tiene ningún evento programado hasta mañana. Lo agradece con la mirada.

Entonces sale por la boca negra que vomita maletas la suya, y viene rota. Se pone las manos en la cara, entre aturdida y avergonzada: «¿Qué hago ahora con esto?». Y sin detenerme le respondo: «No se preocupe, Georgina, le regalo una». De inmediato soy yo la avergonzada: ¿estoy alardeando de maletas frente a esta señora de casi 80 años que se deshace en una silla de ruedas? Todos mis resortes, mis privilegios por vivir en un país que ya no es ese de donde viene Georgina, se me activan. Pero ella me rescata desde una mirada que es de alivio y gratitud: «Ay, mijita, menos mal, porque yo no puedo andar con ochenta años y una maleta rota por ahí».

No alcanza este espacio, esta semblanza mínima, para contar cuánto ocurrió en los próximos días entre nosotras (un nosotras que no somos solo ella y yo, sino un grupo de por lo menos tres poetas más con quienes alternó en Houston, así como las otras dos mujeres con quienes convivió en casa). No puedo hablar a derechas de cómo impactó su lectura a mis estudiantes y colegas. Todo ello merece una crónica extensa y me (se) la deberé. Pero debo decir que nuestras vidas cambiaron, drásticamente, desde entonces.

Te puede interesar:

Presa y libre: Lina de Feria sin censura


En Houston, en casa, no solo tuvimos a esa negra hermosa que nació en Jovellanos, Matanzas, un 23 de abril de 1936, sino que mejor: una niña memoriosa que nos presentó a otras tantas. Nos habló, por ejemplo, de la joven que en mitad de la década del cincuenta no pudo más con los rigores del pueblo y sus costumbres y por ello se escapó a La Habana, aunque el precio fuera ser una empleada doméstica. Porque trabajar para otros y lejos de casa, para Georgina significó (contra toda narrativa de victimización) avistar una libertad que vendría de su propia mano. Lejos de casa pudo leer y escribir sin preguntas en sus horas de asueto. Lejos de casa amó intenso y sin permiso. La plataforma de poder que es toda ciudad fue en ella oxígeno y fundación.

La mujer desprejuiciada, malportada, que desde siempre supo que de Jovellanos había que escapar, agarró sin dudas el filón que la revolución de 1959 ofreció a las mujeres a través de sus políticas de profesionalización y equidad de oportunidades. Así fue como Georgina, escritora sin permiso desde los 16 años, comenzó a ser pagada por ello. Así como de pronto sintió que las etiquetas de «poeta» y «guionista de radio y televisión» eran suyas por derecho y talento propios. Y así también como descreyó exactamente todo lo anterior.

Herrera comenzó en los sesentas a trabajar en la emisora Radio Progreso y a estudiar en la Universidad de La Habana. Mientras todo ello se sucedía, se casaba con otro escritor (Manuel Granados) y escribía. Paría dos hijos y escribía, los criaba y escribía; luchaba contra el fuerte ostracismo al que durante los setentas Manuel y ella fueron condenados sin entender por qué, y escribía. Se divorciaba y escribía; tenía otros amantes y escribía; perdía a su hija, hacía el duelo y escribía. Comenzaba a ganar algunos premios y distinciones tanto en la literatura como en la radio, y escribía. Veía marcharse de Cuba a su hijo y escribía; envejecía, boconeaba, publicaba obras completas, era atendida por la crítica, y escribía…

No cree en nada ni en nadie y por eso escribe. No tiene amos y por eso escribe y me escribe la belleza de esta línea: «…tú eres de las nietas de antes porque las de ahora no sirven para nada». Y la belleza no es por el dulce calor que me regala; la belleza es porque usa su magnífico poema «Elogio a las negras viejas de antes» como hipotexto, como resorte de autorreferencialidad para explicarse mejor en sus afectos, y eso en ella es admisión de vida, de boca negra que no calla. Georgina seguirá escribiéndolo todo como siempre, como nunca.

Feliz cumpleaños, Yoya Herrera. Todos los premios son tuyos y no hay mayoral que te los arrebate.

*Mabel Cuesta es profesora de Literatura US Latino y Caribeña en la Universidad de Houston

Tags:

Avatar

Mabel Cuesta

es profesora de Literatura US Latino y Caribeña en la Universidad de Houston

Comments (4)

  • Avatar

    Jorge Ángel Pérez

    |

    Que bueno que se sucedan ahora esas miradas a Georgina Herrera; ya ví las de Carlos y Elizabeth, la de Maggie Mateo, y ahora la tuya…, que bueno!!!

    Reply

  • Avatar

    Yuri

    |

    Me encantó

    Reply

  • Avatar

    Maya Islas

    |

    Acabo de leer estas memorias sobre la visita de Georgina Herrera, a Houston. Gran experiencia fue conocerla en casa de la Profesora Cuesta. Esa noche se leyó poesía; .No imaginaba todo el proceso de encuentros, la secuencia de su llegada. La descripción de este camino hacia Houston, es este artículo ha sido genial.
    Su lectura me detuvo en el párrafo al que yo he llamado “escribía”. He recorrido la vida de Herrera con un gran sentido de haber vivido con ella ese movimiento de vida que lo incluye todo. Existia una prioridad que caminaba paralelo con el resto de sus experiencias, y eso era escribir. Me ha conmovido mucho ese detalle y agradezco a la Prof.Cuesta, su inclusión, para dar a los lectores una idea cabal de la esencia de Georgina Herrera en su oficio principal: poeta.

    Reply

Haz un comentario