Fundamentalistas cristianos y activismo LGBTI+ en Cuba, el odio en el discurso


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Pastor Adrián Pose, conocido por su discurso contra la comunidad LGBTI+ (Foto: Alejandro Trujillo Valdés) 

El caso de la rapera Danay Suárez, quien el 13 de junio de este año republicó y comentó en su página de Facebook una carta abierta que relaciona la pedofilia con las demandas de la comunidad LGBTI+, constituye uno de los ejemplos más conocidos de discursos de odio en Cuba.

La reacción indignada de activistas y organizaciones defensoras de los derechos de la comunidad LGBTI+ provocó que un grupo de artistas se solidarizara con el activismo y criticara al gobierno por organizar una consulta pública sobre el matrimonio igualitario.

Danay Suárez fue señalada en las redes por su «discurso de odio». En Cuba, se trata de un término usado apenas sin el activismo, sin que tenga hasta ahora ningún relieve en las leyes que protegen contra la discriminación.

 

Recientemente la académica y militante feminista Ailynn Torres Santana concedió una entrevista a Q de Cuir respecto al concepto «discurso de odio», empleado frecuentemente por la comunidad LGBTI+ para denunciar ataques.

 

En el ámbito cubano esta noción tomó vigencia tras las declaraciones de la cantante Danay Suárez y la pugna del fundamentalismo religioso por impedir la consolidación de derechos ciudadanos para la comunidad LGBTI+.

Según «La estrategia y plan de acción de las Naciones Unidas para la lucha contra el discurso de odio», firmada en mayo de 2019, no existe una definición jurídica internacional del término, pero se asume como «cualquier forma de comunicación de palabra, por escrito o a través del comportamiento, que sea un ataque o utilice lenguaje peyorativo o discriminatorio en relación con una persona o un grupo sobre la base de quiénes son o, en otras palabras, en razón de su religión, origen étnico, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otro factor de identidad».

Torres Santana advierte que la Unesco definió los discursos de odio como: «expresiones a favor de la incitación a hacer daño (particularmente a la discriminación, hostilidad o violencia) con base en la identificación de la víctima como perteneciente a determinado grupo social o demográfico».

«Puede incluir, entre otros, discursos que incitan, amenazan o motivan a cometer actos de violencia», advirtió la feminista.

Torres Santana hace la salvedad de que una ofensa u opinión crítica no forman parte de este tipo de discurso, siempre y cuando no se incite a la violencia y a la marginalización. De ahí que se deba discernir entre quienes realmente lo aplican y quienes disienten de la hegemonía o de la línea detentada por los actores de poder.

Según Torres Santana, «podríamos analizar la presencia de discursos de odio en distintas formas de gestión de los conflictos sociales, aunque en efecto son una de las características de los fundamentalismos cristianos.

»Los neoconservadurismos, sobre todo los de base religiosa, han activado resortes afectivos muy potentes y, entre otras estrategias, han ampliado su feligresía despertando temor, rechazo, pánico a la agenda a favor de los derechos de las mujeres y de la comunidad LGTBIQ+», comentó.

Torres Santana analiza el mecanismo de estos discursos al interior de los fundamentalismos religiosos cuando explica que «han conformado, con éxito, un programa de pánico moral que a veces aparece conectado con la movilización del odio y que es funcional a su programa político más general».

La especialista concluye diciendo que «la doctrina cristiana fundamentalista es más que su discurso. Es un programa político, en toda su extensión, que implica dimensiones relacionadas con la moral sexual, con los órdenes de la política institucional y estatal, con las formas de reproducción socio-económica de la vida, con la imaginación sobre la nación y el mundo».

El término «discurso de odio» está siendo debatido internacionalmente en los últimos tiempos ante su incremento en las redes sociales, por la posibilidad que brindan para su propagación. 

La UNESCO ha organizado varios foros para abordar este problema y en 2015 publicó un estudio titulado «Combatiendo el discurso de odio en línea». «El estudio proporciona una visión global de la dinámica que caracteriza el discurso de odio en línea y algunas de las medidas que se han adoptado para contrarrestarlo y mitigarlo, destacando buenas prácticas que han surgido a nivel local y global», dice la página oficial de ese organismo internacional.

En materia de «discursos de odio», el caso Danay Suárez marcó un antes y un después en Cuba. El activista Alberto Roque presentó una querella legal por el delito de injuria, que se considera la primera demanda legal realizada con éxito en Cuba para llamar la atención sobre la discriminación que enfrenta la comunidad LGBTI+.

Aunque la demanda debe haber llegado a término en el tribunal, según reveló Roque en su página de Facebook, Tremenda Nota no ha podido confirmarlo hasta ahora. Las partes involucradas no accedieron a dar declaraciones sobre el tema.  

Tremenda Nota

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