Entre el neo-noir y la polémica: el arte cuestionador de un cineasta auténtico


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José Luis Aparicio Ferrera. Foto: Havana Times.

A José Luis Aparicio Ferrera le sobran motivos para develarnos un arte verdadero en cada una de sus propuestas fílmicas. Con solo 25 años se ha convertido en una de las voces más notorias del cine independiente cubano.

A José lo conocí en un taller literario en Santa Clara. Por aquel entonces éramos dos niños soñadores adentrándonos en el universo de la literatura. Ahí estaba él, con sus rizos negros y su dulzura; desde aquel tiempo descubrí lo brillante que sería.  El tiempo ha pasado y ahora, a la espera de ser entrevistado, el guionista y director de cine José Luis Aparicio Ferrera se me parece, otra vez, a aquel niño tímido que hablaba entusiasmado sobre su película favorita, Apocalypse Now.

En su refugio de Estudio ST, cuenta que su pasión por el cine comenzó en la niñez, pero fue en la adolescencia cuando conoció sobre la posibilidad de estudiarlo.

«De la mano de directores como David Lynch, los hermanos Coen, Quentin Tarantino, Woody Allen, encontré en el séptimo arte una obsesión casi enfermiza. Entonces comprendí que más que un divertimento o entretenimiento, el cine tenía una capacidad expresiva, era un arte».

Con añoranza, comenta a Tremenda Nota sobre sus años de formación en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) del Instituto Superior de Arte (ISA). 

«La escuela me dio la estructura, la técnica; me enseñó a trabajar con una cámara, a editar, el trabajo con actores. Fue la vía más expedita para llegar a mi objetivo. Pero la FAMCA tiene sus sombras: dificultades económicas, de equipamiento para la realización de los productos audiovisuales, las tradiciones y la censura… La carrera tiene un programa desactualizado, anticuado si se compara con el panorama de la cinematografía mundial. La escuela te obliga a chocar con las primeras dificultades a la hora de crear y experimentar».

José me mira, sonríe nervioso y se sonroja cuando enumeramos sus diferentes galardones en eventos: Premio a Mejor Ficción en el Tercer Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos de Panamá, Bannabáfest; Premio en el Almacén de la Imagen camagüeyano, Mención Honorífica en la categoría Cortometraje de Ficción en el Festival Cinema de Ciudad de México, Premio del Público, y a la Mejor Producción en la 18 Muestra Joven del ICAIC. Todo eso, además de ser miembro del jurado de Mezcal en el 33 Festival de Cine de Guadalajara y de la Tercera Residencia Internacional de Cine Castello Errante italiana. José agradece con humildad a quienes lo apoyan siempre; se sonroja.

Toca hablar ahora sobre el corto de ficción El Secadero, coescrita junto al guionista Daniel Delgado, y ganadora de muchos de estos reconocimientos. 

«Es la obra que más se parece a mí, la más madura. Iba a ser mi propuesta de tesis en la facultad, pero fue censurada y al final terminó siendo mi primera propuesta como artista independiente. Pienso que fue lo mejor que pudo haber pasado. El Secadero ha sido mi primer éxito, ha obtenido muchos premios nacionales y foráneos, se han hecho críticas y se ha debatido mucho sobre este corto; ha marcado a públicos diferentes y me ha hecho ver como un realizador que tiene algo que dar.

»El Secadero no hubiese existido sin el apoyo de las productoras independientes en sentido general. Estudio ST fue quien acogió y desarrolló la producción, pero otras, como Quinta Avenida, se involucraron y permitieron crear una obra muy compleja a nivel productivo y que no contaba con gran presupuesto, si se tiene en cuenta la envergadura del proyecto. Gracias a la ayuda desinteresada de estas productoras y a un crowdfunding, fue posible todo».

Por un instante respira, y responde sin reservas que ser un realizador en Cuba, te desarrolles en la institución, dentro de la industria o fuera de ella, resulta muy complicado. 

«El cine es caro, y a veces en la Isla no tenemos las condiciones económicas para llevar a cabo una obra artística, sobre todo para los jóvenes existen muy pocos fondos a los que uno puede acceder. Los cupos de la institución son limitados, por eso es fundamental encontrar alternativas como productoras independientes, crowdfunding, que permiten relaciones de trabajo mucho más sinceras, apelan a la creatividad. Y en el caso del crowdfunding, si conectan con tu proyecto, con lo que tú propones, ganas una futura audiencia, aunque el filme no se haya realizado todavía».

De sus proyectos más inmediatos, nos habla sobre el nuevo corto de ficción, El Tikrit, con guion del cineasta y periodista santiaguero Carlos Melián. 

«Este corto es diferente a El Secadero; no es neo-noir con matices de humor, sino una propuesta distópica, onírica, con atmósferas enrarecidas. Estamos enfrascados junto a las productoras Estudio ST, dB Studio y The Moon Productions en otro crowdfunding, y espero comenzar a filmar alrededor de marzo del 2020. Además de El Tikrit, tengo un documental en posproducción: el largometraje La zona muda, del universo ficcional de El Secadero (también junto a Daniel Delgado) y otros trabajos. Me interesan cosas muy distintas, porque tengo referentes dispares. Me gusta experimentar». 

Sus hombros se yerguen cada vez más cuando comienza a hablar sobre su pasión por el séptimo arte y sus géneros favoritos dentro de este universo. Dice José que, si bien disfruta más la estética del neo-noir, también le interesan otros géneros como la ciencia ficción, el misterio, el surrealismo, pues con sus obras pretende homenajear esos estilos. Apuesta por fusionar aquello que lo ha marcado, y mostrar un producto audiovisual que despierte todo tipo de sensaciones. «Las elecciones estéticas son más una cuestión de proyección, de gusto personal. Me considero más cinéfilo que cineasta y cuando realizo una película, trato de hacer el cine que me gustaría ver como espectador». 

Caemos en un punto álgido de la conversación. Aprovecho para interrogarlo acerca de los creadores noveles y sus diatribas con el ICAIC. José va elevando su tono de voz, aunque siga tranquilo en su sitio. Se nota el fuego que arde en sus ojos. 

«No creo que sea una cuestión económica ni política el hecho de que los realizadores independientes se alejen de la institución, todo es una cuestión de intereses creativos. Los filmes realizados en los marcos del ICAIC no se asemejan, ni reflejan el sentir de los jóvenes realizadores. Con tal de no ser censurado o limitado por la temática abordada, aun si pasas más dificultades, es preferible hacerlo por tu cuenta. Prefiero hacer mi película con total libertad, aunque pase cinco o seis años para terminarla, que contar con todas las condiciones de producción y nunca completar la película que sueño.

»El ICAIC ofrece pocas oportunidades para que uno lleve a cabo un proyecto. Quizás con la aparición de la Oficina de Registro del Joven Creador algo cambie, pero hasta el momento solo la Muestra Joven logra un acercamiento». 

Se pone la mano en la barbilla cuando comenzamos a debatir sobre el Decreto-Ley 373. De nuevo la plática va de un tema polémico y José lo sabe. Su mirada retoma ese brillo; la convicción de su verdad se saborea en el ambiente, está dispersa en el aire. 

«Desde el G20, las asambleas de cineastas, algo echó a andar. Y los acontecimientos de la Muestra 17, el Cardumen, fue otro punto de inflexión. Estos sucesos demostraron la necesidad de acción en pos de un cambio en el panorama del séptimo arte cubano. El Decreto-Ley 373 viene a ser una especie de término medio, un paso de avance hacia una futura Ley de Cine. Cuando estudiaba se empezaba a abogar por dicha ley, y mira, seis años después tenemos algo parecido.  

»Hay muchos aspectos positivos que se han aprobado; ya veremos con la instrumentación, cómo se acomoda. Pero no nos podemos conformar con esto, poco a poco hay que convertir la Ley de Cine en una realidad palpable, que cumpla con todos los reclamos de los jóvenes realizadores». 

Se asombra cuando le mencionas que el joven cineasta José Luis Aparicio, fue uno de los cuatro cubanos que la revista Avianca distinguió como inspiradores para el futuro. «No creo ser merecedor de tanto, pero ya que terminé en esa lista, me obligo a tomarme en serio lo que hago, a respetar y no olvidar lo fundamental de mi labor como artista en la sociedad, a enarbolar el cambio».

A estas alturas de nuestro encuentro, ya el tímido muchacho demuestra mucha seguridad en cada una de sus repuestas y el fuego en sus ojos es cada instante más intenso. 

—Dime, José: ¿Por qué crear en Cuba?

—En esta Isla soy más fértil como creador —me dice, convencido—. En nuestro país hay muchas historias para ser contadas. Se hacen pocas películas con líneas muy definidas, cuando un filme cubano puede tener matices muy diversos. Me interesa hacer cine en Cuba más allá de las condiciones de vida que pueda tener, más allá del trabajo o no que pueda pasar; crear una obra de la cual viva orgulloso y sienta que se parece a mí. 

Entonces polemizamos acerca de Santa y Andrés, de Carlos Lechuga, y sobre Quiero hacer una película, de Yimit Ramírez. 

«Existen alternativas como el paquete, sin embargo, son muchos los filmes que quedan vedados al público, o poco conocidos. Y es triste que no se proyecten, pues tratan temas fundamentales y necesarios. Una obra de arte es polisémica, tiene que emanar sentimientos encontrados, ser la brújula para una sociedad mejor. Privar a la audiencia del contacto con esas películas es realmente dañino. 

»Estoy en contra de todo tipo de prohibición; hay que seguir combatiendo, ganado espacios. Creer que determinadas proyecciones pueden ser muy fuertes en su tratamiento, es subestimar a la audiencia. El público está necesitado de películas que reflejen su realidad, lidiar con las verdades crudas de su historia».

A raíz de los sucesos recientes, le tocó a José Luis ser el marcado por un inquisidor ICAIC. Hablamos de Sueños al pairo, un proyecto de documental que comenzó a cocinarse cuatro años atrás, cuando José y el otro director, Fernando Fraguela, cursaban estudios en la FAMCA. «Al inicio solo era un ejercicio de clase, pero, con el tiempo, el concepto se amplió y dedicamos años a investigar y profundizar en la temática».

El filme aborda la vida y obra de Mike Porcel, guitarrista, compositor y orquestador, considerado uno de los músicos cubanos más influyentes y creativos de su generación, pero signado por la maldición del exilio. 

«Creímos muy necesario ahondar en la vida y obra de este artista fundamental en la música cubana, tristemente ocultado por años de censura y silencio. Ese resulta nuestro principal objetivo con este documental. El proyecto participó en la sección Haciendo Cine de la 16 Muestra Joven y recibió el apoyo del ICAIC para acceder a su archivo fílmico. Además, fue premiado en el Fondo Noruego para el Cine Cubano».

Llama la atención entonces que, con tal precedente, ahora la actitud de dicha institución sea censurar, al impedir la participación de la obra en la 19 Muestra Joven, y desautorizar el uso de las imágenes de archivo. La negativa parte del tratamiento dado en el documental a los acontecimientos del éxodo de Mariel y la repercusión de estos en la vida y carrera de Porcel.

La censura del documental ha provocado que varios realizadores retiren de forma voluntaria sus obras, en solidaridad con Aparicio y Fraguela. Luego, el ICAIC anunció que se pospone el evento. Estamos ante la presencia más fuerte de un nuevo Cardumen, una revolución artística se avecina…

«Agradecemos enormemente el apoyo recibido en las redes, sobre todo el de aquellos realizadores que han decidido retirar sus obras de la Muestra como señal de coherencia y solidaridad. Lo más hermoso ha sido ver cómo de esta circunstancia desagradable surge algo tan positivo: se escucha y comparte la música de Mike, retorna poco a poco al lugar que merece en nuestro patrimonio sensible. Ese es el mejor reconocimiento a nuestro trabajo».

Para Aparicio, dentro de los aires renovadores en la cinematografía, el papel fundamental lo juega la juventud. 

«Desde el punto de vista de espectador, las películas que más me interesan suelen venir de los jóvenes cineastas, aunque existan otros más experimentados que sigo disfrutando mucho. Pero las nuevas generaciones llevan la vanguardia de lo experimental, revolucionario en sentido técnico, discursivo; están en constante cambio, búsqueda y cuestionamiento. 

»El cine cubano independiente trasciende aquello que debería ser un séptimo arte nacional. Son obras universales que reflejan la cotidianidad del día a día, películas que sobreviven».

Con solo 25 años, José Luis Aparicio resalta por ser un cineasta polémico, original y comprometido con su realidad. Está convencido de que un artista se debe a sí mismo, a sus inquietudes como creador, como ser humano, a sus pasiones, a sus necesidades expresivas. 

«Una vez que circunscribes tu creación a intereses externos, ya se torna propagandístico, y pierde su subjetividad. El artista tiene que observar la sociedad, cuestionarla y transformarla. Ese es el tipo de artista que quiero ser».

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