¿El socialismo cubano, qué es?


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(ilustraciones: Samada)

Hay miles de páginas dedicadas a explicar qué es el socialismo, cómo se construye, quién lo construye, y hasta quién lo diseña. Casi empiezo a escribir esto pensando en hacer lo mismo que tantos han intentado. Pero no.  Lo mejor explicar, de ser posible, qué es lo que se construye y por qué se llama socialismo.

La historia del hombre contada por su casa

Juan tiene una casa. Lleva años ahorrando para vivir más cómodo, con un salón y baño más grandes. Para conseguirlo, decide gastar sus ahorros en la transformación de su casa y dejarla como nueva.

Él mismo podría diseñar cada habitación y espacios de su vivienda, además de trazar un plan de trabajo. Planificaría paso a paso la modificación de todos los espacios de su hogar actual. Eso sería lo ideal.

Pero en realidad, Juan solo sabe que quiere una casa más confortable y no cómo debe ser el diseño que satisfaga sus deseos. ¿A quién se le ocurre tener una teoría sobre la transformación de una casa sin saber cómo debe quedar? Juan se pone a improvisar, y sigue sin saber exactamente cuál será el resultado específico.

Si la casa actual de Juan es el capitalismo, la del futuro es el comunismo, y las transformaciones son el socialismo, ¿a quién se le ocurre tener una teoría del socialismo?

La reforma de la casa

 Los académicos, intelectuales y políticos autorizados son los que más palabras acumulan sobre el socialismo en Cuba. Se escribe mucho al respecto. Hasta yo lo he hecho. Pero no es el problema central en medio de los quehaceres cotidianos, ni siquiera de los profesionales o técnicos.

A todo ciudadano no le preocupa demasiado qué es el socialismo. A muy pocos, según he visto. No es el problema del panadero, ni del que trabaja en la cafetería, ni del profesor de educación física, ni del repasador particular, ni del revendedor.

Algunas de las corrientes taxonómicas, las más elevadas, se dedicaron y dedican a eso mismo. A elevar el socialismo. Para lograrlo, rescatan la imaginación, el deseo y la inspiración poética. A veces dubitativo, el socialismo «debe». A veces en mandato, el socialismo «tiene». Otras disimulando, el socialismo «no puede». En resumen, teología socialista de muchos tomos. Una idea.

Ellos son quienes no se enteran de que hay que tener un plano para la casa. Tampoco se enteraron de cuál es su plano actual, y aún así se dedican a gritar que sus planos de la casa futura, a pesar de no saber qué es un plano, son los mejores.

Apuestan por el socialismo de Schödringer, básicamente. Tanta confusión con el diseño hace que su máxima sea «ya llegamos, pero no hemos llegado».

Otros han sido más modestos, diría yo, que parezco estar en este grupo atento a la etimología. Así se llega a la idea de que socialismo es poner a la sociedad como fin último, para entonces socializar la propiedad, el poder, el bienestar y las formas de reproducirlo.

Estos tienen el plano de la casa futura, pero no encuentran el plano de la actual, por lo que suelen enredarse diseñando la transformación. Son los de «estamos lejos de llegar, pero llegaremos».

Y si la Tierra se llama planeta, aunque no es plana, ¿qué tendría de malo llamar socialista a Cuba, aunque no socialice? Después de todo, es el socialismo que es y no es. Por eso es cuestión de mirar los dos estados a la vez. De ahí que, a veces, los etimológicos y los teológicos abrazan a Schödringer.

El dueño de la casa manda

La Habana, hace 60 años: «¿Ustedes quieren salud y educación “gratis”?» Pues eso es socialismo. «¿Ustedes quieren ser socialistas?» Pues somos socialistas.

Así definió al socialismo la Revolución y la gente le dijo que sí. Le dijeron que sí a eso y le pusieron ese nombre. Fue como darle una pinturita a la casa, cambiar algunos muebles para ganar en espacio y quizá poner losas nuevas en el baño.

Ahí no hay casa nueva, diseños o planos, ni siquiera hay plan. Desde entonces existe el socialismo imaginario, el de los teólogos y el de los intelectuales etimológicos, y el socialismo del pueblo, más cercano a su realidad.

La concepción teleológica del socialismo no es cool, de hecho, es aburrida. Schödringer obstina. La etimológica es muy pija y compleja, porque, aunque se diga fácil medir el bienestar, la socialización del poder y la propiedad, ¿quién la hace?

En cambio, salud y educación son un mínimo de alivio concreto para quien tiene poco, un peso menos. Es un socialismo que sí es y al cual «ya llegamos».

Millones de personas en Cuba dicen querer ese socialismo. Se están refiriendo a algo que no es la teología socialista ni el socialismo según el origen de la palabra. La mayoría de las personas en Cuba, hasta de forma instintiva, sabe a qué le llama socialismo.

De todos los conceptos que levantan el socialismo de esta casa, la salud y la educación «gratis» son un hecho cumplido. Nadie dijo que tenía que ser de calidad, solo «gratis».

Eso basta a las mayorías que creen en el socialismo. ¿Quién los va a convencer de lo contrario? En la práctica, ese es el que se defiende o se ataca. Porque también se cansa la gente. El precio de la salud y la educación «gratis» es muy caro. El alma también se cansa.

Por otro lado, de los grupos que conocen el socialismo teológico, una buena parte renuncia a él por utópico, por falaz, a veces manipulador. El etimológico apenas tiene presencia. Es bastante que sobreviva.

Un dato adicional es que los defensores de estos socialismos ideales siguen empeñados en convencer a las mayorías de que ellos los guiarán al socialismo verdadero, olvidando que el mito ya está fundado y resemantizar nunca ha sido fácil. Habrá que aceptar las palabras como la cosa que son.

Construir o no la casa

No se podrá exportar la taxonomía socialista de Cuba porque solo es comprensible para aquellos que la aceptan como verdad. En realidad, es solo una política pública normal. Lo positivo, al menos, es el logro de tener una definición propia. Pírrico, lo sé.

Incluso, como mismo se pone Revolución con mayúscula, Socialismo puede escribirse igual y aparecer un nombre propio para describir el estado de cosas caracterizado por salud y educación «gratis».

No es la gran cosa ese Socialismo mayúsculo. Quizás solo sirve para pensar que no estamos como Juan. O peor, porque ni siquiera tenemos el ahorro, ni estamos autorizados a hacer nosotros las transformaciones de la casa.

De cualquier modo, ese Socialismo es el que compramos ya hecho, listo para vestirnos con él, como un pulóver barato. Pensar en otro implica construirlo, si aparece quién lo haga, y aceptar el dilema de Juan.

Miguel Alejandro Hayes

Miguel Alejandro Hayes

Economista

Comments (2)

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    P Cruz

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    El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo
    de la ignorancia, y el evangelio de la envidia, su
    virtud inherente es la distribución equitativa de la
    miseria. Winston Churchill.

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    Abelardo Mena

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    Como dijo Goya en sus Caprichos, el sueño de la razon crea monstruos.

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