El nuevo coronavirus y la nueva xenofobia


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Turistas pasean en La Habana
Turistas pasean en La Habana

En Cuba, país que se caracteriza por la hospitalidad con los extranjeros, se han denunciados actitudes xenófobas durante los últimos días de alarma por la pandemia del coronavirus. En la situación epidemiológica actual, muchos cubanos perciben a los turistas como una amenaza

No quería volver a su país, pero el martes 24 de marzo la ciudadana checa Nikola Abudová no tuvo más opción. Desde que el gobierno de Cuba declaró el cierre de fronteras y la salida inmediata de los extranjeros no residentes en la Isla, sus horas de sol y playa estaban contadas. 

Nikola lleva tiempo en el negocio turístico. Trae grupos de sus connacionales al país caribeño que adora pero que, en este momento, le arranca palabras con cierto desencanto: 

«Emitieron la prohibición de acoger a extranjeros, transportarnos a cualquier parte y nos prohibieron estar en las calles. Que cientos de personas tengan un vuelo de repatriación a casa y no tengan manera de llegar al aeropuerto, a ellos [las autoridades cubanas] no les importa. ¿Podría explicarme el gobierno cubano cómo las personas de la República Checa podemos llegar hoy con el último vuelo de nuestro gobierno, cuando ayer prohibieron que los taxistas nos llevaran al aeropuerto?».

  Nikola sabe lidiar con esto debido a su experiencia en el destino turístico Cuba, pero su molestia se debe, fundamentalmente, a que la mayoría de las personas que la rodean, de regreso a la nación europea, estaban de vacaciones; desconocían el idioma y no sabrían cómo actuar en una situación de emergencia. 

Al día siguiente, ya en su país y más calmada, Abudová cuenta a sus amigos de Cuba que se irá a vivir un tiempo junto a sus padres, en un pueblo checo donde no hay más que bosque, muro alto y jardín. La mala experiencia de no ser bienvenida en tiempos de coronavirus quedará atrás para ella.

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La historia será otra para un grupo de chilenos varados en La Habana luego de la cancelación de los vuelos de regreso a su país. Un video compartido en redes sociales los muestra desesperados después del aislamiento repentino en un hotel que el gobierno cubano y la embajada chilena asignaron, pero ellos mismos costean. Se les acaba el dinero, y debido a las restricciones de remesas hacia Cuba, no pueden recibir ayuda de familiares o amigos. 

En el video denuncian la presencia de roedores y cucarachas en el hotel, y la ineficiente gestión de su embajada frente a su estatus actual. Además, esta semana crearon en Facebook el grupo Chilenos varados en Cuba, para compartir denuncias y noticias que han llegado incluso a las páginas de la revista The Clinic.

En un país donde los extranjeros suelen tener privilegios y son bien vistos por la población y por el gobierno en tanto movilizan la economía, resulta muy poco frecuente la xenofobia. Parece un contrasentido hablar de discriminación a los extranjeros en Cuba. Andrew Grant, canadiense que eligió vivir en esta isla caribeña, dice que la situación para él es normal, pero no para los «chinos». «En el agro todos se alejan de ellos». 

Jamás se vio a los cubanos tan conscientes de un problema exógeno. Hasta esos días en que la presión social empujó al gobierno a cerrar las fronteras…

Los residentes creen que «ahora que van a sacar a todos los turistas, la gente va a saber que quienes se quedan son residentes y hay menos peligro» —dice Andrew—. A él todos en el barrio lo conocen, nadie le dice nada. Y en el agro todo estuvo bien. Pero a los chinos —dice, refiriéndose a todos los asiáticos— les dan «espacio». 

Andrew regresó de Canadá en la madrugada del martes pasado. Tuvo que llenar un formulario, como siempre, y confirmaron su dirección. «No me dijeron nada de cuarentena» —aclara—. Este hombre, que creció en una población donde el 95% eran italianos o descendientes, sabe bien qué es la xenofobia y añade que hay personas publicando fotos de extranjeros sueltos tomando cerveza en la calle, pero no siente particularmente xenofobia en los alrededores de su casa en 27 y B, Vedado capitalino. 

Casi lo mismo percibe un italiano desde su vivienda en la calle Marta Abreu, en el Cerro. Más de cinco años lleva en esta isla del Caribe a la que apostó todo: su título de Doctor en Ciencias Económicas, su cargo como sindicalista en Génova, sus diplomas. Para acá trajo, especialmente, libros. Desde Seta hasta la filosofía de Osho; revistas sobre el desnudo femenino negro; diccionarios. Y a su perro. Construyó con sus ahorros una casa hasta que logró establecer un negocio de renta a extranjeros. 

El coronavirus, además de casi llevarse la vida de su padre en Italia, está matando su negocio. Aunque eso no es lo que le importa ahora. Si le preguntan por el barrio, cómo lo trata la gente, puede que parta de un prejuicio alimentado a base de mucha experiencia en los últimos diez años orbitando el territorio cubano, pero dirá que no encuentra xenofobia aquí.

Tal vez porque esa palabra es demasiado fuerte y su tradición de uso incluye casos de violencia extrema, racismo, linchamiento público. Una lista de conductas que en Cuba no serán fértiles mientras sea el turismo lo que lleve el plato de comida a muchas casas. Por el contrario, el endiosamiento de los extranjeros es tal, que cualquier ligero maltrato o actitud negativa hacia ellos sí es visto como acto xenófobo.

Naciones Unidas contra la xenofobia

Reportes de prensa daban voz durante los últimos días a extranjeros que denunciaron actitudes poco usuales: un ciudadano polaco residente en Cuba lamentó que algunos cubanos, al ver su fisonomía «europea», creyeron que podía estar contagiado con el COVID-19 y dijeron en el elevador de su edificio, mientras suponían que él no hablaba español:

«Los extranjeros tienen que irse del país ya». 

Atribuyó la situación, no obstante, a la paranoia generalizada por la expansión del virus en la Isla, donde, hasta la fecha, 170 personas han sido diagnosticadas, todas por haber tenido contacto con extranjeros (según declaraciones oficiales). El Ministerio de Salud Pública no se ha pronunciado sobre la ocurrencia de transmisión endógena.

El pasado 19 de febrero, en CNN se publicó el siguiente titular: «Temor al coronavirus causa racismo y xenofobia en varias partes del mundo». Y la noticia continuaba: «El temor al contagio está generando situaciones de racismo y xenofobia […] El Departamento de Estado de EE.UU. aumentó la advertencia de viaje a China al más alto nivel». 

Mientras, el periódico La Vanguardia —en fecha similar— publicaba que «el miedo generalizado está provocando actitudes xenófobas y discriminatorias hacia la población asiática en países occidentales». Asimismo, anunciaba que en Rusia se estaba deportando a extranjeros infectados con el coronavirus, contradiciendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. 

En el resto del mundo han emergido prácticas xenofóbicas que la Organización de Naciones Unidas (ONU) denuncia. Este organismo internacional envió un mensaje pacificador y pidió no justificar con el miedo los prejuicios y la discriminación. «Luchemos contra el racismo, acabemos con el odio y apoyémonos en esta emergencia de salud global».

Los hechos guardan sintonía con las peticiones de la ciudadanía cubana, pero a la vez contrastan. Muchos estaban indignados porque el gobierno alentaba el turismo en medio de la pandemia en lugar de cerrar fronteras. No obstante, la etiqueta #cierralamuralla que circuló en las redes sociales fue concebida sobre la base del respeto a cubanos residentes en el exterior y a extranjeros. 

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