El misterio del verso hablado


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(Fotos: Cortesía de Pablo Dussac)

El spoken word rompió el silencio tradicional de la lectura, para hacer de la poesía un deseo alegre, sensual y reflexivo.

Los testigos de la escena dejaron de ser espectadores, para convertirse en parte del mundo construido sobre una cadencia oral de metáforas. Pasos adelante, gestos faciales, movimientos de brazos que derribaron muros y crucifijos dibujados en el aire, surgieron a través del sonido de la palabra.

El 21 de marzo, Día Internacional de la Poesía, un intérprete de versos desafiaba la realidad a la hora de encender el fuego poético en el Centro Dulce María Loynaz, La Habana, Cuba. Igual que Luis Eduardo Aute, en su poesía le va la vida.

Pablo Dussac micrófono en mano, se acomodó los espejuelos con el dedo índice recogido y comenzó un ritual pagano de pasado milenario:

«La chispa de nuestra lucha

el poder de la palabra y

los oídos que la escuchan.»

Pablo tiene 30 años y trabaja como editor en Gente Nueva. Se presenta en todas las peñas de rap que lo inviten y está grabando un disco que se llamará «Anacoreta».

El spoken word rompió el silencio tradicional de la lectura, para hacer de la poesía un deseo conmovedor, alegre, sensual o reflexivo. Una vida abierta que influye y es influenciable, que existe para siempre en los segundos que resuenan frente al micrófono.

Amante de la poesía y el rap, Pablo conoció la obra del poeta boricua José Raúl González «Gallego» y escogió un camino de versos donde la palabra es puente, avenida, casa o parque.

Cuba trazó para él un dibujo geográfico y con una lanza quijotesca, lejos de ser una alucinación, en carrera desigual atravesó la barrera de lo posible.

«Como negra es mi raíz

como el verso en el poema,

como Cuba y su Martí.

Yo tengo de mambí, cimarrón

clandestino, no hay espacio

en mis renglones para los versos

pasivos.»

Inspirado en sentimientos y vivencias propias, comparte lo que escribe con el público. Pablo siente la poesía como la vida misma. Al terminar sus funciones muchos se le acercan agradecidos, por hacer de lo diario una manera diferente de vivir, por figurar en métricas la utopía.   

Confiesa que la mayor satisfacción en sus presentaciones, aunque muchas veces no lo note, es el silencio del público ante cada palabra. Admite con modestia que la ausencia de cualquier sonido excepto el de su voz, cuando él, un hombre desconocido sube al escenario micrófono en mano, lo impacta en sobre manera.

Pero su performance sería incompleto si en el desarrollo del mismo, elementos como la cadencia de la voz, pausas y énfasis en ciertas palabras o frases, no complementaran el cuerpo del poema que transforma en imágenes, sumado a la gestualidad que lo convierte en una especie de médium lírico.

«Vamos a alzar la voz,

Todos somos poetas

Cada esquina es una musa…

¡Hasta los muros son libretas!»

Gusta, sobre todo, de presentarse a capella. Ello no ha significado renunciar a la música para enriquecer el poema que defiende y cuando existe ese equilibrio entre música y poesía, siente que el poema se eleva más allá de lo imaginable.  

«Lo mismo que hacían los griegos con su rapsodia, los juglares con su canto, aunque le cambien el nombre, el Sopken Word es la historia de la humanidad misma representada de varias maneras», comenta el artista, mientras se acomoda los espejuelos, dispuesto a recitar nuevamente otra historia convertida en versos.

Un guerrero soñador llamado Pablo Dussac cabalga sobre un Rocinante poético al compás de leyendas fabuladas. Las vivencias de su Dulcinea rodeada de mar, con dulce sabor a mañana, son para él un eterno poema.

La imagen perceptible de una arquitectura futurista llamada spoken word, la curva de su trazo similar a la sensualidad descrita por Oscar Niemeyer, encuentra en Pablo un amante retador e inconforme, que expresa en la irreverencia musical y poética, el eco de un sentir cuando fragmenta la vida en versos de expansivo amor. 

«Yo sé de un color

Similar a la sombra

Que la historia ignoró

Cuando se unió

Y se rebeló.»

Comments (2)

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    Oli

    |

    Es curiosa la subtrama, la corriente de agua subterránea que se mueve en la poesía hablada. Como si el carácter universal del concepto lanzado al viento, se pudiera reducir al discurso que dicte, oportunistamente, la moda.

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    Alba Peralta

    |

    Gracias Sender y a la editorial por mostrarnos una manera distinta de hacer poesía con tanta sensibilidad y corazón.
    (La verdad que yo no conocía a este singular declamador).
    Le deseo a Pablo muchos éxitos en el camino que escogió para mostrar su arte desde la sinceridad y la emoción que llega como otro de nuestros hermanos, con sus vivencias, que también son las nuestras.
    Muchas gracias por enriquecer nuestro arte.

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