El mal de amores, valorado en su día y en el día después


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(Foto: María Lucía Expósito)

Es tarde para lo que voy a sugerir, pero a nadie se le ocurra entrar en modo «despecho» en plena segunda temporada de cuarentena. Para quienes aún no salen del bache, lo dice un tropecista profesional, les quiero informar una cosa: a algún cretino se le ocurrió que el 29 de julio es una buena jornada para «celebrar» el Día Internacional de Mal de Amores. Pero hoy es 30, el día después.

Cuando comienzo una relación de pareja nunca me percato de cómo, cuándo ni dónde empieza todo. Siempre apuesto por dejarme llevar y olvidarme de todas las teorías. Lo único que me a-tormenta y me-tornado, es justamente dónde acaba el principio del noviazgo, esa luna de miel donde todo es empalagoso y hay sexo constante y sonante, y no te quejas de nada porque tu abuela media ciega te dice que estás irreconocible con esa sonrisa.

No ser correspondido es de pinga, pero no saberlo y actuar como un fantoche, es peor. Por suerte, uno termina riéndose de eso luego de un tiempo, ¿qué tiempo? A mí me gustan los datos curiosos. Me percaté de que, entre el 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, y el 29 de julio, hay unos 4 meses de diferencia. Según estudios (pueden investigar, si lo desean) es ese el tiempo aproximado para superar una ruptura amorosa. Cierto es que todo depende del ímpetu y de los caballos de fuerza del romance.

Quien diga haber terminado una relación en buenos términos, vaya y refrésquese a la orilla del río Almendrares, y si puede, quédese a vivir allí mismo. Nadie que haya amado trogloditamente a una persona, que se haya sentido compatible con ese alguien a quien concibió estúpidamente inigualable, sale o lo sacan de la vida de ese otro, regalando azucenas y girasoles.

A partir de ese momento la única pregunta posible, que uno no se hace de inmediato, porque concibe la idea de la reconciliación, es cómo superar ese momento.

Te voy a dar las mieles: evita hablar de ella/él a toda costa. Dile a un socio/una socia que te guarde o esconda sus notas y dale bajanda a alguna ropa suya si no dio tiempo a nada. Aunque hayas sido el culpable de todo el desenlace fatal, responsabiliza a ella/él. Después te las arreglas con tu conciencia. O no.

Piensa en las cosas desagradables que pasaste a su lado, aunque sea una. Bastará esa idea para dinamitar todo lo bueno vivido. Yo me he descubierto diciéndome lo marquesita que fui al pensarme en una situación como esa. Inexorablemente, uno va atando cabos, pero solo después de naufragar muchas tardes en su propio llanto.

Ni aunque le pongas toda la bomba del mundo a tu coqueteo inmortal, conseguirás un clavo oxidado para sacártela de la cabeza. ¿Qué he hecho yo? A veces me he matado a pajas, pero no lo recomiendo. Entre el alcohol en vena, porque el ron es el único método de sanación más asequible, el poco o nada comer y la depresión en carne viva, no hay forma de resucitar a un ahorcado.

Descarga con tus amigas/amigos y desahógate con ellos. Te darán la razón, aunque sean conscientes de que fuiste hijo de puta y que lo de ustedes hacía rato estaba como agua para chocolate. En todo caso, y a mí me ha funcionado en más de una ocasión, despalíllate con un extraño. Con ese no hay ningún compromiso emocional y puedes ser mucho más cruel contigo mismo, pero no esperes aceptación de vuelta ni lo que quieres escuchar.

Ponte a hacer ejercicios físicos o vira al revés la casa. Sal a caminar por lugares que transitas poco. Es aconsejable no hacer ninguna de estas actividades con música. Te puedes encontrar sacando tus abdominales con Álvaro Torres o Kalimba. La experiencia de escuchar tu respiración y el ruido de la calle, es terapéutica. Si escribes o eres un lector voraz, desmaya esas opciones. Hace unos meses, inmediatamente de una separación, me dio por leer «El mito de Sísifo», de Albert Camus. Todo lo que leas es un camino de regreso.

Si crees que no eres capaz de sobrepasar la instancia por tus propios medios, coge 150 pesos y te consigues en el mercado negro un blíster de Alprazolam. Te tomas uno cada día a las 9 de la noche y sanseacabó, caes. Solo intenta no comprometerte y sellar un pacto adictivo. A mí me queda más de la mitad de las pastillas en algún lugar de la casa.

Y sí, hay que llorar, tirarse en alguna esquinita de vez en cuando y cerrar todas las redes sociales, porque los algoritmos te enlazan a la persona ida por caminos inescrutables. Y cero confianza con sus amistades y su familia. Esa es otra forma de permanecer.

¿Qué cuántas veces uno puede sufrir mal de amores? El número que usted marcó, no está asignado a ningún abonado.

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