El hilo de Ariadna


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Ariadna Pérez Gómez. (Foto: Marcos Paz Sablón / Periodismo de Barrio).

En Berroa, un valle fabril al este de La Habana donde se asientan varias comunidades ilegales, una mujer trans teje una madeja de reclamaciones para conseguir «los papeles» de su casa. Tremenda Nota reproduce la historia publicada originalmente en Periodismo de Barrio.

Cuando Ariadna Pérez Gómez, mujer trans, 37 años, manicura, vio sobre el cielo de Berroa «una bola de candela que cambiaba de color», atinó a acuclillarse, manos sobre la cabeza, en una esquina de la casa. Unos segundos después la casa –muros de mampostería, techo de madera y fibrocemento– no era más la casa, sino cuatro paredes con el cielo encima.

En 1998 Ariadna había dejado atrás los horizontes conocidos, homofóbicos, dice. De la casa de sus padres en Antilla, Holguín, en el oriente de la Isla, llegó a La Habana. Primero se estableció en la casa de un primo. Después, en la casa de su exmarido. En 2009, divorciada, no tuvo más remedio que salir a «hacer las calles».

—Con lo que ganaba fui reuniendo materiales hasta que pude levantar las paredes en este terreno de nadie. Soy ilegal –dice.

No explicará nada más sobre «las calles».

Ahora vive en medio de El Bachiplán y Los Albergues, dos comunidades del valle de Berroa. Entre dos bandos: el patio suyo colinda con los albergues, el portal está sobre la tierra de El Bachiplán, encima de una colina que parece una atalaya.

Quienes viven en las comunidades de El Tamarindo y El Bachiplán son ilegales. Los que viven en Los Albergues no son legales, no tienen la propiedad de sus «cuartos», pero recibieron el consentimiento del gobierno para estar donde están. Incluso, oficialmente son supervisados por la Unidad Municipal de Atención a las Comunidades de Tránsito (UMACT) de Habana del Este.

Bachiplán ocupa una hondonada entre varias colinas arrasadas por el tornado y las instalaciones de la Empresa de Transportación y Servicios a la Mecanización (Tranzmec) en Habana del Este. (Foto: Marcos Paz Sablón / Periodismo de Barrio).

Ariadna me explica que ella tuvo que moverse y «buscar factores y gente» que la ayudaran a organizar el Comité de Defensa de la Revolución (CDR) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). «Ahora todo está organizado. Son cuatro comunidades: El Bachiplán, Los Albergues, La Cabillera y El Tamarindo. CDR no. 12, circunscripción 41, reparto Guiteras, Habana del Este».

Después de fundar el CDR, aunque sus vecinos la aclamaban, Ariadna solo aceptaría ser la organizadora. En su rol, censó a las 59 familias que viven en Berroa. Entre todas, solo una tiene la propiedad de su casa.

—La última multa que nos pusieron a nosotros fue en 2013, que fue por el Decreto 272, una multa de 1 000 pesos.

«Yo escribí al Consejo de Estado, escribí al Gobierno provincial, a la Asamblea Nacional, al Partido provincial. De todos esos lugares solo recibí respuesta de la Asamblea».

—Me dijeron que tenemos que esperar a que salga una ley, una resolución para las personas que construyeron sus viviendas por esfuerzo propio.

Los comprobantes de las multas impuestas a Ariadna por ocupar ilegalmente su casa dicen que «la ciudadana Pavel Pérez Gómez […] realizó el pago». Las cartas de organismos del Estado que Ariadna recibió están dirigidas al «ciudadano Pavel Pérez Gómez». Ariadna está constreñida por las leyes que dicen que su casa no es su casa y que su género no es su género.

Es una mujer alta. Se mueve cadenciosa, vehementemente, desde la sala al cuarto, cada vez que necesita probar lo que dice con documentos.

Trae de vuelta una carpeta azul que rescató del caos. Dentro están todas las cartas manuscritas o mecanografiadas que ella dirigió a título personal o a nombre de la comunidad a la Asamblea Nacional del Poder Popular, a la Asamblea Provincial de La Habana, a la Oficina de Atención a la Población del Consejo de Estado, a la Dirección Municipal de Planificación Física de Habana del Este, y al propio Esteban Lazo Hernández, presidente del Parlamento cubano.

Después del tornado, Bachiplán parece el lecho de un lago seco. (Foto: Marcos Paz Sablón / Periodismo de Barrio).

En 2016, los vecinos de Berroa reclamaron al Consejo de Estado la legalización de sus viviendas. Además, pidieron una posta médica en las inmediaciones del asentamiento, una «calle transitable» desde La Cabillera hasta Vía Blanca, una bodega, dos tanques colectores de basura por cada caserío y la sustitución del «delegado actual por alguien que se identifique con cada problema y planteamiento» de la comunidad.

—Nunca respondieron. Vivienda Provincial sí dijo que ellos no tenían conocimiento de que aquí abajo había viviendas y que estaban ilegales.

Desde que los vecinos de Berroa comenzaron a reclamar la propiedad de sus viviendas, las autoridades comenzaron a decir que Berroa era una zona industrial donde no estaba permitida la construcción de viviendas. Luego, la Dirección Municipal de Planificación Física de Habana del Este ha negado el estatus legal a las viviendas por estar construidas de forma ilegal.

«Nuestra competencia es con aquellas personas que sean propietarios solamente», aseguró el entonces director de Planificación Física de Habana del Este, Ramón Rivero Montañez, en una carta dirigida a «Pavel Pérez Gómez» en diciembre de 2017.

Después del tornado, Ariadna creó una ruta que atraviesa las calles imaginarias de El Bachiplán. Hasta el fondo del caserío, colindante con la Empresa de Transportación y Servicios a la Mecanización (Tranzmec), ha guiado a dirigentes del Partido y del Gobierno, a periodistas y voluntarios que llevan ayuda a Berroa. Las paradas siempre son las mismas: un tanque aéreo y amenazante que se levanta sobre cuatro columnas oxidadas, la base heptagonal de una concretera donde la gente armó sus casas, las casas derrumbadas de los vecinos evacuados.

«Esteban Lazo estuvo en Berroa pero no vino aquí. Él sí supo de la cantidad de viviendas que hay aquí, le dijeron que la mayoría eran ilegales. Él dio la orden, dio la orden de que había que preocuparse por esta gente de aquí abajo, también por el que no tuviera papeles y tuviera afectaciones».

Dos años antes, después de decirle que era una mujer trans pero respetada, pobre pero enérgica, discriminada pero revolucionaria, seropositiva pero incansable, Ariadna le escribió a Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba: «Aquí la mayoría lleva más de 20 años viviendo con miedo al mañana. Sin dirección, sin tener donde coger su canasta básica y mucho más importante sin posibilidad de tener en su mano la propiedad del lugar donde vive».

En 2019, los que ya habían sido afectados por un huracán, y habían tenido que abandonar sus casas, y los que habían levantado sus casas con retazos de madera y cinc y cartón, no pensaron que un tornado iba a despojarlos de algo más.

—Ahora él debe conocer mejor nuestra situación. El tornado nos volvió a poner en el mapa –dice Ariadna.

Y entonces, para dar por sentado que Berroa está en el mapa otra vez, sugiere a las autoridades que «busquen en Facebook», que «lean en las redes sociales lo que han escrito los voluntarios que vienen a Berroa».

—¿Tú crees que los papeles van a llegar más rápido ahora? –le pregunto.

Ariadna arquea las cejas.

—Con esta situación creo que nuestro gobierno nos ayude. Creo que sí. Bueno, no sé.

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Carlos Alejandro Rodríguez Martínez

Carlos Alejandro Rodríguez Martínez

Carlos es o quiere ser —como aceptaría Samuel Feijóo— una criatura de los campos de Cuba. Tiene las maneras rurales, la timidez hosca de la tierra. Ha pensado muchas veces en dejar el periodismo y dedicarse a salvar perros callejeros. Y ha pensado también —pero teme confesarlo— que quizá sería feliz como drag queen. Sin embargo, no se atreve a nada: por ahora es, y seguirá siendo, periodista freelance.

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