El fundamentalismo explicado a los impíos


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(Ilustraciones: Polari)

En días recientes, varias iglesias fundamentalistas cubanas han publicado declaraciones donde toman posición en contra del matrimonio igualitario (una vez más), que se espera sea incluido en el proyecto del nuevo Código de Familias, y en contra de la nueva Resolución No. 16/2021 del Ministerio de Educación, que presenta un «Programa de educación integral en sexualidad con enfoque de género y derechos sexuales y reproductivos en el Sistema Nacional de Educación».

Yo me había resistido a leerlas, pues sabía que la exposición detallada de los sinsabores y vejaciones que sufren y soportan los hermanos fundas solo podía traerme sufrimiento. Mas, poseído por una curiosidad masoquista y malsana, me procuré el hondo martirio de leerme cuatro de dichas declaraciones:

  • la de la Iglesia Evangélica Pentecostal de Cuba «Asambleas de Dios» (en lo adelante, DAD), publicada el 21 de mayo de 2021 en su página de Facebook;
  • la de la Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental (en lo adelante DCB), publicada el 22 de mayo de 2021 en su sitio web.
  • la de la Iglesia Metodista en Cuba (en lo adelante, DIMC), publicada el 25 de mayo de 2021 en su página de Facebook; y
  • la de la Liga Evangélica de Cuba (en lo adelante, DLEC), publicada el 11 de junio de 2021 en su página de Facebook;

Sin haberme aún recuperado plenamente de tan amargo suplicio —los ojos me supuran todavía y mi corteza frontal llora a moco tendido—, pero consciente de la imperiosa necesidad de disipar calumnias y malentendidos que sobre estas comunidades religiosas se ciernen cual sombras del Maligno, me siento a plasmar mis impresiones, para la posteridad y para la gloria del reino.

Pobres almas en desgracia

«Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia
a los profetas que hablaron en nombre del Señor».
– Santiago 5:10

Quiero aclarar de entrada, para que duda no quede, que los fundas son las verdaderas y únicas víctimas en este conflicto. Esto sorprenderá a muchos lectores impíos, pues siempre los pintan con los peores colores. No obstante, sus argumentos hablan por sí solos.

En estos tiempos, se lleva a cabo un intento feroz por imponernos la «ideología de género», una cosa que no existe, pero que la inventó en la década de 1990 el Vaticano, una corporación transnacional de Europa que es buena o mala según convenga. Como parte de esta agresión, «se estigmatiza a quienes piensen diferente, como opositores al proyecto de nación que se intenta construir» (DIMC, p. 1) y «han tildado de manera despectiva a quienes somos defensores del diseño original de la Familia» (DIMC, p. 2). Mucho se habla de esa tal inclusión, pero solo hay que tener ojos para ver que «las propias normativas que se predican como “inclusivas” contienen, en su esencia, la simiente misma de la discriminación, al señalar como ofensiva toda postura diferente» (DIMC, p. 3).

Si fuera yo impío, saltaría a argüir que «ofensa» y «discriminación» no son lo mismo, por cuanto los sentimientos de las personas no están protegidos por ley alguna, pero estaría ignorando que la fe religiosa que inflama a nuestros hermanos fundas, al igual que tu dulce alma, es toda sentimiento. Estaría desconociendo también que, «al ser creados a imagen de Dios, somos de gran estima e inmenso valor ante los ojos del Creador» (DLEC, p. 2) y, por tanto, la «ideología de género» hiere Sus divinos sentimientos. Sin embargo, no hay que temer; para proteger los sentimientos del Altísimo están aquí los fundas.

Y están aquí a pesar de que «quienes se oponen a este proyecto se encuentran que no caben en la nueva sociedad» (DLEC, p. 1), que son excluidos. Tal como lees: los fundas sufren exclusión. Por eso, reclaman que el eslogan «todos los derechos para todas las personas» también los tenga en cuenta a ellos (DCB) y a su derecho de manifestar de manera libre e irrestricta lo que los blasfemos llaman «odio» y «discriminación». Por suerte, ellos se sobreponen a su precaria situación y hablan bien alto. ¡Ay, qué alto hablan! Y menos mal, porque lo que está en juego no es solamente la libertad de los creyentes, «sino de toda familia que difiera» (DIMC, p. 2). Es bueno subrayar eso —como hacen en su declaración—, para que todos los impíos comprendan que los fundas nos defienden a todos, hablan por todos y apelan a todos, aunque «los partidarios de la Ideología de Género [criminalicen] nuestra defensa» (DIMC, p. 3). Y sin que nadie se lo haya pedido, porque ellos son así, dados al prójimo.

¿Entienden ahora, impíos, quiénes son los malos? Son ustedes quienes, sin el pudor de esconderse («una tendencia abierta», DIMC, p. 1), atacan a los fundas con su «bombardeo sectario» (DCB), su «campaña publicitaria» (DAD), no, su «propaganda desenfrenada de la ideología de género que se realiza actualmente por todos los medios de comunicación» (DAD). Los tienen sitiados desde «la educación, la cultura, la marcada presencia en los medios de comunicación y el establecimiento de normas jurídicas» (DIMC, p. 1).

Todo esto ocurre, por supuesto, con «el apoyo completo de las autoridades gubernamentales que han concedido privilegios sin parangón» (DAD) a los impíos y a ellos no. Es casi como si el Estado hubiera decidido de pronto que ya no quiere vivir en la Edad Media, un período precioso, vale decir, y más para los cristianos, con su Inquisición, sus hogueras, sus patíbulos. Me embarga la nostalgia. Es, en resumen, un ataque a la dignidad de todos los cristianos (DIMC, p. 1). Al final, ¿qué otra dignidad ha sido más pisoteada que esa?

Lamentaciones

«Como son más altos los cielos que la tierra,
así son mis caminos más altos que vuestros caminos,
y mis pensamientos más que vuestros pensamientos».
– Isaías 55:9

Entre los más viles ataques dirigidos a los hermanos fundas está sin duda el apelativo «fundamentalista». Sí, ya sé que yo les digo así, pero en mi caso es de cariño y ellos me lo permiten. Sin embargo, a todo hereje que no goce, como yo, del favor de los hermanos fundas debe quedarle tan claro como el agua del Éufrates en el Edén que los hermanos fundas no son fundamentalistas.

La acusación se debe a la incapacidad de los impíos de comprender «la sana interpretación que hacemos de las sagradas escrituras» (DLEC, p. 1) y «de los principios bíblicos establecidos» (DLEC, p. 2); sana interpretación que se ve amenazada por la «cruzada revisionista» (DAD) en la que se han embarcado algunos teólogos «liberales y pro homosexuales» (DAD), pastores tan descarriados como la más negra de sus ovejas.

Nota para impíos ignorantes: «sana interpretación» es un término cristiano que significa ‘interpretar la Biblia como mejor le convenga a uno en ese momento’. Es arma y escudo del cristianismo y le ha permitido matar a millones de impíos —que se lo merecían, ¡oh, gloria!—, subyugar clases sociales enteras —siempre las más bajas, para no incordiar— y, aun así, acomodarse a cada época histórica sin sufrir (demasiadas) contracturas.

Nota para impíos aún más ignorantes: «la Biblia» es una colección de mitos y leyendas locales de una tribu de pastores de la Edad de Bronce en el Medio Oriente. No sabían por qué llovía ni adónde se iba el sol por la noche, pero tenían opiniones bastante férreas sobre el origen, propósito y final de la vida, del universo y de todo.

Retomando el hilo, los hermanos fundas también rechazan que se les llame homofóbicos «por defender una conducta moral en la familia, iglesia y sociedad» (DAD), es decir, por expresar abiertamente que los homosexuales son inmorales. Proclaman en mayúsculas tajantes que «NO somos inhumanos ni homofóbicos porque no despreciamos a nuestros semejantes con miedo irracional. Actuamos según nos dictan nuestras convicciones» (DLEC, p. 4). ¿Ya ven, impíos? ¡Que ninguno de vosotros ose jamás decir que la homofobia de los fundas es irracional! Por si no les quedó claro, «no somos fruto de un pensamiento irracional que escogió empíricamente una determinada manera de vivir» (DLEC, p. 1) —menos claro les queda a ellos el significado de «empíricamente»—, sino que, gracias a la «sana interpretación», da la casualidad de que el sentido de los sagrados textos coincide totalmente con sus ideas, que algunos envidiosos llaman «retrógradas», «homofóbicas», «discriminatorias» y otros calificativos que el decoro me impide reproducir.

Pues no, no son fundamentalistas ni homofóbicos ni irracionales; se declaran objetores de conciencia y «ser objetor de conciencia no es sinónimo de extremismo ni fanatismo» (DLEC, p. 4). Vale decir que tampoco es el antónimo. Todo no es más que una tergiversación por parte de blasfemos que «consideran como homofobia y transfobia el simple acto de disentir con las “teorías de género” (ideología) o con el matrimonio igualitario y la adopción de niños por parte de estas parejas» (DCB). Qué locura, ¿no? ¿Qué importa que una instancia impía como el Parlamento Europeo haya reconocido en su Resolución P6_TA(2006)0018 que la homofobia se oculta a menudo «tras justificaciones de orden público, de la libertad religiosa y del derecho a la objeción de conciencia»? ¿Y qué importa que su disenso y su libre expresión busquen traducirse en leyes de motivación religiosa que se apliquen a todos en un Estado incómodamente laico?

Lo cierto es que los fundas son buenos. Contrario a todas las mentiras que se tejen en su contra, «nos insertamos en la estructura social y aportamos a la espiritualidad de la misma» (DLEC, p. 1). El único requisito es que no haya más ninguna espiritualidad ni nadie más en la estructura social. A mí me parece bastante generoso.

Defienden también un matrimonio ordenado para la «formación de la familia y para el fomento del bien moral, espiritual y público» (DLEC, p. 2), algo que, debe quedar claro, es imposible de lograr con otros tipos de matrimonio o de familia. Esos solo traen males morales, espirituales y públicos.

Tan buenos son los fundas que incluso recomiendan a los legisladores «que se explique bien que [sic] se entiende por Discriminación, Homofobia, Transfobia, Intolerancia, discurso de odio y otras semejantes» (DLEC, p. 4), porque las definiciones especializadas que ya existen no son operativas y ya conocemos la pasión de los fundas por la metodología de la investigación y su aversión visceral a los textos ambiguos.

El alcance y los límites de esos términos son importantes, «pues se pueden interpretar erróneamente si transcurren mayormente dentro del plano subjetivo» (DLEC, p. 4). Aquí, hay que hacerles caso; los fundas saben de lo que hablan, porque es justo lo que les sucede a ellos con los términos «libertad religiosa» y «discriminación».

En lo que respecta a las personas impías como tú, lector, los fundas «las amamos, oramos por ellas y les predicamos el Evangelio» (DAD). ¡Ah, pero a ustedes les parece poco y quieren también derechos civiles! Llegan incluso a cuestionar y hasta burlarse del amor de Dios, que «es para todos los seres humanos, independientemente de su orientación sexual, ideología política o religiosa, para ser regenerados y transformados una vez que hayan procedido al arrepentimiento por medio de la fe en Jesucristo» (DIMC, p. 3); o sea que es como el amor de tu ex: incondicional, pero con condiciones. No sé para ustedes, pero, por mi parte, lo más lindo, el más grande amor.

Todos estos y más son los tesoros del Señor que los fundas nos regalan. Y solo piden una cosa a cambio: que no se vulneren sus derechos. Si fuera yo impío, diría que los fundas solo hablan de derechos cuando se trata de negárselos a otros; no obstante, los derechos que defienden no son para nada descabellados.

Reivindican, por ejemplo, su «derecho a disentir» (DIMC, p. 1) de esa idea escandalosa de que los demás son humanos con derechos también; su derecho a opinar y debatir sobre las vidas de otros, pues la malsana «ideología de género» «limita la participación en el debate» (DIMC, p. 1); y uno que yo, ignorante que soy, no sabía que estaba amenazado: «su derecho a vivir sobre la base de sus creencias» (DIMC, p. 3). Ahora que me he informado, es innegable que ese derecho se vulnera, pues los colectivos LGBT+ trabajan sin descanso «para que [los demás] acepten y promuevan el estilo de vida de esta comunidad» (DAD), una práctica indignante porque pretenden que todos seamos pecadores invertidos y contra natura, pero también porque constituye una intrusión en el terreno de los propios cristianos, quienes son por excelencia los que trabajan sin descanso para que los demás acepten y promuevan su estilo de vida. ¡Vergonzoso!

Los fundas reivindican también su «derecho a que se respeten los principios doctrinales y éticos de la Iglesia de Cristo» (DAD). Si fuera yo impío, señalaría que aquí confunden el respeto a la libertad de religión con el respeto al dogma religioso. La libertad de asumir y practicar un sistema de creencias es un derecho protegido; las creencias mismas no gozan de tal protección. Nada protege a una idea tonta o absurda de críticas, cuestionamientos o burlas. Ya la humanidad vivió esa etapa: se le llama «edad del oscurantismo» o «edad de las tinieblas». Pero bueno, eso es lo que diría un impío.

Lo indiscutible es que, para los fundas, «todos los hombres y mujeres tienen el derecho a disfrutar y a conformar una familia natural, según el modelo del diseño original» (DIMC, p. 3). No conozco todos los premios de literatura que existen, pero alguno debe haber que reconozca la proeza de formular un derecho en forma de privilegio. En lo que llegan los lauros, «no rechazamos ni discriminamos a las personas por su orientación sexual, simplemente defendemos el más legítimo y elemental derecho de expresar nuestras creencias sobre la base del respeto» (DLEC, p. 2). ¿Leíste, hereje? «Respeto». Sin querer ser irrespetuoso, te digo que eres un cochino pecador que arderá en el infierno y que, como tal, eres un ciudadano de segunda, sin derechos y sin dignidad. Claro está, desde el respeto.

La razón que los asiste

«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». – Filipenses 4:13

Sin duda, te martillearán las preguntas: «Señor, ¿de dónde les viene la convicción? ¿De dónde ale*uya obtienen la fuerza para hacerse valer sin tapujos ni temor? ¿De dónde la fibra? ¿De dónde la reciedumbre?». «De la fe», dirán algunos impíos ignorantes e ingenuos, sin comprender que con la fe solo se escribe el pop de la religión. En la práctica concreta y pesada, se recurre a otros medios para mover montañas.

Cierto, no debería hacerles falta, pues cuando estas iglesias se pronuncian, lo hacen «en cumplimiento de su función como voz profética de la Divinidad» (DAD). A mí con eso me basta, pero los más incrédulos necesitan soportes adicionales. Y en el menú hay de todo.

Algunos impíos claudican en cuanto se les hace ver que la «ideología de género» y sus tóxicas ideas van «en contra del sentido común» (DIMC, p. 1). ¿A quién no le gusta el sentido común, ese hombretón campechano y simple de nuestra conciencia que está convencido de que la Tierra es plana, de que más siempre es mejor y de que los sexos son dos?

Debemos hacer caso omiso de blasfemos como el profesor de Pensamiento Crítico Peter Ellerton cuando señala que apelar al sentido común no es más que «un llamado a pensar lo que nos haga sentir bien».

O de pecadores como la Doctora en Psicología Social Michelle vanDellen cuando afirma que «las personas están sesgadas por lo que quieren hacer. Mientras más uno quiera hacer algo, más convencido estará de que cae dentro del sentido común».

O de profanos como el Doctor en Psicología Jim Taylor cuando advierte que «el sentido común es una falacia lógica que nos ha encasquetado la cultura de la ideología (cualquier ideología que pretenda decirnos lo que debemos pensar y hacer), que nos prefiere estúpidos, mal informados e incapaces de tomar buenas decisiones» y que es utilizado a menudo por los conservadores como «garrote ideológico» para convencer a unos de que los Otros no lo tienen y, por tanto, no representan el sentir de la sociedad. (Más sobre esto después.)

O incluso de sacrílegos de la talla de Albert Einstein, a quien se le atribuye la insidiosa idea de que «el sentido común no es nada más que un depósito de prejuicios impuestos a la mente antes de los dieciocho años».

Los que hayan resistido a la embestida del sentido común (que no es ni lo uno ni lo otro) caerán sin duda bajo el peso de la ley civil, que los fundas reconocen y desconocen a conveniencia, como es lógico. Si lo dudaban, ellos se pronuncian «haciendo uso de las facultades concedidas por la Constitución de la República de Cuba [la misma contra la que hicieron campaña en el ya remoto 2018] para expresar libremente sus criterios, principios y valores» (DAD). Sé lo que estás pensando, lector: «La libertad de expresión tiene límites, ñiñiñi». Sí, tiene límites cuando se convierte en discurso de odio, cuando incita a la discriminación y a la violencia, etc.; sin embargo, como quedó demostrado arriba, los fundas no hacen nada de eso, así que esos límites no se aplican a ellos. Touché.

Pero las leyes de los hombres nada pueden contra Natura, contra la Divina Creación, contra «el orden natural de las cosas» (DIMC, p. 1). ¿Y qué medio ha usado siempre la religión para descubrir y conocer la Divina Creación? Lo adivinaste: la ciencia. Un grupo de impíos más testarudos serán abatidos sin misericordia por el sólido arsenal de argumentos científicos que despliegan los fundas, contrarios a los de los impíos, que «carecen de toda evidencia científica» (DIMC, p. 1).

Así, apelan a «la estructura binaria de la sexualidad humana, grabada en el ADN de nuestra especie» (DAD). Debemos ignorar a teófobos como Anne Fausto-Sterling, profesora emérita de Biología y Estudios de Género, cuando refiere estudios que, según ella, demuestran que el sexo humano no es binario, pues estos sacrílegos se empeñan en «negar las diferencias anatómicas, biológicas y fisiológicas de los sexos» (DLEC, p. 1). Yo personalmente no he visto tal negación, pero los fundas han leído más que yo sobre el tema.

Derriban también esa pantomima de que «la homosexualidad tiene un componente genético, lo cual no puede ser demostrada [sic] por ninguna prueba científica» (DAD). Con esa sola frase, destruyen el más amplio estudio genético de la sexualidad humana, cuyos resultados supuestamente revelaron «cinco marcadores de ADN asociados con el comportamiento homosexual», aunque los impíos se acobardan y matizan que «ningún gen ejerce por sí solo un efecto desmedido en el comportamiento sexual». Claro que no. Lo único que influye en la conducta sexual pecaminosa son las garras del Maligno. Al final, no queda duda de que la «ideología de género» está «permeada de criterios anticientíficos» (DCB). Y ya sabemos que los fundas rechazan todo lo que sea anticientífico.

El lector malpensando dirá que los fundas no han incluido ni una sola referencia en su argumentación. Pues te equivocas. No faltan las referencias a «estudios investigativos que muestran los daños que ocasiona en niños y jóvenes, cuando se les acerca a estos conocimientos» (DLEC, p. 3) y a «la opinión de especialistas o de resultados investigativos ya validados […] que muestran posturas opuestas» (DLEC, p. 4). Refieren también que, en el mundo, «se ha comprobado que buscando reconocer amplios derechos a unas minorías, se han vulnerado otros derechos humanos» (DLEC, p. 2). De nada sirve señalar que llamarle a algo «conocimiento» implica que ese algo es verdad; inútil reclamarles que especifiquen qué «estudios investigativos», qué «especialistas», qué «resultados investigativos», dónde se han publicado y validado, dónde y cómo «se ha comprobado» y por quién. Cuando la ciencia está informada por la fe y la gracia del Altísimo, esos detalles sobran.

Al final del menú, los fundas sacan la artillería pesada. Los pocos impíos que queden en pie deberán doblegarse ante la Santísima Trinidad del conservadurismo: la Tradición, la Historia y la Identidad Nacional. No es solo que defiendan el «diseño tradicional de la familia» (DIMC, p. 1) —con las reconfortantes imágenes de infancia feliz correteando en el parque, el olor de los casquitos de guayaba recién hechos y la sensación de estar a salvo y protegido que acompañan siempre a la palabra «tradicional»—, sino que también «nos asiste una historia, una cultura milenaria» (DLEC, p. 1). ¿Qué pensabas, que los chinos eran los únicos que tenían una cultura milenaria? ¡Ignorante! De acuerdo, esa «cultura milenaria» ha sufrido ligerísimos cambios a lo largo de la historia: primero eran monoteístas, después politeístas, después monoteístas otra vez; primero existía el Infierno, después no; antes no comían langosta, ahora sí; antes decidían quiénes eran los monarcas y los dominaban, ahora ya quedan pocas monarquías; antes tenían esclavos, ahora la esclavitud es ilegal; antes mataban a golpes a las mujeres, ahora menos. Pero esos cambios son el fruto de la «sana interpretación» de los textos sagrados y no desmeritan en lo absoluto el valor ni la coherencia de la doctrina.

La posición moral de los fundas se consolida cuando señalan su «acercamiento a los valores éticos de los fundadores de la nacionalidad cubana» (DIMC, p. 2). ¿No te das cuenta? Si acusas de homofobia a los fundas, ¡estás atacando nuestra identidad nacional! ¡Apátrida! Un impío apuntaría que la identidad nacional se forjó también sobre el esclavismo, pero eso sería una burda manipulación de la historia para beneficio propio. Además, no hay espacio para dudas ni debates: la «ideología de género» es «totalmente incompatible con la historia, los valores culturales y el pensamiento de los fundadores de la identidad nacional» (DIMC, p. 3) o, en otras palabras «dicha política es totalmente incompatible con la historia, los valores culturales y el pensamiento de los padres de nuestra patria» (DAD). Las dos frases casi idénticas —como cuando mis estudiantes se copian las tareas y cambian pero por sin embargo— solo puede ser prueba de la divina inspiración que les asiste.

Y para cortar de tajo el contrargumento del contexto histórico, de que esos «padres de nuestra patria» (palabra mucho más cargada de emoción que país o nación) vivieron en otro tiempo y otro contexto social, aclaran sin reservas que «este argumento es totalmente inconsistente con la propia historia nacional» (DIMC, p. 2). Si esperabas que te explicaran exactamente cómo es inconsistente con la historia nacional, mal por ti. Tienes que estudiar más. Los fundas no te van a hacer la tarea. Aquí también los fundas saben de lo que hablan: es el mismo argumento que se usa cuando algún malintencionado se pasa de listo y saca a la luz los errorcillos que ha cometido el cristianismo a lo largo de su historia «milenaria», pero no es lo mismo, porque esos cristianos vivieron en otro tiempo y otro contexto social.

Y para cerrar el matutino, con el tema de «La Frontera del Deber» de fondo, nos leen «aquello que José Martí afirmó en su presentación de La Edad de Oro […] que “el niño nace para caballero, y la niña nace para madre”» (DCB). Se me aguaron los ojos. Y ya me vine abajo cuando imploraron que les permitieran apegarse al ideario martiano «sin que nadie ose decir que el más universal e intemporal de todos los cubanos no sabía lo que hablaba y que su pensamiento es arcaico, obsoleto, retrógrado, machista, sexista y patriarcal» (DCB). Aunque sea todo eso, pero que nadie ose decirlo. ¿No les parte el corazón que los impíos pretendan «coartar la libertad e imponer su particular ideología a los que seguimos pensando como el apóstol» (DCB)? Ya sabes, hereje: si acusas de homofobia a los fundas, ¡estás atacando a nuestro Héroe Nacional!

Números

«Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo:
Legión me llamo; porque somos muchos».
– Marcos 5:9

En el inverosímil caso de que los argumentos anteriores no fueran suficientes, los fundas se vuelcan hacia lo único que nunca miente: la matemática. Y muy bien hecho, porque se ha vuelto intolerable la arremetida de «miembros de la comunidad LGBTIQA+, abogando por los derechos igualitarios de esta minoría de la población cubana» (DAD). ¿Dónde se ha visto una minoría con derechos? Los derechos son para las mayorías. ¡Hombre, por favor!

Y la mayoría son ellos, le duela a quien le duela. Los fundas reflejan «el sentir de la sociedad sobre la familia, manifestado en la consulta popular realizada previa aprobación [sic] de la Constitución» (DIMC, p. 2). Allí se demostró que tal reivindicación minoritaria «no tiene su origen en el deseo de la población cubana, que mayoritariamente desaprueba tales prácticas» (DAD). Aun así, las autoridades gubernamentales se empeñan en tomar decisiones «obviando la opinión popular, que se hizo patente en la consulta previa a la aprobación de nuestra Constitución actual” (DCB).

Los números no mienten. Según datos oficiales, en la consulta popular participaron 8 945 521 personas y se realizaron 1 706 872 intervenciones. De estas, 783 174 consistieron en propuestas para el texto constitucional (más otras 2 125 propuestas de cubanos en el exterior). De esas propuestas, 192 408 versaron sobre el matrimonio, un 24,57 %. Los impíos que no se pronunciaron sobre el artículo 68 relativo al matrimonio dieron por entendido que estaban de acuerdo, por la antiquísima ley de «el que calla otorga». Así que, de los 8 945 521 participantes, se pronunció sobre el matrimonio igualitario una mayoría abrumadora del 2,15 %, aunque no todos en contra. ¿Queda alguna duda? A mí, no.

En su aplastante mayoría, los fundas están dotados de «una espiritualidad que nos convierte en parte indispensable de la nación» (DLEC, p. 1), pues tienen «la responsabilidad de promover la moralidad pública de toda la sociedad civil» (DAD). Una vez más, sin que nadie se lo pida. Altruismo del bueno. En cumplimiento de tal responsabilidad, le recuerdan al Estado que su deber es legislar «para todos, pero siempre teniendo en cuenta la opinión social, las costumbres y la cultura predominante» (DLEC, p. 2) y piden «que se escuche y acate la voluntad popular» (DCB). ¿Y acaso no fue eso lo que hizo el Estado cuando eliminó el artículo 68, a petición de una mayoría del dos y pico por ciento?

Como bien nos recuerdan los hermanos fundas, «las instituciones existen para servir al pueblo, no para ignorarlo e imponerle sus criterios» (DCB). Es una realidad incómoda que la iglesia también sea una institución, pero ¿qué se le va a hacer?

Revelaciones

«Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré
cosas grandes y ocultas que tú no conoces».
– Jeremías 33:3

Hasta aquí, nada de lo que se ha dicho es nuevo. Son verdades como puños, aunque los más impíos se nieguen a aceptarlas. Sin embargo, obedeciendo a su vocación de enseñanza, los fundas sazonaron sus declaraciones con un contenido de altísimo valor pedagógico, para contribuir a la superación intelectual de la sociedad. Les cuento algo de lo que aprendí.

Aprendí, por ejemplo, que la iglesia es pionera en la emancipación de la mujer. Los hermanos fundas nos cuentan que, «cuando estos avances políticos y jurídicos no existían en los primeros siglos de nuestra era, la naciente iglesia ya hablaba del acceso de la mujer por igual a la salvación» (DLEC, p. 1). El acceso a la propiedad, al trabajo, al voto, a la salud reproductiva y esas cosas vinieron después, seguramente también gracias a la iglesia.

Aprendí también que la defensa de los derechos de los fundas «no tiene un enfoque político, sino bíblico-pastoral» (DIMC, p. 2) y que ellos tienen primacía sobre todo lo que concierna al matrimonio y a la familia, pues estas instituciones fueron «acogidas primero por normas religiosas y luego reconocidas civilmente» (DLEC, p. 2). Debe ser porque el Estado no se había inventado todavía. Los blasfemos venenosos esgrimirán su argumento de que sí, la religión fue primero y el Estado después, pero el poder no; el poder es consustancial a la religión —sobre todo a una religión universalista como el cristianismo— y el matrimonio religioso tenía consecuencias civiles, como la relación de pertenencia de la mujer al hombre, entre otras. Nada, oídos sordos a la cizaña.

Aprendí también que estamos bien, que la sociedad no tiene problemas. Sí, hay alguna que otra dificultad relacionada con maltratos, discriminación, etc., y hay que solucionarla, pero «no hace falta deconstruir una cultura para eso» (DLEC, p. 4). Esta gente se aparece ahora con sus ideas dizque novedosas, con su «Programa de educación integral en sexualidad…», con el pretexto de que hay que educar bien a los niños, pero lo cierto es que la iglesia ya hace eso. Como explican los fundas, «la Biblia nos provee de principios y nos brinda excelentes herramientas para contribuir al sano desarrollo de niños y adolescentes» (DLEC, p. 3). Para los escépticos, las siguientes son solo algunas de las valiosas enseñanzas que adquirirán nuestros hijos con una formación bíblica:

  • sabrán cómo vender a sus hijas como esclavas (Éxodo 21:7);
  • aprenderán a matar a quien trabaje los domingos (Éxodo 35:2);
  • repudiarán a quienes coman cerdo (Levítico 11:8);
  • aprenderán cómo tratar a sus esclavos (Levítico 25:44-46) y cómo comportarse si son ellos esclavos de otro (1 Pedro 2:18);
  • sabrán que, si una mujer no se cubre la cabeza, hay que obligarla a que se rape (1 Corintios 11:6);
  • sabrán que pueden comerse a los hijos de otros y entregar a los suyos para que otros se los coman (2 Reyes 6:28-29); y
  • aprenderán cómo tener sexo con su hermana, aunque la muy caprichosa se resista (2 Samuel 13:11-14).

Conocimientos y habilidades todos utilísimos, que causarán una gran impresión en cualquier reunión de amigos.

Estamos bien. Esos problemillas que persisten del maltrato a los negritos y a los desviados, por ejemplo, no se resuelven con propaganda ideológica. Los fundas saben perfectamente cómo criar a sus hijos para que sean personas de bien, no como las otras familias. Al final, «eso es civismo y educación de todos los tiempos. Que la sociedad no lo haya cuidado es otra cosa» (DLEC, p. 4). Si necesitas, lector impío, un recordatorio de qué son el «civismo» y la «educación» bíblicos, vuelve a leer la lista anterior.

Aprendí, para mi gran beneplácito, que los fundas están luchando por generalizar las terapias de conversión. Recomiendan que «todas estas personas con desviaciones o conductas homosexuales deben ser acogidas y atendidas en la acción pastoral como cualquier pecador, llevándolos al reconocimiento de que sus prácticas, sin duda alguna, son pecaminosas en sí mismas y, por tanto, necesitan arrepentirse de ellas» (DAD). Esto forma parte del compromiso de los colectivos fundas con aumentar la tasa de intentos de suicidio entre jóvenes LGBT+, para lo cual las terapias de conversión han demostrado una notable eficacia.

Aprendí que, recientemente, los colectivos fundas fueron aceptados como miembros de la Academia Cubana de la Lengua y, en ejercicio de sus funciones, rechazan «la deconstrucción del lenguaje usada para introducir sutilmente los conceptos errados de la ideología de género» (DAD).

Gracias a que los hermanos fundas rechazan «todo proyecto o anteproyecto de leyes que, ya sea en forma sutil o abierta, intenta legalizar el homosexualismo» (DAD), aprendí que el homosexualismo es ilegal. Gracias por las mieles.

Lo último que aprendí, lector impío, te va a volar el cerebro. Resulta que la Cooperativa de Investigadores y Detectives Fundas ha destapado una conspiración. Como pretexto para el nuevo «Programa de educación integral en sexualidad…», las autoridades alegaron la prevención y control de las ITS, el VIH y las hepatitis. No obstante, «desde hace aproximadamente un año no hay preservativos disponibles en la red de farmacias nacional. Un factor que debería ser motivo de gran preocupación, sobre todo después de que por muchos años se presentó el condón en nuestra sociedad como la panacea para prevenir este tipo de enfermedades, así como los embarazos no planificados. Por tanto, tenemos razones para concluir que [la prevención y control de las ITS, el VIH y las hepatitis] no es el enfoque principal del nuevo programa» (DCB).

No se dejen obnubilar por lo que aparentemente es una iglesia fundamentalista defendiendo el preservativo. Lo único que hay que hacer aquí es ovacionar las geniales habilidades detectivescas que les permitieron vincular la ausencia de condones al contenido del programa.

Apocalipsis

«Será quebrantada del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida». – Isaías 24:19

«¿Y por qué se esfuerzan tanto?», podrá preguntarse el lector. «¿Por qué elevar así sus voces en histérico coro? ¿Qué es lo que tanto les preocupa?». Pues casi nada: el colapso de la civilización. Ellos esperan ansiosos el Día del Juicio Final; pero, como son buenos, tratan por todos los medios de evitarlo. Por nosotros. Es un favor que nos hacen.

«Exageras», me dirás desde tu blasfemo escepticismo y esos «privilegios sin parangón» (DAD) que te ha concedido el Estado, pero bailarás al son de otro salmo cuando conozcas la profecía.

Partiendo del hecho irrefutable de que el objetivo de la «ideología de género» y de la alarmante campaña a su favor «es lograr una rebelión contra todo dato de la existencia humana» (DLEC, p. 1), los fundas advierten sobre el caos que esto produciría, pues «todo es válido en el mundo del género» (DLEC, p. 1) y dichas ideas «contravienen la esencia misma de la vida, y el orden moral objetivo para el que Dios estableció el género» (DAD).

Este caos comenzaría por las consecuencias legales que la legítima defensa de sus derechos traería para los fundas, a partir de leyes «que estigmaticen y promuevan la persecución y enjuiciamiento de quienes difieran de los postulados de la ideología de género, marginándolos de la sociedad y tildándolos de disidentes» (DIMC, p. 3). Defender las ideas bíblicas «podría terminar siendo sancionado de distintas formas» (DLEC, p. 1). Los hermanos fundas dicen «podría», pero lo cierto es que ya muchos países sancionan la defensa y práctica de ideas bíblicas como el genocidio, la violación, la esclavitud y el maltrato infantil. Así que el problema es peor de lo que vislumbran los hermanos. El fin está cerca.

Y no solo ellos serán víctimas de tales abusos. ¡Piensen en los niños, los pobres niños! «¿Qué pasará con los estudiantes que muestren una opinión diferente y se opongan a ese tipo de enseñanzas? ¿Se les llamará homofóbicos, intolerantes, retrógrados? ¿Serán objeto de bulling [sic] o acoso?» (DLEC, p. 3). Los fundas siempre han defendido la educación pública, pero «sería doloroso que muchos ciudadanos dignos se vean en la disyuntiva de no llevar a sus hijos a la escuela (asumiendo las consecuencias de ese acto de desobediencia civil)» (DCB). El tono de amenaza se lo estás poniendo tú, lector malintencionado.

Y lo peor: «¿qué pasará con la Iglesia en Cuba?» (DLEC, p. 2). Pues no sé, porque no lo dicen. Los fundas usan estas preguntas sin respuesta, al igual que el subjuntivo y el pospretérito, para no ponerle límites a la imaginación de sus lectores y que la mente de cada quien produzca el peor escenario concebible. Es parte de su contribución a la superación intelectual.

Pero, nos advierten, «el efecto legal y cultural [del matrimonio igualitario] será mucho más amplio» (DLEC, p. 2), pues se trata de «prácticas sexuales aberrantes que producen toda clase de trastornos personales, desintegración familiar y degradación social» (DAD) y una «erosión de las normas morales sobre la sexualidad que es evidente en el mundo actual, y que en las Escrituras está asociado al fin de los tiempos» (DAD). Del matrimonio igualitario al fin de los tiempos. Es lo que se conoce como el «efecto dominó» o la «pendiente resbaladiza». Y si en alguna actividad física destacan los fundas, es en la yagua cuesta abajo.

Si el lector impío aún no comulga con las ideas de los fundas ni empatiza con sus tribulaciones, lo dejo con esto: «la esencia [del nuevo Código de Familias y del nuevo programa del Ministerio de Educación] radica en la propuesta de deconstrucción de la sociedad actual y promover una nueva con enfoque de género» (DLEC, p. 1). Al menos con eso podemos estar todos de acuerdo.

Comments (14)

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    Alejandro

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    Muchas gracias por este trabajo.

    El artículo tendrá tono burlesco, pero las críticas están muy bien fundamentadas.

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    Alberto

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    Buenísimo… Es una lástima que el autor, por impío, arderá bajo las abrazadoras llamas del Maligno : ).

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    Fundamenta-lista

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    Amén hermano. Gracias por alzar tu voz por nosotros los desprotegidos fundas XDDD

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      Alfre

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      XDDD

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    César Alejandro Hernández

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    Quisiera no utilizar en respuesta a este artículo tan burlesco y poco serio un lenguaje igual de satírico, y sí, también me “arriesgue” a leerlo con una actitud de no terminar hasta el final. Pero lo cierto es que después de ver tantos argumentos, no pude ver ninguno. En fin, los “fundas” damos una serie de argumentos, no en lo que simplemente dijo fulanito o menganito, que tiene un PhD en una Universidad que ya se sabe aplaude una “ideología” determinada. Porque sí queridos amigos, ya la ciencia al parecer no es objetiva, queda a consideración de cada cuál. El disgusto de los promotores LGBTI porque los cristianos inventaron esta terminología de “ideología de género”, parece no corresponderse con el uso de estos de términos como ” todes”, “niñes”, y otros términos que según muchos “PhD” la Real Academia de la Lengua se resiste a aplicar. Parece que a estos colectivos la ciencia es válida solo cuando conviene, curiosamente el mismo argumento que esgrimen contra los fundas. Y sí, somos fundas, de hecho la historia del término surgió en los Estados Unidos cuando los cristianos bíblicos redactaron un documento titulado los “Los Fundamentos” en respuesta a las corrientes liberales dentro de las iglesias, así que no se preocupen, no nos ofende.
    Del mismo modo, de acuerdo a los colectivos feministas y LGBT, los “fundas” hacemos una lectura subjetivas de la Biblia misma. ¿Acaso no es subjetiva la lectura de los defensores de la teología pro-gay? No queridos amigos, la Biblia no es ambigua, Dios no destruyó Sodoma porque no eran hospitalarios, ¡fueron destruidos por ser demasiado hospitalarios con los huéspedes de Lot! No es cierto que Pablo se refiera en Romanos 1:18-32 a las relaciones homosexuales fuera del matrimonio, se refiere a cualquier tipo de relación homosexual, guste o no al lector. Del mismo modo, los argumentos en contra de la Biblia como escritura sagrada, carece de una hermenéutica válida, no es suficiente con citar textos al azar.
    Para no extenderme más, al punto de ser cansinos, lo que estamos planteando no es un punto de discusión para nosotros, simplemente le avisamos al Gobierno que estos no son puntos a negociar y que desde las tribunas naturales que son los púlpitos continuaremos diciendo a lo blanco, blanco y a lo negro, negro.

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      Tejeda

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      Solo recuerdo un pasaje de la biblia:
      “El que esté libre de pecados, que lance la primera piedra”.
      Acaso usted está libre de pecados?
      (Por cierto, este pasaje se hace defendiendo a una adultera fornicadora, dos pecados bien recogidos en la Biblia)

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        César Alejandro Hernández

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        No, no soy libre de pescados, pero no llamo virtud a mis pecados, sino mis maldades, mis pecados. Tan pecado es mentir, adulterar o practicar la homosexualidad, pero no puedo hacer apología de ninguna de ellas. Cierto que Jesús perdonó a la adultera, pero seguidamente le dijo “vete y no peques más”.

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      miguel

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      El articulo es burlesco supongo que precisamente porque todos los comunicados que he leido desde organizaciones cristianas siempre tienen esa actitud de suficiencia moral, tal como la que despliega usted en su comentario: “… estos no son puntos a negociar…”. Nadie le prohibe tener el tipo de familia que más le plazca, es solo extender ese derecho a todos, que no necesariamente tienen que pensar igual que usted. ¿Por qué es tan dificil de entender eso?. Curiosamente, la mayoría de la gente que conozco que defiende esta actitud exclusiva es la misma que pide, abiertamente o en privado, que en Cuba existan otros partidos políticos porque “No todos pensamos igual que el PCC”

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        César Alejandro Hernández

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        El problema radica precisamente en que en Cuba, y en este mundo que vivimos, las políticas tomadas por los gobiernos afectan, desgraciadamente a uno o a otro lado del espectro, y creo que en eso sí podemos estar de acuerdo. Para resumir de modo simple, los comunicados, tanto de evangélicos como católicos, simplemente expresan un criterio moral absoluto porque partimos de la presuposición de que la ética es absoluta como las matemáticas. Y sí, abogamos precisamente por la diversidad política porque, quizá porque sea un medio para tener nuestros propios colegios, entre otras cosas, para evitar así las tensiones con el Gobierno y los grupos LGBTIQ+, ¿no creen que sería mejor?

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      Avensen Nejersian

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      Que la biblia no es ambigua? Y fíjate si son subjetivas sus lecturas -que imagino que no pueda ser de otra manera, porque la biblia “dice” lo que le da la gana, seguirle el ritmo es difícil- que hay más corrientes en la ideología cristiana que huecos en un colador. La iglesia debería centrarse en satisfacer las necesidades sexuales de sus curas con métodos legales.

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        César Alejandro Hernández

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        Donde está la ambigüedad? Reto a que la muestre. La ambiguedad no está en la gramática del texto, sino en los anteojos del que lo lee, por ejemplo, esta “iglesia” de la “comunidad metropolitana” dice que la Biblia en realidad no dice lo que dice, yo quiero que alguien me diga que Romanos 1:18-32 es ambiguo, quiero que lo lean seriamente y, esté o no de acuerdo, me diga que no hay una condena explícita a la homosexualidad. Respecto a “la satisfacción sexual”, creo, muy personalmente que la iglesia de Roma ha negado a los hombres, por imposición, un deseo y práctica legítima dentro del orden natural de la creación. El punto que nos distingue del catolicismo romano en este punto, y para cultura del que lee, es que aunque reconocemos que es válido el celibato voluntario (y creemos que es una gracia solo dada a algunos), no puede ser una imposición institucional de ninguna organización. Pero note que este no es el punto acá, puede que existan cuestiones menores que distingan a los cristianos, pero vasta ver lo que está sucediendo ahora mismo, para notar que sin ponerse de acuerdo, todas las denominaciones protestantes, incluso el catolicismo, se han unificado en esta cuestión.
        De igual modo, gracias por permitirme expresar mi opinión.

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          Milvio Ramirez

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          ”creo, muy personalmente que la iglesia de Roma ha negado a los hombres, por imposición, un deseo y práctica legítima dentro del orden natural de la creación. ” No a los hombres, a todo el que decida por voluntad propia y con plena conciencia de sus actos, dedicar su vida al sacerdocio, ser un ministro de Cristo. Es una elección a la que a nadie obligan y en la que sobran candidatos: Iglesia Ortodoxa, Anglicana, los cientos de denominaciones protestantes etc. Si despues de ordenado el sacerdote conoce que no es capaz de controlar sus apetitos su decision honesta deberia ser abandonar los hábitos y no ensuciar y avergonzar a la Iglesia cometiendo abominaciones. Desafortunadamente no es asi, satan ha inflitrado la Iglesia del Señor y trata de destruirla. Por cierto el celibato sacerdotal tiene amplia base bíblica pero tal vez en otro momento se pudiera discutir. Suyo en Cristo.

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