Editorial, 14 de febrero: El amor frente al espejo


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(Foto: Mauricio Mendoza)

El amor es una palabra de esas que la gente finge entender. Como los orgasmos, uno no sabe qué es el amor, hasta que se retuerce y vibra.

Hay muchas maneras de amar y muchos cuerpos con formas diversas donde volcar esa fuerza, pero el primer amor, el central, es el amor por la persona con que vivimos a diario.

Este texto no busca ser un manual de autoayuda, pretende hablar de la palabra más llevada y traída de la historia, en este día puntual. Un concepto capitalizado, vendido y hecho marketing de rebajas por el acuerdo o imposición que llamamos sociedad.

Esta mañana me miré y era hermosa. Mi cuerpo era negro, voluptuoso y delgado. A la vez tenía estrías como raíces, tatuajes, moretones, proporciones absurdas. Mi pelo no sabía de revistas. En mi cara asomaba una constelación de granos perfectos, en orden zodiacal, anunciando la hamburguesa del pasado. Era ella, él y elle a la vez. Había olvidado mis antirretrovirales, y sabía que  debía apurarme para asistir a los miles de trabajos que algunos llaman indignos.

Era yo, perfecta, barriendo las calles, haciendo las calles. Era yo detrás de un quiosco, encima de la barra de un bar o delante de un aula. Era yo amamantando y amando a mi prole. Yo, en un surco, en una fábrica.

Desde que decidí amarme de formas sutiles, decirme todos los poemas, desde que decidí que no hay Estado, ni fuerza externa que me reprima tanto como mi miedo a ser juzgada, Desde que decidí absolverme y ser muchos seres a la vez, entendí el amor.

Amo tanto a este país como a mí misma.

Amo a la gente que odia y divide, con ternura maternal. Amo a quienes defienden sus ideas, con o sin razón, y a quienes la lucha diaria les arrancó el raciocinio. Amo a las personas sin libertad, presas por la política o por sus conciencias, retenidas por rejas o por un buró gigantesco.

Amo porque no odio, o porque decidí no odiar. Amo porque he odiado bastante, y porque esta gente merece ser amada.

Tremenda Nota les desea un feliz 14 de febrero y un Código de las Familias donde quepan todos los amores posibles.

Abrazamos a las madres, padres, hijas, hijos de los presos políticos en este día y a todas las personas que no tienen un hombro donde reclinarse esta noche.

Celebramos a quienes están fuera de la norma: a los no blancos ni binarios. A los que no son europeamente bellos. A los cuerpos y mentes disidentes. A toda la que quiera celebrarse.

Que el amor sea primero frente al espejo y para los demás después.

Tremenda Nota

Tremenda Nota

Una revista marginal

Comments (1)

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    Juan Pin Vilar

    |

    Oh…🍁

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