«La universidad para los revolucionarios»: Discriminación política en Cuba


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Ilustración: Wimar Verdecia

Treinta expulsiones emblemáticas de profesores y estudiantes universitarios cubanos, desde 1991 hasta 2019, demuestran que la «parametración» ideológica jamás ha cesado en Cuba.

El lunes 16 de septiembre José Ramón Saborido Loidi, Ministro de Educación Superior (MES) de Cuba, confirmó sin reservas en el programa Mesa Redonda de la televisión nacional que la universidad cubana es para todos, siempre y cuando nadie disienta del sistema político. El ministro admitió que la universidad «pública» en Cuba discrimina, censura y expulsa a profesores y estudiantes si contradicen al Partido Comunista de Cuba o a sus gobernantes.

A la vez, Saborido respaldó la postura de su viceministra primera, Martha Mesa Valenciano, quien pocas semanas antes había resumido el carácter segregacionista del sistema educacional cubano: «El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario». 

Cuba es un miembro activo de la Unesco, sin embargo la Viceministra Primera de Educación Superior de la Isla incitó a violar la libertad académica reconocida en 1997 por la organización internacional.

Tales declaraciones, aunque violan la libertad de pensamiento, conciencia y expresión reconocida en el artículo 54 de la Constitución Cubana, no toman por sorpresa a los ciudadanos del país. El artículo de la viceministra sigue la lógica y continuidad de la polémica frase «La universidad es para los revolucionarios», sostenida en Cuba desde 1959.

Apenas triunfó la Revolución Cubana, el comandante Rolando Cubela llegó hasta la sede de la Universidad de La Habana y ―antes de eliminar la autonomía universitaria― separó del claustro al 80 % de los docentes por diferencias de pensamiento. Luego, no se detendrían las manifestaciones discriminatorias dentro de las aulas y cátedras cubanas: la ideología y la fe religiosa eran los principales detonantes. 

A inicios de los años 90 del siglo XX, por ejemplo, unos 19 maestros fueron expulsados de la CUJAE por dirigir una carta al gobierno donde pedían «algunos cambios», en medio de la aguda crisis económica. 

Desde entonces, al menos unos 49 ciudadanos cubanos han sido separados de las universidades por bromas con matices políticos escritas en chat privados, por el contenido de correos personales, por sus demandas, opiniones o disensos públicos. 

Esta línea de tiempo es un recurso en construcción que recoge una treintena de casos emblemáticos a partir de 1991 y que, lamentablemente, todavía no ha alcanzado su versión definitiva.

Muchos otros casos pasados podrían ser recuperados del olvido. Y otras expulsiones, basadas en la opinión política, se sumarán a esta lista, particularmente después de que Martha Mesa Valenciano, viceministra primera de Educación Superior, reconociera en un artículo publicado en la web oficial del MES y reproducido en Cubadebate la política oficial de su ministerio.

Pocas semanas después de la publicación del polémico texto de Mesa Valenciano, la Universidad de Oriente también ratificaría con orgullo la expulsión del profesor René Fidel González, quien según la institución «no contaba, ni contará, con las condiciones para ser profesor universitario y mucho menos en una Universidad mambisa, humanista y revolucionaria como la de Oriente».

Treinta casos emblemáticos desde 1991 hasta 2019 bastan para asegurar que la «parametración» ideológica jamás ha terminado en Cuba. Este año, ministros y viceministros, universidades, claustros, rectores y consejos de dirección se han esforzado para hacer saber que la diversidad, el debate, el disenso y la construcción de ideas, no caben en la universidad cubana.

 

 

Claudia Padrón Cueto

Claudia Padrón Cueto

Nació en Pinar del Río en los años 90 pero ha eligido para vivir La Habana y su caos. Es incapaz de llegar a algún lugar sin perderse antes. Rompe con un par de estereotipos de lo que se espera de una persona cubana: nunca ha bebido café y no le gusta la salsa. Es periodista porque no ha sabido, ni querido, ser indiferente a las demás personas. Y porque cree que aún queda demasiado por mostrar. Tiene la romántica idea de quedarse para contar su país.

Comments (5)

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    Orlando Luis Pardo Lazo

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    Excelente. Pero no son 30, ni 300, ni 3000. El Estado cubano ha expulsado de sus profesiones a decenas de miles de profesionales cubanos, yo entre ellos (en abril de 1999, del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Ciudad de La Habana). Eso nunca ocurrió, por ejemplo, en el Chile de Pinochet.

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    Eloy A Gonzalez

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    En el año 1992 trabajaba en el Hospital General Julio Trigo como medio especialista de Oncología; tenía la condición de Profesor instructor de Farmacología de la Universidad de la Habana (UH), aunque no me desempeñaba como tal en ese momento, según documento firmado por el rector que constaba en mi expediente laboral. Un día una persona amiga que trabajaba en Recursos Humanos me dijo que la Seguridad del Estado (DSE) había estado hurgando en mi expediente laboral; solicite este y me encontré que habían extraído algunos documentos importantes, entre ellos la resolución de la UH sobre mi nombramiento como profesor instructor. Técnicamente estaba expulsado. Yo tenida una fotocopia apenas leíble que aún conservo.

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    Heriberto J Alvarez

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    Definitivamente todo cierto. Yo soy uno de los expulsados de la CUJAE en 1992 en un grupo que en total sumamos 19 profesores e investigadores. Fuimos humillados en publico por el simple hecho de manifestar nuestra opinion diferente a la del desgobierno existente y que claramente conducia y definitivamente condujo al pais a la crisis sin salida en la cual se encuentra sumido hoy.

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    Luis

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    Muy artículo. Es una investigación necesaria para demostrar lo sistémico de la discriminación

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