«Día para salir del clóset»: Todavía no es tan sencillo como muchos creen


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(Foto: María Lucía Expósito)

Las personas que dejaron el clóset atrás o las que no vivieron en él, no saben bien cuánto sigue pesando, incluso en una época en la que las personas LGBTIQ+ parecen más visibles que antes.

El 11 de julio se celebra en Estados Unidos el Día para salir del clóset. La efeméride ha llegado a otros países como un buen pretexto para festejar la visibilidad.

La necesidad de mostrarnos no pierde vigencia. Mientras haya que hacerlo porque nos sentimos invisibles en algún lado, la batalla por los derechos LBGTIQ+ continúa.

Basta la mínima invisibilidad para que obligarnos a todos, como moralmente, a mostrar quiénes somos. Los que defienden el derecho al clóset no entienden que, como estableció el feminismo hace décadas, «lo personal es político».

Tu clóset no es solo tuyo. Es una puerta cerrada a los derechos de los demás.

Tu clóset no es una elección, por más que busques argumentos para comodidad ahí. Es la primera y la última cárcel que te levantaron alrededor, con el único objetivo de mantener el orden.

No es un daño personal que recibiste. Es el daño cultural que afecta incluso a quienes aparentemente no tienen que salir de ningún clóset, pero viven limitados en la expresión de sus deseos a un grado más cómodo, tal vez, pero también opresivo.

El clóset no es un asunto personal. Lo saben todos los activistas LGBTIQ+ desde que nació el activismo. Esa certeza ha llevado a actos considerados violaciones de la privacidad, como el «outing».

En el «outing», que no tendría sentido sin los medios, queda expuesta la orientación sexual de alguien, a menudo de una persona homofóbica y transfóbica. Es una opción polémica, por agresiva. La guerra contra el clóset hay que darla en otro terreno, aunque den ganas de «desactivar» la protección de quienes lo usan contra los derechos de los demás.

El Día contra el clóset es una celebración que surgió a finales de la década de 1980. Fue en Washington, la capital de los Estados Unidos, donde los activistas Robert Eichberg y Jean O’ Leary decidieron promover la fecha después de una marcha del Orgullo LGBTIQ+.

En la Cuba de esa misma época, estaba fresco en la memoria de la gente el exilio del Mariel, que tuvo un carácter político, pero también sexual. Como si no se trataran de categorías cercanas.

Esto es difícil de aceptar por personas LGBTIQ+ asimiladas al sistema y, en general, conservadores. Este problema no es privado. Es cultural y acabó siendo político.

Incluso si el año próximo entrara en vigor el Código de las Familias y se legalizaran las uniones de parejas LGBTIQ+, el clóset seguirá alzado en torno a mucha gente que no tendrá herramientas para salir o que estará acostumbrada a esa sombra.

El clóset que hemos echado abajo siempre amenaza con volver a levantarse. Le nacen paredes ahora mismo. Por ejemplo, cuando una persona LGBTIQ+ dice, aunque tenga asumida su orientación sexual o identidad de género, que el activismo no le importa o le parece muy estridente.

Los que estamos fuera, seguimos saliendo todos los días. Cada vez que alguien supone que eres heterosexual porque esa es la opción de la mayoría, hay que abrir la puerta y caminar hacia la calle con un atrevimiento que recuerda la primera salida.

Tremenda Nota

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Una revista marginal

Comments (1)

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    Ananda

    |

    👏👏👏👏👏😍

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