De los «elvispreslianos» a la «conga», celebramos la larga batalla contra la transfobia y la homofobia en Cuba


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(Foto: María Lucía Expósito)

El 17 de Mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades. Por esa razón se celebra en esta fecha el Día Mundial contra la LGBTIQ-fobia.

En Cuba desde 2007 se realiza la llamada Conga por la Diversidad, un desfile que reunió a miles de personas en sus ediciones más exitosas, ¿pero realmente la comunidad LGBTIQ+ cubana tienen algo que celebrar?

Según un informe presentado por el Proyecto Alianza Cubana Manos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 2018, la violación de los derechos humanos de la población LGBTIQ+ cubana es un fenómeno estructural y ha sido resultado de un proceso histórico en el que tanto el Estado como la sociedad han sido responsables.

Desde el principio de la Revolución Cubana, el trato a las personas lesbianas, trans y gays estableció un esquema de discriminación que culminó con la tipificación legal de la homosexualidad como delito.

En la década de los 60 se crearon en Cuba las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (Umap), los campos de trabajo forzado en los que se recluía a «desviados» e «inadaptados sociales».

En 1973, la Ley 1249 modificó el Código de Defensa Social de 1938 e incluyó una serie de «delitos contra el normal desarrollo de las relaciones sexuales y contra la familia, la infancia y la juventud». Ahí quedó criminalizada «la ostentación pública de la homosexualidad» con penas de hasta 9 meses de privación de libertad.

En el año 1979, en el artículo 359 del Código Penal, se sancionó con la misma pena también al que «importune o solicite con sus requerimientos (homosexuales) a otro», además de a quien «realice actos homosexuales en sitios públicos o en sitio privado pero expuesto a ser visto involuntariamente por otras personas».

En 1987, con la entrada en vigor de la Ley 62, que instituye un nuevo Código Penal, se realizó un ligero cambio sustituyendo las «conductas homosexuales» por la figura del «escándalo público».

No es hasta el 17 de junio de 1997, con el Decreto-Ley 175, que se eliminaron las referencias homosexuales del Código Penal vigente. Sin embargo, se sostiene la figura delictiva del «estado peligroso», definido como «la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos, demostrada por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista».

La aplicación de esta norma penal es totalmente subjetiva, no está acorde con los principios del derecho internacional y agudiza las posibilidades de abuso policial y otras arbitrariedades.

El Código Penal que se aprobó esta semana, verticalmente y sin debate popular, no tipifica la figura delictiva del «estado de peligro», pero se criminalizan el activismo independiente y se prohíbe la toma del espacio público como protesta política.

Sin embargo, la nueva ley penal protege explícitamente a las personas LGBTIQ+ de la discriminación, tanto por orientación sexual como por identidad de género. El «crimen de odio», aunque no aparece con esta denominación, es un agravante en el delito de «asesinato».

Estas son viejas demandas del activismo que las leyes empiezan a resolver. El contexto sigue lleno de paradojas, incluso cuando anuncia que va a despejarse.  

El Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), que centraliza la organización de la comunidad LGBTIQ+ en Cuba, decidió llamar «conga» a lo que debería ser una marcha por nuestros derechos.

Este 17 de mayo celebramos la lucha, no ninguna victoria en particular, aunque haya algunas. Ya no tenemos miedo a enfrentarnos, a luchar como comunidad y desde nosotras. Como nuestras actitudes «elvispreslianas» no cabían en Cuba, hemos contribuido a levantar un país distinto.

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