Daniela Rojo, manifestante del 11J: «Hay mucho bullying hacia las personas LGBTIQ+ en los centros de detención por los que pasé»


1,654 Vistas
Daniela Rojo (Fotos: María Lucía Expósito)

Desde hace dos años Daniela Rojo Varona defiende su derecho a la libertad de expresión en las redes sociales. Comenzó a hacer activismo impulsada por la desatención de las autoridades hacia su familia. El pasado 11 de julio de 2021 acabó entre los cientos de personas detenidas. Pasó 23 días presa en distintos centros de La Habana.

Tremenda Nota conversó con Daniela sobre lo ocurrido en las prisiones, particularmente con las personas de la comunidad LGBTIQ+ a la que ella también pertenece.

«Yo soy bisexual. Cuando salgo del clóset, cuando mi madre se entera, ya yo tenía una pareja, una muchacha. Ese encuentro con mi madre fue horrible. Literalmente me dijo que yo le daba asco», cuenta.

Daniela tiene ahora 26 años, es madre soltera de 2 niños pequeños y vive en Guanabacoa. Antes de las protestas del 11 de julio su vida se movía entre el activismo en las redes y cuidar de sus hijos. También se ocupa de su padre anciano.

«Mi familia y yo entramos dentro de la categoría de “núcleos vulnerables”. Una de las cosas que me lleva a mí a manifestarme contra el sistema fue precisamente la desatención del gobierno. Tardaron 6 meses en darnos una respuesta después de mucha insistencia y muchos altercados», dice.

Daniela no pudo marchar un tramo tan largo como quería. Cuando trataba de llegar a una de las protestas, fue interceptada por militares vestidos de civil armados con palos. En su detención no hubo violencia policial, a diferencia de otros reportes de aquel día. «En el trascurso de los días en que estuve presa, sí escuché muchos testimonios de maltrato policial», añadió.

En la actualidad se encuentra bajo fianza, luego de pasar más de 20 días entre los calabozos que tiene la policía en el municipio Regla, el Departamento de Instrucción Penal No. 4 de Alamar, además de las prisiones provisionales conocidas como «El Vivac» y «Mujeres del Guatao».

«En “El Vivac” coincidí con 2 personas trans que estaban en el destacamento de hombres. Todo el mundo hablaba de ellas como la peste a la que nadie se quería acercar. Tanto policías como los otros detenidos hablaban de ellos resaltando su condición y en sentido de burla», relata.  

«En el Guatao éramos una galera llena de mujeres que habíamos participado en el 11J. Allí dentro había un hombre trans. Ella se identificaba como “Alfredo”. A modo de chucho dijo que todas nosotras “éramos sus jevitas”», dice.

Daniela también recuerda a una joven reclusa de 19 años que fue molestada por su orientación sexual.

«Muchas de las mujeres en la galera la trataban mal porque decían que ella no se definía en cuanto a su orientación sexual. Le preguntaban si le gustaban las mujeres o los hombres. Ella decía que eso era parte de su intimidad y que eso a ellas no les importaba. La presionaban hasta que la muchacha admitió que era bisexual», recuerda.

(Video: Nelson Álvarez Mairata)

La orientación sexual y la identidad de género no son categorías reconocidas en el sistema penal cubano. Pero el problema no se limita a quienes gestionan las cárceles. Las mujeres reclusas enfrentan el acoso de sus propias compañeras.

«Eso se debate mucho en la prisión, debido a la creencia de que una vez que entras, si nunca lo has hecho, lo vas a hacer allá dentro. Me parece que, respecto a ese tema, las mujeres hetero lo manejan con mayor complejo allá dentro. La homofobia la vi bastante marcada. El bullying o acoso en las prisiones cubanas no es algo aislado o esporádico. Gran parte de las relaciones de poder que se construyen allí dentro tiene que ver muchas veces por quién tu eres ante el mundo, ante el sexo. Yo tuve que ponerme en tres y dos. Y tuve que dejar claro que “Yo hago tortilla con mi bollo, yo no se lo pido prestado a nadie”», cuenta Daniela.

Recuerda que, en El Guatao, las presas llamaban «Maestras» a las oficiales que estaban de guardia. Ellas sí llamaban Alfredo al hombre trans que compartía celda con las mujeres. Sin embargo, cuando pasaban los oficiales para hacer el recuento, lo llamaban por Miriam, el nombre que consta en su carné de identidad», observa.  

«En “El Vivac” recuerdo que unos policías que estaban apostados en la reja de afuera, llamaban a los trans como «los travestis», lo que habla del desconocimiento en cuanto educación sexual. Lo hicieron de manera despectiva, refiriéndose a ellas como “las locas”».

Comparado con las otras prisiones, “El Vivac” parecía un hotel. «No había agua en el calabozo de la PNR. Estuve días deprimida a causa del churre y el hedor del calabozo del técnico de Alamar. Yo lo limpié como pude cuatro o cinco veces. Cuando me salí de ahí, le dije a los calaboceros que dejaran limpio eso, que nunca en su vida había estado tan limpio. En el Guatao, que éramos 8 mujeres, limpiamos con una frazada todo ese lugar, una frazada que que encontramos tirada allí dentro, porque no daban instrumentos de limpieza».  

Daniela es una de las moderadoras en Facebook de Archipiélago, una plataforma ciudadana que está organizando discusiones sobre el contexto social y político. El grupo reúne a alrededor de 23 mil personas. Sin embargo, a pesar de presentarse como un espacio inclusivo, en Archipiélago han sido censurados contenidos LGBTIQ+.

«Archipiélago es un grupo donde se predica el pluralismo, pero dentro de ese pluralismo hay sectores opuestos a esta inclusividad, sobre todo a la comunidad LGBTIQ+. Dentro de los moderadores hay también personas muy conservadoras y muy abiertas, pero ninguno de nosotros desaprueba la inclusividad. Ahora, ¿cómo lidiar con el hecho de que nadie se ofenda, sin limitar la libertad de expresión? Esa es una controversia medular», comentó Daniela.

Comments (2)

Haz un comentario